El Gobierno está a la expectativa de los resultados del ministro

Mientras, Colombo intenta avanzar con un acuerdo político
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7 de diciembre de 2001  

"Y no hacemos la reforma agraria porque tenemos los campos inundados."

Así concluyó un ministro radical, en diálogo con LA NACION, su descripción de la situación en que se encuentra el país. Enumeró: no pago de la deuda externa, renegociación forzada con los acreedores, restricciones a la circulación de la moneda...

Muchos funcionarios repetían ayer, entre sonrisas, la misma idea de que el Gobierno, cercado por la crisis, ha terminado impulsando una política socialista. Es una enorme exageración, por supuesto, pero refleja un nuevo clima interno en el gabinete.

A la preocupación y la incertidumbre se sumó ahora el alivio porque esta vez el Gobierno no eligió, para enfrentar la crisis, simplemente el ajuste del sector público. El ministro de Economía, Domingo Cavallo, los ha persuadido, además, de que el Gobierno libra una batalla contra el capital financiero, que se resiste, con operaciones de desestabilización, al canje de la deuda externa en marcha. Mientras dure el canje, les advirtió, seguirá la embestida de versiones y rumores.

Si así fuera, ¿cómo podrá el debilitado gobierno de Fernando de la Rúa resistirlo?

Con el renovado llamamiento a un gran acuerdo político, responde el delarruismo. La idea, acariciada por el jefe de Gabinete, Chrystian Colombo, prácticamente desde que asumió su cargo, regresó a peronistas y delarruistas a la vieja negociación de siempre.

El Gobierno vuelve a pedir que el PJ le dé apoyo político a cambio de impedir el caos nacional (aunque ya comenzaron discretas conversaciones para el envío de bonos a algunos gobernadores peronistas, según confirmaron fuentes del peronismo). El Gobierno no tiene argumentos para convencer de que esta vez logrará que el PJ se una en su defensa, salvo el ya conocido de que apela a su responsabilidad institucional.

El apoyo que espera es, esta vez, mucho más que una firma en un papel o una sonrisa en una foto. Espera, explicaron tres ministros consultados por LA NACION, que el peronismo apoye las leyes de presupuesto 2002 y de coparticipación pendientes.

La primera es especialmente difícil, ya que la aspiración del Gobierno es que se apruebe un ajuste de unos 4000 millones de pesos en las cuentas del año próximo. Diputados aliancistas consultados por LA NACION afirmaron que ni siquiera la bancada oficialista aparece dispuesta a aprobar ese proyecto.

Ese es uno de los elementos que necesita Cavallo para avanzar en un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), objetivo con el que partió anoche hacia Washington.

Ausencias

Se fue solamente con hombres propios porque fracasaron las gestiones para que llevara a dirigentes ajenos.

El Gobierno exploró a economistas del peronismo, como Jorge Remes Lenicov, y al diputado del Frepaso, Darío Alessandro, para saber si viajarían. Todos dijeron que no.

Alessandro discutió la oferta con Aníbal Ibarra, el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires e inminente presidente del Frepaso. Ibarra opinó que, como no sabían con qué idea iba Cavallo al FMI, no podían arriesgarse a pagar el costo del fracaso de la gestión y de una posterior catástrofe económica, contaron fuentes frepasistas a LA NACION.

Ni el Presidente, ni Colombo, ni Cavallo exhiben ánimo derrotista en estos días, según todos los testimonios.

Por el contrario, Cavallo asombra a todos (incluso a aquellos a los que irrita) por su tenacidad. "Es el Presidente", apuntó ayer un vocero oficial, que coincidía con otros funcionarios de la primera línea de la administración en que De la Rúa depende como nunca de Cavallo. Citó como ejemplo que el ministro había asegurado a De la Rúa que debía esperar una opinión favorable del FMI y que por eso el Presidente no estaba preparado para lo contrario. Un ministro confirmó esta versión.

El otro protagonista de estos días es Colombo -por eso su rivalidad con Cavallo, el último episodio de la cual se describe por separado-, quien intenta cerrar, incansablemente, los difíciles acuerdos para sostener al Gobierno. Su margen de maniobra es el que traza Cavallo con sus decisiones económicas.

El Presidente, según dos ministros, un gobernador aliancista y un vocero oficial consultados por LA NACION, exhibe últimamente un aire ausente.

Ya no teme un complot del PJ para removerlo del cargo antes de tiempo. El consenso mayoritario en el Gobierno es que sólo al gobernador bonaerense, Carlos Ruckauf, le interesa un inminente recambio presidencial. Razonan que si el PJ no empuja a De la Rúa para que se vaya y el Presidente no tiene intenciones de renunciar -como no tiene-, entonces no hay razón para que no permanezca donde está, pese a las dificultades.

Cómo será esa permanencia en lo inmediato depende ahora de cómo le vaya a Cavallo en su supuesto "combate contra el capital".

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