El curioso after office de los jóvenes K en el Congreso

El palacio es sede de reuniones artísticas con condimento político
Gustavo Ybarra
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11 de marzo de 2012  

La entrada es libre y gratuita, pero los participantes forman parte del selecto grupo de jóvenes "nacionales y populares" que adhieren al kirchnerismo, que, desde hace dos viernes, se reúnen cuando comienza a caer la noche en el Salón de Lectura del Senado para participar de la nueva política de "puertas abiertas" del vicepresidente Amado Boudou y escuchar poesía y música y, en corrillo, hablar de política.

El ciclo se llama Verano Legislativo y es una suerte de versión siglo XXI de los happenings de la década del 60, aunque sin la pompa ni la excentricidad de aquellas tertulias que hicieron famosa a Marta Minujín. Si uno se quiere adaptar a los tiempos que corren, se lo podría describir como un af ter office cultural con los históricos salones de la Cámara alta como escenario.

La serie de encuentros arrancó hace dos viernes y concluirá la semana próxima. El esquema es simple: un novel compositor deleita a los presentes con sus creaciones y, durante un intervalo, dos jóvenes poetas leen lo más selecto de su producción, en general inédita. El cierre es con música de nuevo, tras lo cual los presentes quedan habilitados para recorrer salones y seguir departiendo sobre la realidad social, bebida en mano.

El dueño de la idea es el flamante director general de Cultura que Boudou nombró al asumir en el Senado. Se llama Juan Laxagueborde, una joven figura del ambiente cultural kirchnerista que se puede ver en YouTube como activo participante de los debates de Carta Abierta.

Laxagueborde, hijo de un ex dirigente del gobierno de Raúl Alfonsín, viste como los demás asistentes: camisa, jeans y zapatillas; y se caracteriza por una melena enrulada.

Irreverente, el joven director se encarga de plantear cuál es la filosofía del encuentro. "El Senado es un edificio que guarda su estilo, pero la idea es apropiarse de ese estilo o al menos profanarlo de alguna forma", explica ante la concentrada atención de los presentes.

"Queremos que haya una cultura de apropiación de los edificios, de habitarlos. Los edificios guardan sus fantasmas y éste es un gesto hacia el futuro, para ir horadando la relación que surge de su gente con los edificios y con la política", agrega.

Antes de la presentación, Laxagueborde se mueve como pez en el agua saludando a los jóvenes a medida que van llegando. La entrada es por la explanada del palacio del Congreso. Sobre la vereda de Entre Ríos, una joven con un sencillo vestido azul sin mangas reparte unos volantes con el programa de actividades e invitados que participan del ciclo.

Una vez en el interior, previo registro del personal de seguridad del Senado a quien Laxagueborde agradece por las "horas extras" que están realizando, los presentes son recibidos con una copa. No hay alcohol, sólo un amplio surtido de gaseosas. Muchos de los presentes matizan la espera escuchando una tenue música chill out mientras se pasean por el balcón del Salón de Lectura que da a la plaza del Congreso. La noche acompaña. La temperatura es agradable y hasta se puede ver alguno que otro arrumaco de una parejita entusiasmada por el entorno.

Cerca de las 20.30 comienza la función. Leandro Kalén se sienta frente a un teclado y muestra su música. Es un repertorio estilo Alejandro Lerner o César "Banana" Pueyrredón. Después es el turno de los poetas. Abre Miguel Angel Petrecca, visiblemente nervioso, y continúa Mariano Blatt, que entrega un repertorio de poesía con una fuerte impronta de nostalgia barrial de la zona de Agronomía. Es el que más gusta al público, que presta atención y aplaude, tal vez ante la idea de estar presenciando el inicio de lo que podría ser una exitosa carrera en el mundo de las letras.

Tras el regreso de Kalén al teclado termina la velada. Pero no del todo. Los jóvenes quedan liberados para permanecer un rato más. Pasan de las 22.30 cuando los últimos presentes se retiran. La enorme puerta de hierro de acceso al palacio del Congreso se cierra. Otra velada cultural termina en el Senado de la era Boudou.

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