El lado B de la política, en la boda de Insaurralde

Carlos Pagni
Carlos Pagni LA NACION
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13 de noviembre de 2014  

Algún día los cientistas sociales deberán agradecer a Martín Insaurralde y Jésica Cirio los servicios prestados con su boda al conocimiento del lado B de la política. Tras el velo del jolgorio, el casamiento del diputado y la vedette desnudan, como ningún otro episodio de estos días, las contradicciones que surcan la interna kirchnerista, las fisuras del massismo, las pasiones que está desatando la puja electoral en el mayor distrito del país y, sobre todo, la estética que profesa la vida pública en el crucial conurbano bonaerense.

Insaurralde fue el abanderado de Cristina Kirchner en los comicios más dramáticos de su largo reinado: el duelo con Sergio Massa , que sepultó la fantasía de una nueva reelección. La Presidenta apostó a él con tanta convicción que lo puso a los pies del papa Francisco para una acción de gracias por haber dejado atrás el cáncer y, ya que estaba, empapelar con la foto toda la provincia.

Aquella predilección vuelve mucho más desopilante la incomodidad del oficialismo frente al enlace de quien era su paladín hace apenas un año. La maquinaria mediática del Gobierno, con 6,7,8 a la cabeza, trituró a Insaurralde hasta devolverlo a un infierno del que no debería haber salido: el de los malditos años 90.

La maquinaria mediática del Gobierno, con 6,7,8 a la cabeza, trituró a Insaurralde hasta devolverlo a un infierno del que no debería haber salido: el de los malditos años 90

En esos años, el flamante esposo de Cirio contrajo matrimonio con Liana, la hija de Hugo Toledo, el inolvidable Donosornabuco del duhaldomenemismo. La defenestración fue uno de esos clásicos errores en los que incurre la burocracia palaciega cuando su jefa está distraída por achaques de salud. El fantasma que imparte absoluciones y condenas en la TV Pública no advirtió que el vituperado Insaurralde sigue integrando la bancada kirchnerista y que, transformado en diputado testimonial, regresará a la intendencia de Lomas de Zamora, para tal vez buscar la reelección por el Frente para la Victoria, como le exige su reemplazante, Alberto Carasatorre.

La postulación de Insaurralde como candidato de Massa para la gobernación quedó en suspenso. Una señal ostensible fue que Massa no saludó a los novios ni siquiera por teléfono. Se entiende. La incorporación de la política a la farándula, que prometía tan buenos resultados, está devorando a sus promotores. Massa no sabe cómo evitar que el enigmático culebrón de Martín Redrado, su ilusorio canciller, contamine su campaña y, sobre todo, saque de las casillas a Malena, su mujer. Fracasada la mediación de Juanjo Álvarez entre el economista y Luciana Salazar, Massa debió lamentar "que Redrado aparezca en los medios por su vida personal" y decir que quiere verlo "preocupado por resolver el problema de la inflación". ¿No tendrá otra tarea para darle? Redrado recibió el Banco Central de Alfonso Prat-Gay en 2004, con una inflación del 4%, y lo abandonó cuando el índice tocaba el 27%, según Ecolatina, la consultora de Roberto Lavagna.

La postulación de Insaurralde como candidato de Massa para la gobernación quedó en suspenso. Una señal ostensible fue que Massa no saludó a los novios ni siquiera por teléfono

El desaire de Massa hundió a los novios en el desconsuelo. Lo demostró Jesica Cirio, convertida ya en emisaria política de su esposo, apareciendo en ShowMatch vestida de naranja. El mensaje fue puesto en evidencia por Nacha Guevara, cuando le preguntó si Martín se alinearía con Daniel Scioli, quien tiene escriturado ese color. A la Guevara le bastó el brevísimo paso por la lista testimonial de Kirchner, Scioli y Massa para descifrar el juego del poder.

Massa no pasó por La Manea Polo Club, la sede del festejo, pero envió representantes. Además del gerente de prensa de Cristóbal López, César Mansilla, y de Daniel Vila y Pamela David, estuvo Joaquín de la Torre. Intendente de San Miguel, no se entiende bien si De la Torre quiso agasajar a Insaurralde o mortificar a Darío Giustozzi, su colega de Almirante Brown, que sufre pesadillas con el desembarco del esposo de Cirio en el massismo.

