El embajador de España se va con un balance negativo

Tras el conflicto por Repsol y las trabas al biodiésel argentino, Oyarzún será representante de su país ante la ONU
Martín Dinatale
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24 de noviembre de 2013  

"Es obvio que ha habido contratiempos en nuestra relación bilateral , pero los diplomáticos estamos para superarlos", expresa el embajador de España, Román Oyarzún, que dejará la Argentina en los próximos días, apenas un año y medio después de haber llegado al país y con escasa cosecha bajo el brazo. Más bien contratiempos: el conflicto con Repsol no se solucionó, las trabas al biodiésel argentino en España enturbiaron aún más la relación y hubo reiterados desplantes del Gobierno a Madrid.

Nada de esto fue producto de la gestión de Oyarzún. Por el contrario, el embajador intentó hacer todo lo posible para reencauzar las relaciones. Pero no pudo hacer milagros. Se siente casi un argentino más: "Me crié en la parroquia San Gabriel de Vicente López en los años 60", expresa a LA NACION para dar testimonio de su sentimiento por el país. Inmediatamente dirá que "España y la Argentina siempre serán dos países hermanos". Por todo esto, Oyarzún se va un poco dolido y triste de Buenos Aires.

En su fuero íntimo, el embajador de España cree que en la Argentina "no hay previsibilidad, hoy se puede proyectar muy poco a corto y mediano plazo". Así lo habría expresado en una despedida íntima con varios de sus allegados. No le gusta hablar de "inseguridad jurídica" porque cree que ello tiene una connotación que no le cabe a los argentinos. Pero ha vivido en carne propia que es "muy difícil" hacer acuerdos en este país.

Oyarzún destaca a LA NACION que "los dos grandes pilares de la relación bilateral hispano-argentina son los españoles que hay aquí y las inversiones". Así, enumera el "buen comportamiento" de empresas españolas radicadas en la Argentina como Telefónica, BBVA Francés, Santander, Río, Indra. Menciona al pasar a Repsol, como por diplomacia.

Al embajador saliente de España no le gusta detenerse en el conflicto de Repsol-YPF . Llegó al país en medio de esa batalla y, a pesar de los esfuerzos por acercar a las partes, no pudo obtener ningún resultado concreto. "Es un nubarrón que perseguirá a la Argentina por mucho tiempo", habría dicho en una reciente charla con empresarios. De hecho, Oyarzún deslizó en la intimidad de esas reuniones que está convencido de que a la Argentina "le costará mucho traer inversores para YPF. La estatización sin pago de indemnización es una huella que va a costar caro", habría expresado, según pudo reconstruir este diario de varios de los presentes en una reunión reservada.

De todas maneras, en diálogo con LA NACION, Oyarzún insiste en reflejar los logros que obtuvo tras su breve paso por la Argentina: la renegociación por el convenio de doble imposición impositiva, una inversión acumulada de US$ 23.000 millones, los acuerdos por la venta de 20 aviones Mirage F1 usados del Ejército del Aire de España y el intercambio en materia cultural entre ambos países.

"La Argentina es un destino apasionante para un diplomático español", expresa, al concluir su tercera estancia en Buenos Aires. Los desafíos que se había impuesto quedaron inconclusos o arrumbados: el acuerdo con Repsol, la intención de lograr el abrazo del rey Juan Carlos con la Presidenta, la visita frustrada de Cristina Kirchner a la cumbre iberoamericana de Cádiz o solucionar las trabas de España al biodiésel argentino. Oyarzún trabajó en el desarrollo de programas culturales y con la colectividad española, conformada por 300.000 personas. "Es una gran satisfacción sentirse entre españoles en este país", suele repetir.

El embajador cree que hace falta trabajar duro en Naciones Unidas con la Argentina por los casos de las islas Malvinas y por Gibraltar, dos territorios donde se disputa la soberanía con Gran Bretaña. "Hay mucho por hacer juntos en este espacio común", sostiene el designado embajador español en Naciones Unidas. Éste será uno de sus objetivos en Nueva York. El desafío mayor es lograr que en 2014 España logre un asiento no permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

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