El PJ, entre el gobierno de unidad o elecciones

La Asamblea debe resolver otra vez
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31 de diciembre de 2001  

El estallido interno del peronismo, mezclado con la crisis económica y social, que se fagocitó a dos presidentes en 10 días, dejó sólo dos cartas en manos de los diputados y senadores, que deberán elegir en forma urgente otro titular del Poder Ejecutivo.

La primera consiste en formar un gobierno de unidad de largo aliento, encabezado por un justicialista y apoyado por la UCR, ARI y los partidos provinciales. La otra, poner en funciones otro interinato y convocar a elecciones urgentes, antes del 3 de marzo fijado hace una semana.

El debate se instaló entre los legisladores del PJ desde el momento en que se confirmó la renuncia de Adolfo Rodríguez Saá y se entró en una espiral de confusión, en la que volvió a ser prioridad la convocatoria de la Asamblea Legislativa.

Lo que ocurre en la Argentina no podía preverlo ni la ley más fantasiosa. Primero renunció el hombre designado para reemplazar en forma interina a un presidente elegido por el voto popular y una hora después dejó el cargo Ramón Puerta, el titular del Senado, que debía ocupar la vacante.

La asunción como jefe del Poder Ejecutivo del peronista bonaerense Eduardo Camaño, presidente de la Cámara de Diputados, ocurre de acuerdo con una interpretación sui generis de la ley de acefalía, para evitar un vacío de poder sin precedentes.

La Asamblea Legislativa debería reunirse, aceptar la renuncia de Adolfo Rodríguez Saá, nombrar a Camaño por 48 horas y en ese lapso nombrar al próximo presidente.

Pero en la práctica Camaño ya asumió el Poder Ejecutivo y -por la fecha insólita en la que le cae esa responsabilidad- anunció que sólo podría convocar el plenario de legisladores para mañana o para el martes, de modo que se quedaría en el poder bastante más de lo que marca la ley.

En ese tiempo, el peronismo debe acelerar un proceso de acuerdo interno que será más difícil que nunca, tras las durísimas acusaciones vertidas por Rodríguez Saá durante su discurso de dimisión.

“Esto está fuera de todo lo racional. Tenemos que encontrar una fórmula que permita garantizar la continuidad de las instituciones”, admitió el peronista Carlos Soria, a cargo de la Comisión de Asuntos Constitucionales de Diputados.

Todo de nuevo

La salida de Rodríguez Saá deja fuera de vigencia toda la resolución que sancionó la Asamblea (sólo con el voto peronista y de un puñado de aliados) el domingo 23. En principio, queda sin efecto la convocatoria a elecciones y el sistema de lemas fijado.

El PJ bonaerense impulsa la formación de un gobierno de unidad que se mantenga hasta 2003, con un plan respaldado por el Parlamento.

“Lo ideal sería votar. Pero es una irresponsabilidad seguir haciendo proselitismo”, advirtió el bonaerense José María Díaz Bancalari, uno de los vicepresidentes del bloque peronista.

La tropa que maneja el frente de gobernadores que apoyaron a Rodríguez Saá -aseguraron dos mandatarios provinciales- también prefiere el gobierno de unidad, pero el caos en que entró el PJ no da margen para predicciones terminantes.

Otro sector, motorizado por José Manuel de la Sota (Córdoba) y por Néstor Kirchner (Santa Cruz), pretende que la Asamblea ratifique el llamado a elecciones. “El pueblo tiene que votar. ¿Vamos a probar otro nombre elegido por un Congreso desprestigiado?”, se preguntaba la senadora Cristina de Kirchner (Santa Cruz).

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