La fiesta era una reducción a escala de ese conurbano en el que crecieron los novios. No podía faltar, por lo tanto, una representación nutrida del negocio del juego. Sobre todo porque Insaurralde fue durante años el hombre de confianza de Jorge Rossi, delegado de Eduardo Duhalde ante esa industria, por llamarla de algún modo. Por eso, en una ubicación que parecía más destacada que la de los padrinos, se apoltronaron el presidente de Boca, dueño de una cadena de bingos y enlace de Mauricio Macri con el Poder Judicial, Daniel Angelici, y su socio y amigo Rubén Mautone. Enfrente de ellos, Federico Achával, blanco de todas las miradas en su calidad de álter ego de Cristóbal López. Achával y López vienen de fracasar en La Florida con un casino que debieron poner en manos de una compañía de la zona para evitar problemas judiciales. López, además, atraviesa una tormenta en La Salamandra, donde los trabajadores piden que les paguen el salario. ¿Terminará justo él, ícono del empresariado kirchnerista, amenazado por la ley antiterrorista, como Donnelly? Para que en la fiesta hubiera más tensiones, Insaurralde no disimulaba su fastidio porque C5N, el canal de López, castigó al gobierno de Lomas durante las inundaciones.

La fiesta era una reducción a escala de ese conurbano en el que crecieron los novios. No podía faltar, por lo tanto, una representación nutrida del negocio del juego

Achával no era, sin embargo, el invitado sobresaliente de esa "mesa de la calidad institucional", como la denominó un gracioso. Allí se destacaba Guillermo Gabella, de la empresa Boldt. Gabella fue quien declaró ante Ariel Lijo que "Nariga" Núñez Carmona lo había presionado en nombre de Amado Boudou para que se desprendiera de los talleres de Ciccone, que Boldt tenía en alquiler. Que Insaurralde lo haya invitado al casamiento es el indicio más elocuente de que Cristina Kirchner bajó el pulgar sobre su vicepresidente. De otro modo no se explica: Boudou y Diego Bossio fueron los máximos aliados del recién casado en la provincia.

El caso Ciccone, la empresa donde Insaurralde imprimió su boleta 2013, aportó más protagonistas a la fiesta. Por ejemplo, Lautaro Mauro, el encargado de que Núñez Carmona se encontrara con Gabella para ejercer su "persuasión". Mauro se acercó a la mesa de los reyes del azar y, por esa razón, debió abandonar la fiesta. Gabella lo amenazó con agarrarlo a trompadas. Por suerte estaba Angelici, negociador nato.

Nadie pudo descifrar en nombre de qué astro ausente participaba Mauro del encuentro. ¿Lo mandó su amigo Marcelo Tinelli? A pesar de que una noche llamó a Olivos para convencer a la Presidenta de asistir al casamiento, el animador se mantuvo lejos de sus ahijados. Esa inasistencia afectó a Insaurralde mucho más que la de Massa. Sobre todo cuando le explicaron que podía tener razones electorales: Fabián Scoltore, el administrador de las efectividades conducentes de Tinelli, resolvió patrocinar al kirchnerista Patricio Mussi, intendente de Berazategui, rival de Insaurralde en la tercera sección electoral y aspirante a la vicegobernación bonaerense.

Otra opción es que Mauro haya acompañado a Insaurralde y a Cirio en nombre de Scioli, su líder de todas las horas. El gobernador reprimió su propensión a alternar con la farándula y tampoco fue a la boda. La cuota de esparcimiento de la semana ya estaba cubierta con un partido de futsal al que, dijo, asistió para desenmascarar el modo en que Massa usaría ese desliz para escracharlo. También hay una lógica naranja.

El saludo de Scioli llegó a través de más representantes, como el ministro de Justicia, Ricardo Casal, y un viejo protegido del novio, el intendente de La Plata, Pablo Bruera. Se lo veía taciturno a Bruera. Algunos comensales lo atribuyeron a los avances del fiscal Jorge Paolini en la investigación de un presunto caso de coimas que salpica a su hermano, Mariano Bruera, y a un funcionario de nombre hiperrealista: Enrique Sette.

Gracias a Granados, los Insaurralde disfrutaron de una noche de bodas gratuita en un hotel de La Matanza. Un ahorro bienvenido

Scioli saludó también a través de Alejandro Granados, su ministro de Seguridad. Gracias a Granados, los Insaurralde disfrutaron de una noche de bodas gratuita en un hotel de La Matanza. Un ahorro bienvenido. Tuvieron que gastar casi medio millón de pesos en ambientar el parque, además de alrededor de mil pesos por persona por el catering, sin contar las bebidas.

La deferencia de Granados volvió más inquietante el pedido de informes del diputado provincial Marcelo Díaz (UNEN) sobre la gigantesca dotación policial que custodiaba el casamiento. Una pregunta incómoda para Fernando "Chino" Navarro, compadre de Díaz, papá del concejal de Lomas Juan Francisco Navarro y líder del Movimiento Evita, quien también acompañó a Cirio y a su esposo. En muchas mesas causó curiosidad ver a Navarro, un duro del campo nacional y popular, escoltado por las despampanantes hermanas Escudero, siempre unidas y organizadas. Navarro sacaba humo de la pista junto a su esposa Nancy Gaute, la médica a la que Scioli confió la administración del hospital Gandulfo de Lomas de Zamora.

Ya habían pasado las cumbias de Agapornis. La fiesta se iba dispersando. Ahora tocaban Los Auténticos Decadentes. Se entendía mucho más.

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