El estilo legislativo, teñido de blanco-marfil

Cristina de Kirchner eligió ese tono y el protocolo logró "el milagro": contra su costumbre, usó pollera
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26 de mayo de 2003  

Finalmente, la senadora Cristina Fernández de Kirchner, se puso pollera. "Todo un tema. No la seducía mucho la idea de dejar de lado los pantalones aun para esta ceremonia", se escuchó decir en las primeras horas de la mañana de ayer por los pasillos del Congreso. Resistencia que más tarde ratificó el asombro de una de las invitadas: "Esto es un milagro: ¡Cristina con pollera!"

Sí, el milagro protocolar se tradujo en un tailleur de lana blanco-marfil de falda ligeramente evasée a media pierna, top de seda con escote buche generoso, saco entallado a la cadera, minicartera en oro viejo, con cadena fina, tacos altos y puntudos y pashmina en el mismo color que el conjunto. Lo habría elegido entre varios modelos de Carmela Achával, una de sus firmas favoritas. Aros brillantes, colgante discreto, maquillaje no tan cargado y el pelo suelto, como siempre, terminaron de dibujar su look, joven, poco estructurado, razonablemente llamativo.

Y bastante coincidente con el de sus colegas. Esto es, pelo más bien largo que corto y de peluquería (en rojizos, rubios o negros retintos, abundaron los brushing), pasión por la pashmina primero y el foulard después, cierta debilidad por los accesorios y colores más vivos que apagados.

De hecho, el blanco-marfil elegido por Cristina de Kirchner no fue sólo de ella: ese tono, el blanco en serio y todos sus parientes llevaron las de ganar en trajes, tailleurs, sacos y tapados. Seguidos por el ingrato mostaza (pasión de unas cuantas), pasteles como rosa y verde claro o intenso (adhirió Alicia Kirchner, con traje selva amazónica y saco beige pintado a mano en ese y otros tonos) y colorado.

En esa banda cromática, la legisladora Alicia Castro paseó contenta su tailleur shocking, al que completó con aros dorados, más visibles todavía gracias a su cola de caballo. ¿Negro? Mucho más en los palcos de los invitados, donde reinaron el terciopelo y los cuellos de piel. En el recinto, Irma Roy, contra la corriente, le fue fiel.

Ajena al perfil congresista , Karina Rabolini de Scioli se vistió de lo que es, una mujer ejecutiva, pero de empresa privada o propia, como guste más: traje gris mélange de pollera a la rodilla, con top cerrado y blazer largo en la misma tela, firmado por Evangelina Bomparola. Melena suelta, poco maquillaje. Todo muy tranquilo; demasiado tal vez.

De trajes y cruces

En el ranking masculino, los trajes rectos de tres botones, en gris y azul oscuro, ganaron por amplia mayoría, en general bien combinados con corbatas de seda en fantasías, rayas o motivos regimentales.

En esta variante se destacaron Daniel Scioli, Rafael Bielsa y Antonio Cafiero, entre otros, además de Fidel Castro y su vecino de silla, el príncipe de Asturias, que joven y todo eligió un modelo cruzado, el que llevó obviamente cerrado.

Creador de una nueva tendencia, el saco cruzado para usar abierto, quien ayer asumió la presidencia de la Nación amagó con cerrarlo sin cerrárselo en momentos previos a la entrega de la banda presidencial por parte del titular saliente del Poder Ejecutivo, Eduardo Duhalde. Es más, la puesta de la insignia patria no fue sencilla dada la rebeldía de los amplios laterales, y generó un efecto aún más original: el saco cruzado suelto y... plisado. En gris oscuro, Néstor Kirchner lo llevó con camisa blanca, sin gemelos, corbata de seda azulina con fantasías y mocasines negros (esta vez sin hebilla).

Un buen rato después, ya en la Casa de Gobierno, en la jura de ministros, así, por sorpresa, se asistió al segundo de los milagros del día: de repente, el Presidente se abotonó el saco.

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