El fantasma de la dolarización se corporizó en la Casa Rosada

De la Rúa no la descarta, mientras recibe presiones menemistas y empresariales
Mariano Obarrio
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15 de diciembre de 2001  

El presidente De la Rúa quedó preso de un dilema luego de la reunión de anteayer con Carlos Menem. Debe sortear ahora fuertes presiones de un sector del establishment financiero, aliado del menemismo, y de varias cámaras empresariales para avanzar en la dolarización de la economía, un proyecto que, aunque no descartó ni mucho menos, no terminó de elaborar en su fuero íntimo.

De esta intensa pulseada entre De la Rúa, algunos bancos y sectores empresariales depende gran parte de la suerte del "acuerdo patriótico" esbozado anteayer entre De la Rúa y Menem como eje de la concertación, según altas fuentes de la Casa Rosada y del menemismo.

"Existen opiniones de sectores importantes para devaluar y luego dolarizar. Esa no es la posición del Gobierno. Ni ésa ni la de confiscar depósitos", dijo anoche a LA NACION el vocero presidencial, Juan Pablo Baylac. El Gobierno identifica la autoría de esa idea con el Centro de Estudios Macroeconómicos de la Argentina (CEMA), que expresa al menemismo en materia económica.

El CEMA es una usina clave de la ortodoxia económica a ultranza, y cuenta con el respaldo incondicional del sector financiero y de empresas multinacionales. Además, es el brazo económico de Menem.

"El CEMA, con Carlos Rodríguez, Jorge Avila, Roque Fernández y Pedro Pou, está a favor de devaluar y luego dolarizar", ratificó un funcionario de confianza del Presidente. "También en ese grupo está Fernando de Santibañes", agregó. Este último es íntimo amigo de De la Rúa y condujo la SIDE durante el primer año de la gestión delarruista.

Cerca de Menem dejaron trascender a LA NACION que Santibañes, amigo de aquellos economistas y del menemista Jorge Castro, sería el encargado de convencer a De la Rúa de aceptar la salida de la dolarización y la colaboración política del menemismo para aplicarla.

En esa tarea confían en tener un aliado en Antonio de la Rúa. El influyente hijo del Presidente hizo saber su preocupación a sus confidentes: advierte ahora que es la conducción política la flaquea en el Gobierno y busca soluciones.

Las mayores dudas le corresponden a De la Rúa, mientras que el secretario general de la Presidencia, Nicolás Gallo, y el ministro del Interior, Ramón Mestre, aseguran reservarse muchos aspectos por delante para desmenuzar a fondo.

"Estamos analizando esa propuesta: cómo se asienta y cómo se instrumentaría. Tiene efectos negativos y positivos, en fin", confiaron hombres que conocen bien el pensamiento de esos funcionarios.

Primer paso

Muchos piensan que la primera parte del "acuerdo patriótico" del Gobierno, el menemismo y ese sector empresarial defensor de la dolarización (consideran inevitable la devaluación previa, por el bajo nivel de reservas) se puso en marcha con la llegada a Economía de Miguel Kiguel, titular del Banco Hipotecario.

Respetado economista ligado al CEMA, Kiguel sólo aceptó el nuevo cargo -fue funcionario de Roque Fernández- cuando tuvo la certeza del aval de Menem y del presidente provisional del Senado, Ramón Puerta.

"Con el ingreso de Kiguel hay una señal de que la dolarización avanza, no a pasos agigantados, pero avanza", dijo una fuente vinculada con el CEMA. Varios allegados a Menem coincidían en una apreciación: "La incorporación de Kiguel es una excelente señal. Pero para que funcione el "acuerdo patriótico" falta la palabra final de De la Rúa".

Mientras existan estas dilaciones, en el menemismo y en el Gobierno perciben otra corriente de opinión desde sectores de peso del establishment. Pese al acuerdo con Menem para avanzar en el canje, algunos sectores observan que Cavallo no es creíble para llevar adelante la operación y promueven su reemplazo.

En el menemismo trascendió que un candidato de ese sector sería Emilio Cárdenas, del banco HSBC.

La Casa Rosada está a gusto con el nuevo escenario. De la Rúa presiente que el menemismo lo respaldará en el canje de la deuda y en el rechazo a una devaluación. Y le abrirá una puerta a un acuerdo por el presupuesto 2002 y por la coparticipación, con ajuste fiscal incluido, requisito básico del FMI.

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