El Gobierno se radicalizó: Cristina Kirchner amenaza a jueces y Alberto Fernández llama inmorales a sus críticos

Luis Majul: Cristina amenaza a los jueces y Alberto llama inmorales a quienes lo critican

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Luis Majul
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6 de mayo de 2020  • 21:45

Algo muy grave está pasando ahora mismo: el Gobierno, después de la cumbre entre el presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta, Cristina Kirchner, se volvió a radicalizar.

Por un lado Cristina amenaza a los jueces. Y, por el otro, Alberto llama inmorales a quienes critican su estrategia de cuarentena.

¿Por qué decimos que el Gobierno se volvió a radicalizar? Porque Cristina Kirchner, que se siente más allá del bien y del mal, está moviendo cielo y tierra para no comparecer. Es decir, para anular el juicio oral por encubrimiento derivado del Memorándum de Entendimiento que firmó con Irán. Está desesperada para lograr la anulación de la causa.

Y el Presidente, que cada tanto es presionado muy pero muy fuerte por su compañera de fórmula, hoy solo para complacerla hizo la siguiente movida:

Confirmó la existencia de una supuesta mesa judicial en el gobierno de Mauricio Macri. Así le dio un contundente apoyo político a un delirante texto que acaban de firmar diputados nacionales y senadores hipercristinistas. Un texto en el que denuncian una supuesta campaña de persecución judicial contra exfuncionarios de Cristina. Y por supuesto, contra ella misma.

¿Sabés cómo se debe entender esto? Como una payasada que encubre una verdadera amenaza a todos los jueces que tramitan causas contra Cristina.

Los legisladores nacionales que presentaron la denuncia son incondicionales a ella. Son senadores y diputados. Te nombro a los más importantes: José Mayans, Anabel Fernández Sagasti, Matías Rodríguez, Claudio Doñate, Leopoldo Moreau, Vanesa Sisley, Rodolfo Tailhade, María Sacnun, Jorge Taiana, Guillermo Snopek, María Teresa González, Ana Almirón, Mariano Recalde, José Luis Gioja, Martín Soria y Nicolás Rodríguez Saá.

En la carrera desesperada para armar una opereta con algún tipo de lógica, Cristina incorporó en ese mamarracho de presentación:

  • Declaraciones radiales de la jueza de la Casación Ana María Figueroa. Las presentó como si fuera casi una denuncia formal, pero la jueza volvió para atrás y no identificó a quienes supuestamente la presionaron con nombre y apellido.
  • Un escrito ante la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos que los familiares de víctimas del atentado contra la Amia denunciaron como conteniendo datos y citas falsas, precisamente, de la jueza Figueroa.
  • En efecto, el abogado de los familiares, Tomás Farini Duggan, afirmó en un escrito que Cristina "cita declaraciones de la jueza Figueroa que no hizo, como si todo esto estuviera planificado de antemano".

La embestida de Cristina, que está siendo avalada y convalidada por medios cristinistas y afines, se completó con las declaraciones del Presidente de las últimas horas, ratificando la difusa idea de que había una mesa judicial que quería enjuiciar y meter presos a los opositores.

Es una fija. Cada vez que hay una cumbre entre Alberto y Cristina, el Presidente hace declaraciones periodísticas alrededor del lawfare.

Es comprensible: es lo que le pide la vicepresidenta, como parte del pacto no escrito que acordaron en mayo y que podría ser titulado: "Yo a vos te convierto en Presidente, vos a mí me garantizás impunidad".

Como todos los analistas despiertos se darán cuenta, el pacto no se estaría cumpliendo. Y eso explicaría el enojo de la vicepresidenta. Y dicen que estaría tan enojada que ni siquiera aceptaría, como excusa, la irrupción del coronavirus, que trastocó la vida de todos los habitantes del mundo, pero parece que la de ella no.

Y a propósito de eso, Alberto Fernández, como cada vez que se reúne con Cristina Kirchner, salió a buscar un enemigo nuevo, y no se privó de calificarlo moralmente.

Primero, al responder la pregunta de un periodista de Radio con Vos sobre la flexibilización de la cuarentena, dijo: "Le pido a la gente que reflexione, porque en algunos planteos hay mucha mala intención e intención política. Los que dicen que hay que salir ya de la cuarentena sepan que sería llevar a la muerte a miles de argentinos".

Y después le respondió directamente al exministro de Hacienda de Macri Alfonso Prat Gay, quien ayer, con José Del Rio, en Mesa chica, había dicho que con la cuarentena se estaba destruyendo la economía.

Alberto se pregunta: "¿Con qué autoridad moral hablan así?". Pensemos un poco.

Uno puede estar de acuerdo que no se puede salir de la cuarentena a tontas y a locas. Pero de ahí a no poder opinar, por ejemplo, que con la cuarentena prolongada se está destruyendo la economía porque si lo hacés no tenés autoridad moral me parece una exageración.

No solo una exageración. Una suerte de autoritarismo argumentativo.

¿Así que si no digo que el Gobierno hizo todo bien soy un traidor a la patria? ¿Así que si Prat Gay fue ministro de Macri, aun con los errores que cometió él mismo y el expresidente en materia económica, no puede opinar más de nada, y menos si tiene el tupé de criticar a este gobierno o a este presidente?

¿Acaso el peronismo no gobernó durante años y años, por ejemplo, la provincia de Buenos Aires, y la dejó completamente destruida? ¿Acaso la recesión que todavía sufrimos no arrancó con el gobierno de Cristina, con el bendito cepo y todas las restricciones a la economía que terminaron en una una bomba que le estalló al gobierno de Macri con el aumento inconmensurable del dólar?

Estamos frente a un grave problema. Porque cada vez que Alberto y Cristina se juntan, el Gobierno se radicaliza. Porque cada vez que el Presidente toma conciencia del despelote en el que está metido, descalifica a la oposición y a los medios, en vez de reflexionar sobre lo que le dicen, y tomar las ideas que le pueden ser útiles. Es el peor camino para gobernar bien y acumular poder político.

Por: Luis Majul
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