El PJ crítico ya piensa en una opción a los Kirchner

Carlos Pagni
Carlos Pagni LA NACION
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16 de junio de 2008  

La interna del PJ ha estallado. El comportamiento de Néstor Kirchner en el conflicto con el campo se ha vuelto incomprensible para franjas cada vez más amplias de la dirigencia peronista. En una primera etapa, la dificultad para entender la estrategia oficial alimentó la tímida disidencia de gobernadores e intendentes. Contorsiones para evitar los costos de una política impopular, sobre todo allí donde el PJ se asienta en el voto rural.

Pero en los últimos días y, sobre todo, desde la emergencia en la que el país se sintió atrapado anteayer, esa corriente comenzó a adquirir un signo positivo. Se volvió operativa. Una red de destacados dirigentes del oficialismo ha sentenciado que el poder de los Kirchner no sobrevivirá a 2011 y comenzaron a organizar una opción presidencial para esa fecha.

Muchos de ellos creen que al Gobierno le será muy difícil imponerse en las elecciones legislativas del año próximo. Pero nadie se anima, por lo menos delante de un periodista, a aventurar qué sucedería si la agitación de la vida pública se llegara a profundizar, por razones deliberadas o aleatorias, antes de esos comicios.

Los sucesos de anteayer aceleraron esta inquietud. La detención, desautorizada por la Justicia, de Alfredo De Angeli; las declaraciones de los Fernández, impermeables al desasosiego que había dominado a la ciudadanía durante horas; la aparición de Kirchner en la Plaza de Mayo, apretujado por fuerzas de choque más que por militantes partidarios, y el intento de disolver con matones un cacerolazo en la vereda de la residencia de Olivos fueron comentados por muchos dirigentes peronistas como un rosario de jugadas irracionales.

Esas escenas funcionaron como la reducción a escala de un proceso más amplio y angustiante: una guerra de 100 días en la cual el Gobierno liquidó gran parte de su capital político, se aisló de importantes actores sociales y puso en cortocircuito a casi todos los sectores de la economía argentina.

Por eso, a partir de ahora, la que venía comportándose como una cadena de disconformes, pasará a organizarse como un polo de oposición interna a los Kirchner.

El grupo tomará el nombre de Unión Popular. A él pertenecen José Manuel de la Sota y el gobernador de Córdoba Juan Schiaretti, el senador santafecino Carlos Reutemann, los hermanos Alberto y Adolfo Rodríguez Saá (San Luis), el ex presidente Eduardo Duhalde, el diputado bonaerense Francisco de Narváez, el ex gobernador de Entre Ríos Jorge Busti, el senador de Salta Juan Carlos Romero, el misionero Ramón Puerta y Eduardo Arnold (Santa Cruz), entre otros justicialistas.

Este frente alternativo al kirchnerismo no es sólo un precipitado de la crisis del campo. Es también un espacio en el cual el agro cree encontrar, a falta de diálogo con el Gobierno, un dique para contener a Kirchner.

En los últimos 10 días los dirigentes de las entidades ruralistas estuvieron en contacto con este entramado peronista. Hugo Luis Biolcatti, de la Sociedad Rural, condujo a varios de sus colegas hasta San Luis para entrevistarse con Alberto Rodríguez Saá, el lunes pasado.

Base operativa

A su vez, el sindicalista de los trabajadores rurales, Gerónimo Venegas, organizó varias reuniones entre los ruralistas y Eduardo Duhalde. Se realizaron en la sede del Movimiento Productivo Argentino, base operativa del ex presidente.

Reutemann y Busti incrementaron sus diálogos con la conducción agropecuaria y Schiaretti impulsó a los intendentes del PJ cordobés a sumarse a los piquetes de su provincia cuando De Angeli fue capturado.

El vínculo entre De la Sota y Reutemann es el nudo central de esta red. Ellos están coordinados desde hace dos meses. Los ayuda coincidir en el mismo hotel cuando viajan a Buenos Aires. Se les suma el entrerriano Jorge Busti, quien mantiene un vínculo estrechísimo con Schiaretti, a quien secundó como ministro durante la intervención de Santiago del Estero, en 1994.

