El Gobierno ganó un poco más de tiempo

Especulaciones en torno del restablecimiento del diálogo que se logró con el FMI; ven dificultades para aprobar el presupuesto
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9 de diciembre de 2001  

¿Está pensando el presidente De la Rúa en un nuevo gabinete sin Domingo Cavallo?

La pregunta circuló con insistencia en las últimas horas, pero quizá todavía sea prematura.

El ministro de Economía abordó anoche un avión en Washington rumbo a Buenos Aires y esta mañana mostrará al Presidente "las cifras y las medidas" que discutió con el Fondo Monetario Internacional (FMI), en las palabras del jefe de Gabinete, Chrystian Colombo, a LA NACION.

Sobre la base de esos datos volverá a diseñar el Gobierno el presupuesto nacional 2002, con el proclamado objetivo de que el Congreso lo apruebe, a más tardar, el mes próximo, afirmó.

"Siempre existen diferencias entre los números que presenta la Argentina y los del Fondo", admitió Colombo. Pero el Gobierno sabe que la dimensión del ajuste que exige el organismo -unos 4000 millones de dólares- es políticamente insostenible.

Ni el radicalismo, que agrega fisuras en ambas cámaras, ni el peronismo aprobarán un nuevo recorte de los gastos públicos de semejante dimensión, y el Gobierno no tiene fuerza para exigirlo.

La aprobación del presupuesto 2002 es uno de los aspectos centrales del acuerdo que busca Colombo con los sectores políticos (y una de las principales exigencias del Fondo). Según voceros de la jefatura de Gabinete, Colombo aspira a repartir el ajuste entre recortes del gasto y la rebaja de intereses en el canje de la deuda con los acreedores externos.

Pero, aun así, es difícil que el Congreso apruebe el presupuesto del año próximo -"es obvio que no sale", confió anoche a LA NACION un importante diputado delarruista-. En el Gobierno admiten que es más probable pasar a 2002 con el mismo presupuesto del año actual y que el recorte lo decida la política oficial de "déficit cero", es decir, la discrecionalidad con que Economía puede disponer pagos de acuerdo con lo que recauda.

Objetivo de la concertación

Con ese mismo cálculo en mente, uno de los dirigentes convocados a la mesa de concertación, que anteayer se reunió con Colombo, razonó que el objetivo de la convocatoria a los sectores políticos sólo puede ser uno de dos: ganar tiempo o preparar un escenario sin Cavallo.

Cavallo vuelve, además, sin la promesa concreta de un próximo desembolso de los 1300 millones de dólares con los que, hasta mitad de esta semana, creía contar para cubrir los inminentes vencimientos de los intereses de la deuda pública.

"No me parece que eso sea relevante", afirmó Colombo. Un secretario de Estado cavallista explicó que Cavallo ya tiene resuelto cubrir esos vencimientos con la compra forzosa de bonos a que obligó a las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones (aunque éstas se resisten y han llevado el pleito a la Justicia). Tiene, además, "algunos mangos guardados para eso", en la coloquial expresión de un funcionario delarruista.

El mayor logro de Cavallo en Washington fue reencauzar el diálogo con el FMI, que los burócratas del organismo, fastidiados con él en lo personal y disconformes con sus políticas, habían interrumpido.

"Logró reabrir la negociación, pero todavía están duros", resumió la situación un operador cavallista.

Cavallo no vuelve con menos de lo que esperaba el Presidente. No porque consiguiera mucho, sino porque las expectativas eran escasas.

Tan bajas eran que el jueves último, mientras Cavallo se preparaba para partir hacia Washington, un ministro delarruista intentaba convencer (¿convencerse?) de que el default, que consideraba inevitable, no era una opción tan terrible.

Fue después de la reunión de gabinete en la que se habían gritado Colombo y Cavallo. Aquél le había dicho de mal modo a éste que no debía enfrentarse con los funcionarios del Fondo, que tenía que escucharlos y ver qué querían.

Cavallo replicó que el FMI quería "salir del uno a uno" y lo acusó de querer lo mismo, según contó a LA NACION uno de los ministros presentes.

"Vos sabés que yo estoy en favor hasta del patrón oro", replicó Colombo, haciendo tronar la voz que le ganó, junto con su aspecto, el apodo de Vikingo.

"Esto va a trascender", comentó alarmado el canciller, Adalberto Rodríguez Giavarini. El ministro de Trabajo, José Dumón, pidió entonces la palabra, pero De la Rúa, que se dio cuenta de que los diarios contarían al otro día la pelea, levantó la reunión.

"Mingo, Chrystian, ustedes vengan conmigo", les dijo, y los tres desaparecieron en su despacho.

Entre los que quedaron en la sala había consenso en cuanto a que los reclamos del organismo tenían fundamento, ya que Cavallo no les avisó del último paquete de medidas y les ocultó abundantes datos de la verdadera situación de la economía.

Incertidumbre

El Presidente se desprendió en ese momento del aire ausente que lo envolvió en los días anteriores y del que se lamentaban sus funcionarios más cercanos.

No sólo porque saldó la discusión entre sus dos ministros principales. Cuando Cavallo partía rumbo a Washington, De la Rúa pidió por teléfono al titular del FMI, Hšrst Koehler, que recibiera a su ministro, que encabezaba una misión enviada por él para encontrar una solución.

El inestable rumbo del Gobierno era trazado hasta entonces casi exclusivamente por el ministro, que no deja de correr hacia adelante.

Sólo Colombo y un puñado de funcionarios comparten su ritmo hiperkinético. La mayoría ha reducido al mínimo los objetivos de sus gestiones cotidianas, según confiaron varios de ellos a LA NACION en los últimos días. Resuelven, como mucho, pequeños problemas que plantea la crisis, como el reclamo de los vendedores de ajo de San Juan por evitar la forzosa bancarización o el desesperado reclamo de fondos para sueldos de un intendente de un pueblo en Santiago del Estero. Pocos saben hacia dónde marcha la administración. El clima interno es de nervios e incertidumbre.

En cuanto a la pregunta del principio, es unánime la impresión de que Cavallo nunca renunciaría. La única manera de que se vaya es que De la Rúa lo eche. La teoría más extendida en el delarruismo dice que eso ocurrirá cuando termine el canje de la deuda, es decir, que atravesará este verano. Pero, si lo hace, ¿quién puede decir qué pasará luego? Cada día es una eternidad en la Argentina y decir final del verano es como decir otra era.

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