El PJ evita la desgastante puja interna con los lemas

Se decidió después de un arduo debate
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22 de diciembre de 2001  

Con el ceño fruncido, uno de los diputados peronistas que esperaban anoche que se definiera la sucesión presidencial tranquilizaba a uno de sus colegas: "Mirá, menos la ley de gravedad podemos modificar todo".

Discutían sobre una de las máximas preocupaciones de los justicialistas desde que el estallido social les devolvió el poder: cómo resolver la lucha interna del partido en tiempo récord y al mismo tiempo gobernar el país en medio de la crisis.

Se optó por una posición que convencía a pocos y que generó un fuerte debate en la reunión de los gobernadores peronistas en la que ayer se resolvió designar como presidente a Adolfo Rodríguez Saá: habrá elecciones para completar el mandato de Fernando de la Rúa y regirá -por única vez- la ley de lemas.

Para eso hay que cambiar el Código Electoral. "Era la mejor forma de evitar una puja interna. El peronismo se encolumnará para apoyar al candidato que elija la gente", indicó el jefe del bloque del PJ en Diputados, el cordobés Humberto Roggero.

Su jefe político, el gobernador José Manuel de la Sota, fue el impulsor del proyecto. Junto con Carlos Ruckauf (Buenos Aires) y Néstor Kirchner (Santa Cruz), argumentaba que no había otro camino que nombrar a un presidente interino y convocar a elecciones anticipadas.

Otro sector, que agrupaba a casi todas los gobernadores de provincias "chicas" (entre ellos Rodríguez Saá), prefería que la Asamblea Legislativa formara un gobierno de transición que ejerciera hasta 2003.

"No se puede sostener dos años un gobierno elegido por el Congreso. Si anunciamos eso, mañana tenemos a la gente en la calle pidiendo elecciones", reclamaban Ruckauf y De la Sota ante sus pares.

Pero sólo el cordobés pedía la ley de lemas. El resto la consideraba un instrumento dudoso, que podría ser cuestionado ante la Justicia.

Espera y ansiedad

"¿Es necesario tocar la ley de acefalía", preguntaba un asesor al diputado por Buenos Aires, vicepresidente del bloque, José Díaz Bancalari. "No, la acefalía ya se produjo. Hay que cambiar el Código Electoral".

Los diálogos de ese tipo se entrecruzaban en la antesala del despacho del Senado donde los principales líderes peronistas decidían el futuro político del país. En un espacio de cinco metros por tres, más de 20 diputados, algunos senadores y dirigentes de todo el país esperaban con ansiedad que se resolviera la sucesión presidencial. Circulaban fotocopias de la Constitución y del Código Electoral.

"Mejor que aplicar la ley de lemas sería convocar a elecciones internas abiertas simultáneas de todos los partidos unos días antes del comicio nacional", explicaba allí el diputado por Buenos Aires Jorge Casanovas.

La Constitución dispone que el Poder Ejecutivo será ejercido por la fórmula que consiga más del 50 por ciento de los votos o más del 45 por ciento si supera por 10 puntos a su principal competidor. La ley de lemas contempla que se sumen los porcentajes obtenidos por todos los sublemas de un mismo partido.

En el proyecto que el PJ tratará de aprobar en el Congreso se considera como "fórmula" al sublema más votado de cada fuerza (con el total de los votos). Sin embargo, en el partido persistían las dudas. Alguien podría reclamar que cada sublema se considere una fórmula y eso complicaría los planes del justicialismo.

Otro argumento de quienes se oponían a la ley de lemas era que en un momento en el que se requiere fortaleza política podría surgir un presidente votado por el 15 o el 20 por ciento del electorado.

Al final, dentro de la reunión, se impuso De la Sota. "No se puede resolver la elección interna si el país está en llamas. Era esto o dejar el gobierno elegido por la Asamblea", explicó uno de los gobernadores peronistas.

Aun así la decisión causó sorpresa. "Van a ver cómo crecerá el voto en blanco si presentamos tantos candidatos. Es insólito", murmuraba la diputada menemista Martha Alarcia.

Para modificar el Código Electoral el PJ deberá ahora conseguir apoyo de alguna otra de las fuerzas parlamentarias: se requiere una mayoría especial de dos tercios en ambas cámaras.

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