El peligro de la inflación

Por Néstor O. Scibona Para LA NACION
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27 de diciembre de 2001  

A cuatro días de haber asumido la presidencia de la Nación, la receta de Adolfo Rodríguez Saá parece tan simple como riesgosa: decirle a cada sector lo que está dispuesto a escuchar. La ventaja de esta táctica es que compra tiempo para tratar de salir de la tremenda crisis social, económica y política que heredó. El riesgo es que cada vez que en la Argentina se gobernó así, las cosas terminaron mucho peor de lo que empezaron.

Por esta razón es que hoy la opinión pública oscila entre la necesidad de creer y el temor a un salto al vacío. El nuevo gobierno provisional, a su vez, lo hace entre la obligación de atacar los problemas más graves y la tentación de caer en el facilismo para no resolverlos.

Cuando un país atraviesa una crisis social, económica y política como la que está sufriendo la Argentina, se tiene la sensación de que la salida pasa cerca de la famosa trilogía de Churchill -sangre, sudor y lágrimas- con los atenuantes del caso y repartiendo el sacrificio de la forma más equitativa posible.

Sin embargo, hasta ahora los anuncios han tenido un tono de fiesta, incluyendo la descontada pero igualmente grave decisión de declarar la cesación de pagos externos, lo cual puede hipotecar varios años de crecimiento por ausencia de crédito.

Nadie lo dice con todas las letras, pero de movida hay dos perdedores natos: los acreedores externos y los ahorristas locales. La lista seguramente va a engrosarse, pero es prematuro saber con quiénes. Sí está claro, en cambio, que sigue prácticamente intacto uno de los causantes de la crisis: el enorme aparato político-burocrático del país, que ha dado lugar al hiperendeudamiento que los mismos políticos que lo engendraron ahora repudian.

Es más: probablemente el gasto y el déficit aumenten, sólo que financiados por un impuesto inflacionario que todavía no se ve, pero que no tardará en aparecer si la tercera moneda no convertible se emite sin control. La venta de la flota de autos y aviones oficiales es apenas una aspirina para una enfermedad terminal, si no viene acompañada de una política fiscal responsable y sostenible a mediano plazo, que no pasa por hipotecar inmuebles del Estado.

Eufemismos

La contradicción se ha zanjado apelando a los eufemismos. Se sigue hablando del "corralito" financiero, cuando en realidad los depósitos bancarios y las reservas han quedado dentro de una prisión de máxima seguridad. Se anunció el mantenimiento de la convertibilidad, pero es indudable que ya no es ni será posible conseguir un dólar a un peso. Para quien exporte o importe, el control de cambios -junto con el corte de crédito externo- puede ser una pesadilla o una oportunidad de fraude como en el pasado.

Y la puesta en marcha del plan para crear nada menos que un millón de puestos de trabajo no contiene ninguna evidencia de que ello pueda significar generación de valor agregado.

Es cierto que si la administración De la Rúa no hubiera fracasado tan estrepitosamente, muchos de estos problemas serían más manejables. Pero también lo es que hoy la política está resueltamente por delante de la economía. Por eso nadie puede estar seguro, hoy por hoy, de que todas las decisiones de dudoso diagnóstico puedan permanecer en el tiempo, cuando ya se ha abierto prematuramente la campaña electoral, la interna del PJ debería dilucidarse en las urnas el 3 de marzo y el actual presidente apuesta a ser un competidor más, a menos que en el ínterin vuelva a modificarse el cuadro político.

Con una economía más cerrada y menos libre, a manos de un sistema político también cerrado y que no genera confianza, la Argentina enfrenta el desafío de hacerse creíble para propios y extraños, y también el riesgo de agregarle inflación a su inédita recesión de cuatro años.

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