El "operativo salvataje" no alcanza para demoler la causa

Hugo Alconada Mon
(0)
17 de noviembre de 2012  

No, no y no. Hasta que, bueno, sí. Fue él. Casi sólo él. Y en secreto. Tras nueve meses y medio de silencios o negativas, el nombre de uno de los banqueros más controversiales de los años 90, Raúl Juan Pedro Moneta, irrumpió de lleno en la causa Ciccone. Y lo hizo de la mano del presunto testaferro de Amado Boudou, Alejandro Vandenbroele.

En un escrito de 110 fojas que presentó ante el juez federal Ariel Lijo, Vandenbroele le adjudicó a Moneta ser uno de los dueños del complejo entramado societario detrás del caso, en tándem, también confidencial, con el yerno de uno de los fundadores de la imprenta, Guillermo Reinwick, conocido dentro y alrededor de la familia Ciccone como "el traidor".

El escrito de Vandenbroele buscó incluso diluir las razones por las que le colgaron el mote de "traidor". Al punto que afirmó que Reinwick actuó de manera "confidencial" hasta para su propia familia. Es decir, que cuando recibía los insultos de familiares, allegados y empleados por servir como el entregador de la empresa, él callaba mientras que en realidad se esforzaba, casi como un agente secreto, por salvarlos a todos.

Así lo presentó Vandenbroele. Por insólito que pueda parecer. Lo caracterizó a Reinwick como el yerno que le calló a su propio suegro, Nicolás Ciccone, fundador y corazón de la empresa, junto con su hermano ya fallecido Héctor, que no quería saquearles la imprenta, como le enrostraban en las reuniones familiares, sino rescatarla, casi resucitarla, para devolvérsela saneada, con moño incluido.

Allí no se agotaron las sorpresas en el escrito de Vandenbroele. Porque la irrupción de Moneta también resultó hasta cierto punto llamativa. En especial, porque su ahora declamado rol contradice la solicitada que Reinwick –otra vez el yerno– publicó el 29 de febrero pasado, cuando amanecía el escándalo.

En aquella solicitada pública, Reinwick se presentó a sí mismo como el "controlante del 70% de la ex Ciccone" y, párrafos después, detalló además que manejaba la imprenta a través de la sociedad The Old Fund, a la que a su vez caracterizó como "controlada" por él. Y sólo por él.

¿Por qué obvió entonces a Moneta si, como sostuvo Vandenbroele en su escrito, el primer paso del ex banquero ocurrió en octubre de 2010?

Brito, Cámara y Boudou

En esa misma solicitada, Reinwick incluso dio su versión de cómo procedió desde que decidió involucrarse en la imprenta, de la que hasta entonces lo mantenía alejado su suegro, que prefería a su otro yerno, Pablo Amato: "Los tiempos urgían y me aboqué a conseguir, con la ayuda invalorable de mis amigos, socios y allegados comerciales, los recursos económicos, financieros y profesionales para recuperar la empresa".

Al decir ahora de Vandenbroele, sin embargo, aun cuando Reinwick aludió a sus "amigos, socios y alle-gados comerciales" en esa solicitada, le calló a su propia y recelosa familia política, dueña de la empresa, que entre esos "amigos, socios y allegados comerciales" se encontraba el ex banquero sospechado de lavado de activos, Moneta. Al que, para más precisiones, Vandenbroele caracterizó como "un experto pilo-to de tormentas en la compra de em-presas en crisis".

Sin embargo, la irrupción de Moneta resultó llamativa sólo hasta cierto punto. Porque tras el estallido del escándalo, Vandenbroele y el banquero Jorge Brito, acaso para ayudar a su hijo homónimo, convocaron al ex banquero para que colaborara a limpiar la polvareda, según reveló LA NACION en julio pasado, con datos de las sociedades cuyo rol confirmó Vandenbroele anteayer en su escrito ante la Justicia.

En su escrito, no obstante, Vandenbroele indicó: "Detrás del entramado de empresas extranjeras y financieras estaba desde el comienzo de la operación el aval económico de Moneta". De ser así, el Frente de la Victoria (FPV) imprimió sus boletas electorales con un banquero sospechado en los 90 de lavado y que estuvo prófugo de la Justicia, al que la AFIP le concedió cinco moratorias excepcionales y al que el Congreso le aprobó la expropiación de una empresa por la que podría cobrar una indemnización multimillonaria.

Más allá de lo que expone de manera explícita, la movida de Vandenbroele deja implícita una pregunta de fondo: ¿el escrito beneficia en algo a Boudou? Eso busca, aunque dependerá de otras variables. La primera, el inminente fallo de la sala más cercana al Gobierno de la Cámara Federal. De nulificar algún tramo de la pesquisa, ¿cuántas medidas de prueba podrían caerse como efecto dominó sobre, por ejemplo, las sospechas de enriquecimiento ilícito?

El escrito apunta, en concreto, a debilitar las sospechas sobre el presunto lavado de activos. En esa línea, la irrupción de Moneta puede eclipsar el presunto rol del socio de Boudou, José María Núñez Carmona, en la operatoria de salvataje.

Pero hay un tercer eje de la investigación penal que continuará en pie, centrado en el presunto tráfico de influencias y las negociaciones incompatibles que pudo protagonizar Boudou. Porque aunque Vandenbroele haya actuado bajo la batuta de Moneta –o de quien fuera–, se mantiene el encuadre de que el entonces ministro de Economía benefició a una empresa presidida por alguien que pagó el cable, el teléfono y las expensas de su departamento de Puerto Madero, más los viajes a su socio, su hermano y su cuñado, a través de la agencia de viajes de su pareja. Y eso ya no se puede negar. Aunque ahora digan que Reinwick, "el traidor", haya actuado en secreto. O que Moneta está detrás de todo.

MÁS LEÍDAS DE Politica

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.