También el ex gobernador santafecino Jorge Obeid, quien acaba de unirse a Reutemann en las listas para las elecciones internas santafecinas.

Duhalde dedicó semanas a suturar viejas heridas. Se reunió con De la Sota, con quien quedó distanciado en 2003, cuando reemplazó al cordobés en su plan presidencial por Kirchner.

Después, Duhalde se encontró con Alberto Rodríguez Saá, a quien el jueves pasado señaló en Brasilia, delante de Lula da Silva, como “un modelo de gobernador”.

El gobernador puntano le corresponderá reconciliándolo con su hermano Adolfo, quien en diciembre de 2001 denunció un “golpe bonaerense” en su contra.

El minué rematará en otra cena del perdón. Duhalde reunirá a los Rodríguez Saá con De la Sota, que no se hablan desde aquel domingo de 2001 en que el cordobés envió un fax a la residencia presidencial de Chapadmalal para avisar que no llegaría por “problemas climáticos”. Adolfo Rodríguez Saá cayó a las dos horas.

La estrategia que preside este entramado del peronismo disidente tiene una premisa que fue definida durante la comida que Alberto Rodríguez Saá lideró anteanoche en una casona de San Isidro. “De la Rúa, en su debacle, sepultó a la UCR. Tenemos que salvar al peronismo del desastre al que puede llevarlo Kirchner”, dijeron.

La misma idea, en boca de Duhalde: “Hay que impedir que Carrió sea la depositaria del malhumor que el Gobierno está generando en los sectores medios. El peronismo debe ofrecer una opción a esos sectores”.

La premisa mayor sigue siendo que la Coalición Cívica no conseguirá convertirse en alternativa de gobierno y que, por lo tanto, cualquier equilibrio de poder deberá surgir de la implosión peronista.

Kirchner está controlando otro drenaje. Teme que la izquierda agraria de Eduardo Buzzi que preside la Federación Agraria termine organizando a desengañados de la transversalidad como Aníbal Ibarra, el intendente de Morón Martín Sabatella, Carlos Heller, el diputado Claudio Lozano o Víctor De Gennaro.

Duhalde, en cambio, se repite a sí mismo. En 2003, imaginó que por medio de Kirchner la clase media urbana bloquearía en un ballottage el regreso de Carlos Menem. Ahora, la tesis es similar: los Kirchner entraron en proceso de “menemización” frente al mismo electorado al que hay que ofrecerle un candidato potable.

En su menú figura el senador Reutemann y, si no, el jefe de gobierno porteño Mauricio Macri.Las dificultades del gobierno en Santa Fe, Córdoba y la Capital Federal conducen las maquinaciones del peronismo opositor a la provincia de Buenos Aires.

Nuevo bastión

El conurbano bonaerense se ha convertido de nuevo en el bastión demográfico oficial. Pero la lealtad de los intendentes sale cada vez más cara.

Lo sabe Daniel Scioli, a quien en ese universo le quedaron apenas tres aliados firmes (Hugo Curto, Sergio Massa, Raúl Otacehé), más por las vinculaciones de su hermano José que por su propio encanto.

Duhalde reabrió su quinta Don Tomás para trabajar esas debilidades en asados suburbanos. Se reconcilió con Felipe Solá; envía señales amistosas al despechado vicegobernador Alberto Balestrini (quien, a la vez, contrata a antiguos funcionarios de Solá en la Legislatura) y alienta a Francisco de Narváez como candidato a diputado para los comicios del próximo año.

El se reserva para otra batalla: le gustaría enfrentar a Néstor Kirchner si el santacruceño subiera al ring, convertido en bonaerense, para pelear una senaduría el año próximo. Dicen que el jueves próximo, con una proclama durísima, desde Mar del Plata, Duhalde formulará el desafío contra su antiguo ahijado.

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