El pacto de La Moncloa llegó muy tarde

Felipe González visitó ayer a De la Rúa, horas después de que, cercado por el caos, decidió renunciar
Mariano Obarrio
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22 de diciembre de 2001  

El último recurso para evitar la caída del gobierno de Fernando de la Rúa fue una urgente convocatoria a un pacto de La Moncloa, para lo cual esperó hasta último momento al ex presidente de España Felipe González, que sólo llegó a las 3 de la mañana de ayer, cuando la crisis y los muertos en la calle tornaron imposible la permanencia de De la Rúa.

"Quisieron armar un pacto de La Moncloa cuyo garante hubiera sido Felipillo y sus dos firmantes centrales, De la Rúa y Carlos Menem", confió a LA NACION un ex ministro delarruista. "Lo esperaron, pero no sirvió de nada. Llegó demasiado tarde", confió un secretario de íntima confianza del ex presidente.

Los pactos de La Moncloa, de 1975, sirvieron en España para organizar la salida democrática entre el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y Partido Popular (PP), las dos fuerzas mayoritarias de la península. En ellos, los adversarios más irreconciliables se pusieron de acuerdo sobre un proyecto nacional estratégico.

Ese gran acuerdo, que tuvo como bases objetivos fundamentales, fue la plataforma del desarrollo político, económico y social de la nación española luego del régimen franquista.

Pero el ex líder del PSOE arribó tarde y el justicialismo había cortado todos los puentes hacia un acuerdo de unión nacional, convocado por De la Rúa. La llegada de Felipillo sólo alcanzó para que se reuniera ayer con De la Rúa desde las 9 hasta las 11, cuando el ex presidente dejó por última vez Balcarce 50.

A su salida, González evitó hacer declaraciones para no referirse a cuestiones locales en medio de una crisis feroz y ya sin coalición posible. "Vine porque tengo una excelente relación con De la Rúa, gracias", dijo, mientras acompañaba a éste en su última salida por el Salón de los Bustos.

El secretario privado del ex presidente, Leonardo Aiello, había ido a buscar a Felipe González al hotel Sheraton, recién llegado de su país, dijo una fuente del ex gabinete delarruista.

"Menem no le podía decir que no a Felipe, pero las últimas 48 horas fueron voraces. Se devoraron al Gobierno", confió ese informante.

Felipe González, que retirado de la política activa preside ahora la Fundación Proceso Global, fue convocado a la Argentina por De la Rúa. Pero para entonces era demasiado tarde. No obstante, el vuelo emprendido por el líder socialista explica uno de los motivos por los cuales el ex presidente radical, atento a las formas, demoró la decisión de renunciar hasta que su permanencia se le hizo insostenible. Los combates en las calles se cobraban para entonces 26 muertes, la violencia era incontenible y la policía estaba a punto del colapso, ante el reclamo popular en pos de su renuncia.

Sin noticias

Por otra parte, el PJ no le contestaba a De la Rúa su convocatoria al "gobierno de coalición". No en forma oficial, aunque por canales extraoficiales, Menem y todos los gobernadores influyentes del PJ lo rechazaron de todas las formas posibles.

Ante esta situación, el ex presidente pretendía esperar la negativa formal de los justicialistas. Esto, creía él, pondría en evidencia que su caída respondía a una conspiración peronista y no a la debilidad de su gestión y al fracaso económico de la política que sostuvo.

Cuando Horacio Pernasetti, jefe del bloque radical de diputados, transmitió a la bancada del PJ la idea del gabinete bipartidario, los peronistas respondieron con un gesto y una frase. El gesto consistió en que el jefe de bloque, Humberto Roggero, pidió en público el juicio político de De la Rúa. Y la frase: "Es una irresponsabilidad prolongar la agonía en este estado de cosas. Será un baño de sangre. El Presidente debe renunciar ya", le contestaron.

Por eso, entre otros motivos, es que De la Rúa pretendió arrojarles la responsabilidad de la crisis a los peronistas. Pero ante estas demoras, el jefe de Gabinete, Chrystian Colombo, y el secretario general de la Presidencia, Nicolás Gallo, le insistieron para que apurara la renuncia y no la demorara más, según fuentes de la intimidad presidencial.

Sólo los jóvenes miembros del grupo "sushi", como los ministros de Turismo, Hernán Lombardi; de Educación, Andrés Delich, y el viceministro del Interior, Lautaro García Batallán, además del ministro del Interior, Ramón Mestre, alentaban la idea de hacer el último intento con el PJ y con Felipe González.

Pero en el Gobierno tenían información de que el PJ, incluido Menem, actuaba para acelerar la renuncia del Presidente. "El golpe institucional de Ramón Puerta en el Senado a fines de noviembre y el golpe financiero de principios de diciembre respondían a intereses confluyentes entre el PJ y los bancos", dijo ayer un ex ministro.

Luego vendría la restricción bancaria de los depósitos y los sueldos y un plan del establishment para introducir al menemismo en el Gobierno, con dolarización. "Cuando todo eso fracasó, vinieron los saqueos, con agitadores del PJ, y la situación se hizo ingobernable", confió ese ministro, según informes reservados que circularon.

Por eso, ni Felipe González pudo torcer el rumbo de la crisis.

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