El Gobierno cambia de estrategia y dejará de provocar a Menem

Quiere que, si renuncia, aparezca como responsable de atentar contra la democracia
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13 de mayo de 2003  

El Gobierno dio un giro radical en su estrategia para evitar que Carlos Menem desista de presentarse en el ballottage del domingo próximo. Hasta el último fin de semana, la provocación directa fue el método utilizado para mantener al ex presidente en la carrera electoral, pero de ahora en más los funcionarios de la Casa Rosada evitarán todos los desafíos y se declararán prescindentes en el conflicto.

El objetivo es que Menem, en una eventual declinación de su postulación, aparezca ante la opinión pública como el único responsable de un acto en contra de la institucionalidad.

"Se cambiaron los desafíos por una actitud más cauta, ya que ahora está claro que Menem será el único responsable de las decisiones que tome. De hecho siempre lo fue, pero si Duhalde no salía a instalar el tema y a desactivar el efecto shock que buscaba Menem, eso no iba a quedar tan claro para la gente como lo hará ahora", dijo a LA NACION un miembro del gabinete que pidió no ser identificado.

De esa forma, explicó, no sólo se haría depositario al ex presidente de las consecuencias que sus actos podrían tener, sino que, además, se le provocarían más dificultades aún para bajarse de la segunda vuelta.

Sucede que en el Gobierno evalúan que las consecuencias que podría tener sobre Menem un abandono serían más negativas que las que le provocaría una derrota ante las urnas. Y entienden, además, que ése es el pensamiento actual del propio candidato, que si bien ayer volvió a ratificar su voluntad de participar en esa instancia, lejos quedó de despejar las dudas en torno de su postulación.

"El Presidente ya expresó su preocupación la semana pasada, pero no se puede quedar inmovilizado ante las posibilidades. Lo que queda es esperar la decisión de Menem", aseveró el vocero presidencial, Luis Verdi.

De todos modos, e incluso en el peor de los escenarios, una cuestión está fuera de discusión en el Gobierno. Para la Casa Rosada, Néstor Kirchner estará lejos de ser un mandatario débil en caso de que el ballottage no llegase a realizarse. "No asumirá como un presidente en condiciones de fragilidad por el sencillo motivo de que no asumirá con el 22 por ciento del Parlamento. Apoyo del Congreso no le faltará y, además, la gobernabilidad se afirmará con su gestión", dijeron en el Ministerio del Interior.

La idea se refirmó cerca del jefe de Gabinete, Alfredo Atanasof. "Después de la experiencia de Duhalde, que asumió un gobierno completamente debilitado y que ahora se retira con legitimidad, queda en claro que la gobernabilidad proviene sobre todo de la acción de gobierno", afirmaron a LA NACION.

El primer gesto

La primera muestra del cambio de postura hacia Menem salió el domingo de boca del propio Kirchner, durante la entrevista que concedió al programa de televisión "Día D".

"Si se baja (Menem), la verdad, creo que es un problema de él (...). Puedo hacer muchas cosas, dar batalla, pero no me pueden pedir que lo convenza", dijo el mandatario santacruceño ante el periodista Jorge Lanata.

En el Gobierno, el primero en hablar sobre este punto ayer fue Atanasof. El ministro minimizó las consecuencias institucionales que podría tener para el país el hecho de que Kirchner se viera obligado a asumir la presidencia con sólo el 22 por ciento de los votos que obtuvo en la primera vuelta.

Primero dijo que no quería romper "con la regla de oro" del Gobierno de "no intervenir en cuestiones relativas a los candidatos". Y después, en un claro gesto por relativizar el tema, advirtió que la Constitución prevé "la contingencia" de que uno de los dos postulantes de un ballottage resuelva resignar su postulación.

"La Constitución prevé estas contingencias, estas posibilidades, y se tendrá que cumplir con lo que la Constitución establece", dijo.

Atanasof subrayó también que "nadie puede subestimar al electorado, que sabe con certeza que nadie con posibilidades de llegar a un triunfo se retira de la carrera en la recta final".

Por la mañana, la primera dama, Hilda González, también contribuyó a sentar la posición del Gobierno respecto del tema, y dijo no creer que Menem se vaya a bajar del ballottage.

Consultada en un programa de radio sobre los rumores de un eventual paso al costado del postulante del Frente por la Lealtad para la segunda vuelta, aseguró: "Esa decisión final la conoce sólo Carlos Saúl Menem, nadie más, y el resto son sólo especulaciones".

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