El homicidio de un joven a manos de la policía

Recibió un balazo en la cabeza
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21 de diciembre de 2001  

Anoche nadie sabía su nombre, sólo la causa de su muerte: un disparo de bala que explotó en su cráneo. Así murió ayer, a las 16, un joven de unos 25 años frente a la entrada de Avenida de Mayo 667 a manos de un grupo de policías que vigilaban el edificio de Chacabuco y Avenida de Mayo, donde funcionan el banco HSBC y la embajada de Israel. Relatos de testigos, fuentes hospitalarias y una cápsula servida de pistola entregada a un periodista de Página/12 en el lugar indican que no lo mató una bala de goma.

El asfalto quedó cubierto de sangre, junto a la parada de colectivos, y el joven, boqueando, con sangre en la cabeza, quedó tendido diez minutos hasta que una ambulancia lo recogió.

La batalla por el control de la Avenida de Mayo, entre la 9 de Julio y la Plaza de Mayo, ya llevaba una hora. Los manifestantes que avanzaban desde el Congreso no podían cruzar. Un cordón de patrulleros, motocicletas y policías antimotines, armados con lanzagases y escopetas, los contenía.

Mientras sobre la 9 de Julio circulaban autos y colectivos, por encima de ellos llovían los cascotes que quedaron sembrados sobre el asfalto de la Avenida del Mayo al 900 a los pies de los policías. Desde allí se lanzaban gases vomitivos contra la gente. Oficinistas demorados se vieron envueltos en la refriega y corrieron huyendo con los manifestantes.

Rompen el cordón

Envalentonados, finalmente los que venían del Congreso Nacional cruzaron la avenida. Los patrulleros los enfrentaron, pero ellos los sobrepasaron. Ante lo inevitable, la policía se replegó 300 metros.

Quedaron a la vista los dos primeros caídos. Uno de ellos, joven, rubio, de pelo corto, tenía un agujero pequeño en el pecho. Su cadáver quedó tendido en Carlos Pellegrini y 9 de Julio. En Avenida de Mayo al 900 quedó tendido otro joven, al parecer sólo herido. Era uno de los motoqueros, convertidos en la caballería de los manifestantes.

Sin oposición, la columna avanzó por Avenida de Mayo. Al llegar a la esquina de Chacabuco se encontraron con una pequeña resistencia en el edificio bancario, custodiado por policías de comisaría y un patrullero. Los atacaron a pedradas. Eran centenares contra una decena.

Los policías estaban refugiados en un garaje descubierto del edificio. Los manifestantes los atacaron. Uno de ellos les tiró una valla de hierro. Desde adentro contestaron con balas de goma y gases. Pero los civiles sobrepasaron Chacabuco y esta vez avanzaron por la esquina vidriada del edificio. Rompieron cristales y desde adentro comenzaron los disparos a través de los vidrios. Ayer se contaban 26 orificios en el frente vidriado. Uno de ellos alcanzó a la anónima víctima en la cabeza.

Héctor Mariotto, de unos 50 años, relató a LA NACION: "La policía pegaba de una manera vergonzosa, y desde el HSBC empiezan a tirar y los rec... a balazos. Quedó tirado un pibe boca arriba, en un mar de sangre. Lo levantamos y lo corrimos hasta que se lo llevó una ambulancia". Juan Carlos, de remera gris, recogió una cápsula de bala que entregó a la prensa. Daniel Saldaña, de traje azul y corbata, que salía de su trabajo en la zona, aportó detalles: "El chico corría hacia Plaza de Mayo. Se dio vuelta para enfrentar a los policías y desde la zona del estacionamiento se sintió el disparo. Le explotó la nuca. Yo lo vi. Me mostraron la cápsula servida".

Cuando recogieron al caído, los manifestantes contraatacaron a pedradas. Arrancaron un farol con el que armaron una barricada, pero la infantería finalmente avanzó y los hizo replegar. En el pavimento quedaron restos de incendios, vidrios, piedras y un reguero de sangre.

En llamas

  • Edificios públicos, al menos seis bancos, el local de McDonald´s del Obelisco y la sastrería Cervantes de Corrientes al 900 fueron incendiados ayer en medio del estallido. El fuego desbordó a los bomberos, que apagaron además tres camionetas de OCA, una ambulancia y dos autos incendiados por los manifestantes que armaron barricadas con tachos de basura y maderas.
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