El día en que el peronismo regresó al poder

Por Paola Juárez De la Redacción de LA NACION
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22 de diciembre de 2001  

Ramón Puerta los había dejado a todos con la boca abierta.

"No quiero, muchachos. Dije que no venía a reemplazar a De la Rúa así", afirmó, seco y firme, el hombre que había resistido las presiones para ocupar el lugar del ex presidente, que él mismo estaba ejerciendo en esas horas.

Adolfo Rodríguez Saá no esperó para confesar sus ambiciones. "Yo tengo ganas... es mi sueño y creo que puedo hacer cosas". Eran las 20.40.

Puerta lo postuló. Minutos después, todos los hombres que manejan el poder en el peronismo y estaban anoche en una sala del Senado dieron el apoyo para convertir hoy al gobernador de San Luis en presidente de la Nación por 60 días.

Habían pasado casi diez horas de negociaciones en las que triunfó, sobre todo la postura de tres hombres: Carlos Ruckauf, José Manuel de la Sota y Néstor Kirchner. Querían elecciones anticipadas, algo que estaba acordado pero que ayer se volvió a discutir cuando el Frente Federal (salvo Kirchner) presionó hasta último momento a Puerta para que se quedara como presidente hasta 2003; era la apuesta de máxima. La otra, que fuera el hombre de la transición y para eso tenía el aval de todo el PJ.

Pero el misionero no quiso nada. En la madrugada de ayer, mientras el insomnio lo dominaba en San Luis se imaginó condenado por la historia como un golpista. Ese fantasma casi lo aterró. Los gobernadores del Frente Federal habían percibido sus dudas; Rodríguez Saá en particular.

Las ganas que dejó traslucir anteanoche en San Luis y que expuso con énfasis ayer en el Senado (hablaba de planes de trabajo para la transición) mientras se decidía el futuro del país fueron definitorias. El otro punto clave fue la decisión del PJ de convocar a elecciones presidenciales anticipadas para conseguir legitimidad popular en su regreso al poder.

Todos abrazaban a "El Adolfo"; como llaman al hombre que elegirá hoy la Asamblea Legislativa. Había excitación en el ambiente: una sala no muy grande en el primer piso del Senado, llena de humo, y donde faltaban sillas y se respiraba poder.

Los dirigentes con más poder en el peronismo, los catorce gobernadores, el senador Eduardo Duhalde, y los jefes de los bloques parlamentarios olían el poder y tan cerca que en segundos ya se sabía que Ruckauf, Kirchner y De la Sota van a disputar la presidencia en marzo. ¿La apuesta? Si al que gane le va bien, buscará la reelección en 2003.

La incógnita, como siempre, es qué hará Carlos Reutemann. Fue cauto aunque él también quería elecciones anticipadas. Eduardo Duhalde, que estaba dispuesto a ser un presidente para la transición, no contó con apoyos. Fue el primero en salir de la reunión que definió el nuevo presidente y anticipó a LA NACION que no se postulará en marzo. Ruckauf contaba a los suyos que tiene su aval.

El único que no estuvo en ese momento histórico en el que se definía parte del futuro del país fue Carlos Menem, uno de los férreos opositores a anticipar las elecciones. Pero parece que en el PJ no piensan dejarlo de lado. "Tiene poco que sumar pero mucha capacidad de daño... creo que se podrá arreglar con él", dijo un hombre cercano a Ruckauf, uno de los principales rivales del ex presidente.

Anoche, en el despacho presidencial Puerta confesó a sus íntimos que él también tiene ganas de dar la pelea en marzo, aunque ya habría recibido una oferta informal de Ruckauf para acompañarlo. "Puedo ir con todos porque tengo buenas relaciones", decía mientras disfrutaba de su única noche como presidente. El Frente Federal, que llevó a Puerta a la presidencia provisional del Senado y ahora a Rodríguez Saá a conducir la transición, intentará acordar una fórmula propia. Cuando De la Sota dejaba ayer el Senado, exultante, LA NACION lo consultó sobre si esperaría hasta 2003: "Y... por ahí es antes", dijo abriendo los brazos y sonriendo.

En el departamento de Romero en la Capital, Rodríguez Saá comenzaba anoche a armar el gobierno de la transición con el Frente Federal. En esa reunión, en la que se festejó el regreso al poder, no estuvieron De la Sota, Reutemann ni Ruckauf, pero todo lo que se decida se acordará hoy en el Congreso.

Las negociaciones habían comenzado temprano en el Congreso, donde Puerta llegó con un traje cruzado azul con rayas finas blancas y algo nervioso. Estaba decidido a no aceptar una transición corta. En un despacho se enteró que lo querían postular para seguir hasta el 2003.

Las dos caras en La Rosada

Mientras caminaba hacia el recinto donde fue nombrado presidente por 48 horas anticipo a LA NACION que no aceptaría. Y explicó el motivo: no querer quedar como el que asumió en el Senado para "tumbar" a De la Rúa. En el PJ querían que fuera él, aunque la alternativa Rodríguez Saá crecía.

Puerta llegó a la Casa Rosada y subió apurado al despacho presidencial. Se había olvidado al escribano general de gobierno en el Senado que lo esperaba para firmar el libro de actas. LA NACION fue testigo de sus primeras horas en el mismo despacho donde De la Rúa había escrito su renuncia.

Primero se cruzó con Chrystian Colombo, ex jefe de Gabinete, a quien le pidió "una mano" para hacerse cargo. Leonardo Aiello, secretario privado de De la Rúa, espiaba desde un pasillo y Nicolás Gallo se refugió en una oficina cuando vio la llegada del PJ.

En el despacho presidencial sólo había quedado un pesebre y unos jazmines marchitos. Los peronistas no podían creer que los que se iban se llevaban consigo hasta los cuadros. "Se los regalaron a De la Rúa cuando era presidente, ¡no se los pueden llevar!", decía un colaborador de Puerta que pedía que fotografiaran la escena.

Después llegaron los gobernadores y comenzó la presión a Puerta en un almuerzo. Mientras, los colaboradores curioseaban hasta en el cuarto donde De la Rúa dormía la siesta. "Este fue el lugar que más usó", dijo uno. Todos lanzaron carcajadas.

Eran casi las 15 cuando llegó Rodríguez Saá. Estaba feliz. Por teléfono se había enterado de que Puerta no quería saber nada y que lo postularían a él. Horas después, cuando se oficializó la decisión, el futuro presidente se tomó la cabeza, mientras todos los peronistas lo felicitaban en privado y dijo: "Esperen un poco. Denme dos horas para que me dé cuenta que tengo que manejar una situación muy difícil". Nadie le prestó atención y siguieron de festejo.

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