El estilo, la contracara del menemismo

Por Paola Juárez De la Redacción de LA NACION
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16 de mayo de 2003  

Néstor Kirchner quiere instalar en la Casa Rosada un nuevo estilo. Ser la contracara de los diez años y medio de menemismo. "Hombres comunes con cargos importantes", es la frase preferida ahora por el presidente electo. Por eso, cada uno de sus movimientos estará destinado a la construcción de lo que define como una nueva cultura que llega al gobierno.

En sus primeras horas como presidente electo, Kirchner trató de mostrar que la llegada al poder no cambiará su forma de ser.

Una primera decisión fue mantener su participación en el programa de Mirtha Legrand, lo que parece un dato superficial, pero que fue producto de una decisión discutida en el entorno íntimo de Kirchner. "Si iba a ir como candidato, ahora que soy presidente electo no puedo decir que no", dijo en su departamento de Recoleta.

Se había reunido antes con el ministro de Economía, Roberto Lavagna, que seguirá en su cargo y definió las primeras medidas de gobierno, con eje en el plan de obra pública, tal como anticipó ayer LA NACION.

Después preparó en su casa su viaje a Río Gallegos, donde en las próximas 72 horas renunciará a su cargo de gobernador, agradecerá el apoyo de los últimos diez años a los santacruceños, y definirá el gabinete, tema que maneja en absoluta reserva y en forma personal, para anunciarlo el lunes.

Kirchner y su esposa, la senadora Cristina Fernández, encarnaron la oposición más severa durante el segundo gobierno de Menem. Ahora que ellos llegan a la Casa Rosada intentarán ser todo lo contrario.

Uno de los aspectos principales es el estilo de ejercer la presidencia. De la frivolidad y la ostentación menemistas que los Kirchner objetaban ahora quieren que den paso a la austeridad y la simpleza.

El presidente electo promete ahora, cuando todavía le faltan nueve días para asumir el cargo, que ejercerá el poder de manera despojada.

Eso significa para él no cambiar en la superficie ni en las convicciones, éste último concepto fue el eje del discurso que dio dos horas antes de que Menem anunciara por televisión su renuncia al ballottage.

Kirchner nunca aceptó los consejos de algunos de sus íntimos que le recomendaron cambios en su aspecto personal hace un año cuando comenzaba a soñar con ser presidente. "Soy así", los cortó a los pocos que se animaron a hacer una tímida sugerencia.

Hay algunos detalles que ya empezó a definir. Vivirá en la residencia de Olivos y comenzará a mudar algunas cosas la semana próxima. Pero ya dijo que viajará cada tanto a su tierra.

Kirchner quiere imponer un estilo mesurado y sin estridencias también a los miembros de su gobierno. Lo que pretende es que su gobierno signifique, en definitiva, el fin de la cultura menemista que dominó la Argentina.

Todavía es más una premisa para llegar al poder que una proyecto definido al detalle.

La primera forma que imagina para iniciar lo que él define como una nueva cultura es instalar un contacto directo con la gente. Según dijo en público, es "agarrar el micrófono para contar las cosas del gobierno, pero también para denunciar cuando haya intentos de sectores para hacer pactos o para perjudicar su gobierno".

Esa definición fue un indicio de lo que habló en la intimidad: "Acá va a cambiar la cultura de hacer política en serio", dijo en sus primeras horas como presidente electo. Kirchner está dispuesto a hacer públicas las presiones que reciba cuando llegue a la Casa Rosada, dicen en su entorno.

Esa estrategia también forma parte de un estilo de ejercer la presidencia con el que Kirchner quiere sepultar el perfil que dio Menem a su gestión.

Su viaje a Río Gallegos tiene que ver con eso. No sólo se fue para renunciar a su cargo de gobernador y hacer los trámites de su mudanza a la Capital. Quiere alejarse de las presiones y de cualquier tipo de injerencia en estas horas para definir el gabinete y sus primeras medidas.

Sólo cuando se reunió ayer con Lavagna escuchó los pedidos del ministro de Economía: le reclamó manejar bajo su órbita el Ministerio de la Producción y las secretarías de Industria, Comercio, y Agricultura.

Kirchner sólo dijo: "Lo pienso en Santa Cruz y te contesto". Fue el único reclamo que aceptó. Varios ministros del presidente Eduardo Duhalde estaban ayer desconcertados: "No nos dice nada, no creo que "Negro" (como le dicen al Presidente unos pocos) pueda tener alguna injerencia", dijo a LA NACION uno de ellos.

En su residencia de Río Gallegos, con su esposa y con nadie más, Kirchner definirá a quiénes convocará para gobernar. "Tengan la seguridad de que yo no me voy a ir en helicóptero. Acá van a tener un presidente", dijo ayer.

Ni siquiera su mano derecha, Alberto Fernández, viajó a Santa Cruz. Con Duhalde sólo hubo un contacto telefónico y nada más. Dentro de 48 horas comenzará a definir la transición y lo único que tiene decidido es que llega al poder para cambiar una cultura que él da por sepultada para siempre.

"Me van a terminar de creer, cuando me vean gobernar", dijo en una conversación informal. Kirchner, que desde el 27 de abril había comenzado a actuar como presidente, ahora definió el estilo que tendrá su gobierno. Está ansioso y tranquilo. Ahora le toca actuar.

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