El mensaje económico osciló entre el voluntarismo y la absoluta falta de autocrítica

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2 de marzo de 2013  

El capítulo económico del extensísimo mensaje presidencial ante la Asamblea Legislativa prácticamente no incluyó anuncios. Más bien, fue una reseña decenal del espectacular aumento del gasto público y las inversiones estatales desde el inicio de la era K en 2003 , que Cristina Kirchner destacó como logro a través de un manejo tan discrecional como arbitrario de cifras y resultados.

Como si no existiera, en ningún momento mencionó a la inflación durante las más de 3 horas y media de discurso; con lo cual cabría suponer que la Presidenta cree que los pesos de 2013 tienen el mismo poder adquisitivo de hace diez años. Ni tampoco al congelamiento de precios impuesto por Guillermo Moreno, que ayer precisamente cumplió un mes y al que CFK no se refirió hasta ahora públicamente, salvo cuando unos días antes dijo descreer de los controles de precios.

Cristina Kirchner habló casi siempre en tiempo pasado, pero no sobre los magros resultados macroeconómicos de 2012, que cerraron la etapa de crecimiento a "tasas chinas". Ni aportó pistas sobre la política económica para este año electoral.

Sólo habló del futuro inmediato cuando se refirió al juicio entablado en Nueva York por los "fondos buitre", para afirmar su intención de pagarles, pero no en mejores condiciones que al 93% de los bonistas que aceptaron los canjes de 2005 y 2010 con quitas y mayores plazos. Este pronunciamiento suavizó, a destiempo, la dura posición expresada por el Gobierno dos días antes en Nueva York, donde planteó que voluntariamente no acatará el fallo del tribunal si ordena el pago total reclamado por esos fondos (US$ 1330 millones). Pero esta tardía aclaración hubiera sido necesaria mucho antes, o sea, cuando el juez Thomas Griesa no había dictado los fallos que lo condenaron a pagar. Ahora la Cámara de Apelaciones acaba de devolverle la pelota al Gobierno, al otorgarle casi un mes de plazo para que proponga la forma de hacerlo (cuánto, cómo, cuándo y con qué garantías). En esta instancia no valdrán de mucho las afirmaciones de ayer de CFK cuando sostuvo, con más voluntarismo que autocrítica, que la Argentina es un "leading case" económico y político, que puede condicionar eventuales reestructuraciones de deuda de países como Grecia, España o Italia. Mientras tanto seguirá pendiente la amenaza de un default técnico, que abriría la puerta a otros reclamos de acreedores que pueden ir de 6000 a 46.000 millones de dólares.

El voluntarismo y la falta de autocrítica también campearon en otros tramos del discurso referidos a la cuestión económica. Allí hubo tantas afirmaciones como omisiones. La Presidenta sostuvo que el 99% de los teléfonos celulares que se venden en la Argentina se fabrican en el país, pero no dijo que la mayoría de sus componentes son importados. También resaltó que la industria sustituyó importaciones por US$ 15.000 millones en 10 años, sin explicar que el déficit estructural del sector hace que importe más de lo que exporta (como en la cadena automotriz). Otro tanto ocurrió en materia energética con la construcción del Gasoducto del NEA (lanzado en 2005), sin precisar que la Argentina debe importar gas natural para abastecerlo y restringir otras importaciones. En 2012, las compras de gas y combustibles alcanzaron a 9200 millones de dólares (casi lo mismo que el año anterior) y el déficit comercial energético apenas bajó de 3000 a 2800 millones. En cambio, prefirió resaltar los aumentos de cuatro dígitos acumulados desde 2003 en el salario mínimo vital (1038%) y las jubilaciones mínimas (1443%), aunque sus actuales niveles de $ 2875 y $ 2165 mensuales, respectivamente, apenas permiten cubrir el costo de consumos elementales. Pero la canasta básica del Indec para un grupo familiar registra un valor inferior a la mitad del salario mínimo, lo cual permitió que la tasa de pobreza se redujera en las estadísticas oficiales -avaladas por la Presidenta- de 54% en 2003 a apenas 6.5% en 2012.

En la Argentina ideal y sin problemas descripta ayer por CFK, se destacó la compra de trenes chinos para las líneas Sarmiento y Mitre, pero no se habló de la tragedia de Once. También el desendeudamiento en dólares del sector público, pero no la caída de reservas del Banco Central para atender pagos, a falta de superávit fiscal porque el aumento del gasto supera al de los ingresos. Y aunque se resaltó que fue una "década ganada" en política exterior, la Argentina está cada vez más aislada del mundo. Incluso sin acceso al crédito de largo plazo para obras de infraestructura, cuyos costos se cargan al presupuesto de cada año (y a la "maquinita" del BCRA) para financiarlas, a costa de una mayor inflación ausente en los índices oficiales.

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