El inicio de un camino

Rosendo Fraga
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28 de enero de 2002  

Lo primero que debe advertir la Argentina en su relación con los EE.UU. es que no ocupa un lugar prioritario en su agenda.

La mirada de Washington como primera y única superpotencia mundial sigue teniendo como objetivo central la lucha contra el terrorismo, como lo ha ratificado en los últimos días el presidente Bush.

La lucha contra los restos de la organización de Ben Laden; evitar que el conflicto entre la India y Paquistán derive en una guerra y que en ésta puedan utilizarse armamentos nucleares; contener la crisis de Medio Oriente impidiendo que derive en una escalada que pueda afectar la seguridad internacional, y neutralizar la oposición que en Filipinas ha desatado el desembarco de tropas norteamericanas, que contribuyen a la lucha contra la guerrilla fundamentalista constituyen los temas prioritarios en la visión estratégica.

Frente a estas cuestiones, América latina no está al tope de la agenda y las conmociones internas que sufre la Argentina no llegan a justificar un cambio.

Lo segundo por tener en cuenta es que la relación bilateral entre Washington y Buenos Aires no es relevante en materia de seguridad, ya que, al no tener una ubicación estratégica en la lucha contra el terrorismo, los temas económicos son dominantes. Es a la inversa de lo que sucede en países como Paquistán y Turquía, en los cuales lo económico está en un claro segundo plano y lo estratégico en el primero. En el caso argentino, el default, las inversiones, el proteccionismo y el estatismo -como lo ha planteado explícitamente el presidente Bush- ocupan hoy el lugar dominante.

Es así como planteos de ratificar la política respecto de Cuba de las administraciones anteriores, apoyar la posición norteamericana en Colombia, o incluso participar en la fuerza de paz en Afganistán, no reemplaza en el caso argentino las prioridades económicas, por la simple razón de que la Argentina no juega un rol relevante en materia de seguridad internacional.

No es Paquistán, país clave en la ofensiva que desarrolló contra los talibanes en Afganistán, o Turquía, miembro estratégico de la OTAN.

De acuerdo con ello, mientras la Argentina no defina qué va a hacer con su economía después de haber declarado el default es poco lo que puede obtenerse de Washington, tanto del Departamento de Estado como del Tesoro.

Es que un mensaje político-estratégico que no sea acompañado de definiciones claras en lo económico no servirá para restablecer un buen vínculo con Washington, algo que resulta prioritario para la Argentina.

Políticamente, decisiones del FMI para un país ubicado en América latina y con la dimensión del nuestro tienen como referente inevitable la opinión de la Casa Blanca, como ya se experimentó en agosto de 2001, cuando una decisión política norteamericana, impulsada por los presidentes de América latina, hizo que el organismo financiero internacional diera una última oportunidad a la administración De la Rúa.

En este contexto, el viaje del canciller a Washington puede significar el inicio de un camino e incluso lograr gestos diplomáticos.

Pero las decisiones concretas para que la Argentina reciba ayuda económica externa, sin la cual será imposible iniciar el duro y trabajoso camino para recuperar la credibilidad perdida ante el mundo, sólo se obtendrán una vez que el país defina su política económica, lo que implica no sólo un plan "sustentable", sino también cambiar la orientación inicial que mostró un sesgo proteccionista y estatizante, de acuerdo con lo explicitado por el presidente de los Estados Unidos en su mensaje del 15 del actual sobre América latina.

Además, la política exterior argentina debe asumir con realismo que la imagen del país está en una situación crítica al haber declarado el tercer default de América latina desde la democratización de comienzos de los años ochenta. El primero fue el de Alan García en Perú a mediados de esa década, el segundo el de Ecuador a fines de los noventa y el tercero el de la Argentina, hace un mes.

Sólo asumiendo con realismo que la Argentina no ocupa un lugar prioritario en la agenda de Washington, que no tiene prioridad estratégica ni relevancia económica -el país es hoy menos del 1% del PBI mundial y el 0,4% del comercio internacional- y que sólo presentando un plan coherente que además corrija orientaciones iniciales es que el camino por iniciarse esta semana por el canciller en los Estados Unidos podrá dejar en el futuro resultados concretos para los intereses del país, que atraviesa la crisis más grave de su historia.

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