El material que llegó con una llamada anónima

Hugo Alconada Mon
(0)
13 de marzo de 2011  

Del otro lado del teléfono, la voz dijo trabajar para WikiLeaks. Llamaba desde Londres. Sin jamás decir su nombre, preguntó por mí en español e indicó que me había enviado un e-mail, a mi cuenta privada de correo, dos semanas antes, sin aclarar tampoco cómo la obtuvo. A partir de allí, comenzó un complicado proceso que incluyó un viaje relámpago a Inglaterra, comunicaciones encriptadas y varios programas especiales de computación para acceder al "material".

Debí viajar para eso a la capital inglesa, enviar un primer e-mail y esperar durante más de seis horas en una habitación de hotel. Luego me indicaron un punto de encuentro para el día siguiente, aunque el lugar se modificó sobre la marcha, a la mañana siguiente, hasta que la reunión se concretó cerca del Museo Británico.

Ese primer encuentro, con un absoluto desconocido, concluyó con la entrega de un pendrive con el material, que, sin embargo, -y por razones de seguridad- no pude revisar hasta retornar a la Argentina. Primero fue necesario recibir, a través de otro canal de comunicación, una clave alfanumérica de 64 caracteres y las instrucciones para abrir los cerrojos. Entonces, sí, fue posible leer el "capítulo argentino" de WikiLeaks. Abarca más de 2500 cables enviados en su mayoría por la embajada estadounidense en Buenos Aires, aunque también incluyen algunos mensajes enviados desde otras embajadas alrededor del mundo o desde el Departamento de Estado, en Washington DC.

Catalogados según distintos niveles de seguridad -no confidenciales, confidenciales y secretos-, el paquete no incluye, sin embargo, las comunicaciones más sensibles -top secret o más elevado-, a los que no accedieron la o las personas que luego se lo filtraron a WikiLeaks.

Aun así, los cables representan una ventana inigualable para vislumbrar cómo trabajan los diplomáticos de la principal potencia mundial, qué piensan de la Casa Rosada, de sus funcionarios, de la oposición, de los sindicatos, de los grupos piqueteros, de la prensa local y de los argentinos como sociedad.

Exponer el doble discurso

La montaña de cables diplomáticos -equivalentes a 7600 páginas de un documento Word, con un tamaño 10 de letra y a un espacio de interlineado- incluye muchísima información irrelevante, burocrática o que puede reducirse a simples chismes. Pero también aporta luz sobre muchos aspectos que suelen mantenerse en las sombras de los despachos oficiales. Resulta notable corroborar, por ejemplo, cómo muchos políticos -incluidos operadores y funcionarios del Gobierno, incluida la presidenta Cristina Fernández de Kirchner-, empresarios, banqueros y líderes sociales mantienen una posición pública ante los micrófonos, pero dicen algo muy distinto ante "La Embajada".

Los cables sólo abarcan un período acotado y casi paralelo al kirchnerismo en el poder. Van desde 2003 -cuando al frente de la misión se encontraba Lino Gutiérrez- hasta mediados de 2010, con su sucesor, Tony Wayne, y el arribo de la actual embajadora, Vilma Martínez.

De este modo, LA NACION se suma a la segunda fase de publicación de los cables del Departamento de Estado que comenzó a fines de noviembre con las primeras filtraciones por cinco de los medios gráficos más relevantes del mundo: The New York Times; The Guardian, de Londres; Der Spiegel, de Alemania; El País, de España, y Le Monde, de Francia.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Politica

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.