El peronismo, las dificultades de la Tercera Posición y el rey de Inglaterra

Damián Nabot
Damián Nabot LA NACION
La vigencia de la polarización complica al peronismo alternativo; Lavagna surge como una propuesta, aunque el exministro no está convencido; empresarios asustados por el avance judicial también hacen su apuesta
La vigencia de la polarización complica al peronismo alternativo; Lavagna surge como una propuesta, aunque el exministro no está convencido; empresarios asustados por el avance judicial también hacen su apuesta Fuente: Archivo
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22 de diciembre de 2018  

Alberto Fernández reconstruye en charlas privadas un diálogo con Sergio Massa . En la escena, el candidato del Frente Renovador le sugiere convencer a Cristina Kirchner de que desista de su candidatura para facilitar la unidad del peronismo y aumentar las posibilidades de vencer a Mauricio Macri en las próximas elecciones .

"¿Vos querés que yo le diga a alguien que tiene el 30% de los votos que se baje?", exclama Fernández en la respuesta y luego equipara: "¡Y yo quiero ser el rey de Inglaterra!". El peronismo elucubra sin descanso la fórmula para salir de la polarización entre Cristina Kirchner y Mauricio Macri. La cercanía de la campaña exacerbó las ansiedades con una novedad: incorporó al laboratorio político a un grupo de empresarios lastimados por causas judiciales.

Como Juan Domingo Perón en la Guerra Fría, la fraternidad de Massa, Miguel Ángel Pichetto , Juan Schiaretti y Juan Manuel Urtubey anhela abrir una Tercera Posición entre Macri y Fernández de Kirchner. Urtubey racionaliza la esperanza con sus propios argumentos: recuerda que las listas que apoyó Cristina Kirchner ya fueron derrotadas por Massa, Macri y Esteban Bullrich en las últimas tres elecciones. Así busca desmentir su condición de imprescindible.

Pero las ambiciones se obturan mutuamente. El peronismo alternativo necesita que la senadora desista de una candidatura para que sus esperanzas florezcan. Cristina Kirchner hace todo lo contrario: ahoga su orgullo por el objetivo superior de vencer a Macri y recibe a los dirigentes que en el pasado la criticaban, desde Hugo Moyano a Felipe Solá. La fraternidad de Massa, Urtubey, Pichetto y Schiaretti también debería estar atento a las enseñanzas de la historia: la Tercera Posición languideció sin prevalecer nunca sobre los polos de la Guerra Fría y, en 2012, el movimiento de países No Alineados terminó por quedar bajo la presidencia de Nicolás Maduro.

"Yo estoy dispuesto a dar un paso al costado", avisó el jueves Massa por televisión. En el interior de la fraternidad también reconocen que la Tercera Posición enfrenta dificultades de crecimiento.

Los experimentos opositores tienen a su favor que el círculo rojo se quebró. Las investigaciones judiciales por corrupción extendieron el malestar entre un grupo de empresarios que consideraba inverosímil verse procesado por sus negocios con el Estado.

Quienes dialogan con el banquero Jorge Brito aseguran que nadie le gana en su animadversión. Brito fue procesado por la causa Ciccone, en contra de lo que imaginaba para su futuro judicial. El inesperado allanamiento a la casa de Eduardo Eurnekian también movió los cimientos del círculo rojo. Y aún deben conocerse los motivos que impulsaron la decisión del juez Claudio Bonadio.

La calma no termina de regresar a las almas inquietas. Y la oposición cosecha los frutos de la adversidad al recibir una renovada atención de empresarios, en rubros diversos como industriales y laboratorios, que antes le corrían la mirada. Incluso el Instituto Patria se convirtió en un centro de peregrinaje de algunos ejecutivos. La condición que fija Cristina Kirchner es que la visita no sea del titular de la compañía, para acotar la posibilidad de filtraciones.

Pero se equivocan quienes imaginan a Mauricio Macri como el motor de las investigaciones judiciales que tienen a los empresarios bajo observación. Lo comprobó un funcionario que se encargó de sugerirle al Presidente avanzar a fondo en una renovación del sistema empresario argentino cuando la causa de los cuadernos de las coimas se encontraba en pleno vigor. El frío polar que recibió su entusiasmo lo convenció de no volver a intentarlo. Los oídos presidenciales están mucho más proclives a atender las advertencias sobre el impacto económico de la causa que a dejarse seducir por cruzadas morales.

Las prevenciones también pueden proteger a dirigentes políticos. El gobernador de Formosa, Gildo Insfrán, quedó fuera de los procesamientos de la causa Ciccone II, aunque en la víspera del fallo se lo escuchaba tan complicado como Brito.

Nadie lo consideró una mala noticia en la Casa Rosada. El procesamiento de Insfrán amenazaba con volcar definitivamente a sus senadores hacia el bloque de Fernández de Kirchner y quebrar la bancada que lidera Pichetto. En el peronismo ya habían advertido que otros lo seguirían.

En la búsqueda de una alquimia que permita quebrar los polos de la Guerra Fría entre Macri y Cristina Kirchner, un sector del peronismo encargó a diferentes encuestadores medir a Roberto Lavagna como candidato a presidente. El problema esencial es que el propio Lavagna responde que solo aceptaría competir si el resto desiste y se unifica a sus espaldas. Alberto Fernández podría insistir: "¡Y yo quiero ser rey de Inglaterra!"

La reaparición de Lavagna como un posible candidato llegó a oídos lejanos. Los representantes de una de las principales empresas financieras en Wall Street lo leyeron como una vía política que llevaría a una renegociación de la deuda. Así lo analizaron junto al estudio de abogados que los representa en Argentina.

El alza del riesgo país reside precisamente en la previsión de los mercados externos sobre las dificultades que enfrentará la Argentina para cumplir sus compromisos financieros a partir de 2020. La política despliega su danza electoral sobre una delgada capa de hielo.

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