El Presidente, golpeado, sospecha de una escalada de violencia organizada

Duhalde recibió ayer un informe que alertaba sobre un plan que iba a durar 15 días
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27 de junio de 2002  

Eduardo Duhalde se quedó ayer sin lo que él consideraba uno de sus principales logros desde que asumió el poder: haber controlado la violencia en la Argentina y no tener que lamentar ningún muerto. El Gobierno vivió el peor de sus días cuando se desató el caos en el puente Pueyrredón durante el enfrentamiento entre policías y piqueteros, que tuvo como saldo dos muertos, 90 heridos y 160 detenidos.

El Presidente y todo su gabinete se refugiaron en la residencia de Olivos, donde sólo hubo tensión y preocupación extrema, que se reflejaba en los rostros de los funcionarios. Duhalde estaba golpeado, según describieron a LA NACION tres de sus ministros.

Buscó explicaciones de lo ocurrido reunido con sus principales funcionarios: el secretario de Seguridad Interior, Juan José Alvarez; el titular de la SIDE, Carlos Soria; el jefe de Gabinete, Alfredo Atanasof, y el ministro del Interior, Jorge Matzkin.

El Gobierno tenía, desde hace 48 horas, informes sobre posibles hechos violentos en los piquetes que estaban previstos para ayer, según admitieron ayer a LA NACION fuentes cercanas a la Secretaría de Seguridad Interior. La orden del Presidente fue no permitir el corte de los accesos a la Capital.

Alvarez y el ministro de Seguridad bonaerense, Luis Genoud, estuvieron todo el día en contacto siguiendo el desarrollo del operativo. Después del choque en el puente Pueyrredón, el gobernador bonaerense, Felipe Solá, se comunicó dos veces con Duhalde e intercambiaron la poca información que tenían hasta ese momento.

Solá, según indicó uno de sus allegados, le dijo a Duhalde que la policía bonaerense se "había defendido" de un "ataque organizado" sobre el cual su administración también tenía informes de que podría suceder.

Sólo por vías informales había comenzado una especie de disputa entre la provincia y el Gobierno por la responsabilidad que le cabía a cada fuerza en los hechos. "Yo tenía limitaciones concretas para actuar porque bajo mi mando están la Policía Federal, la Prefectura y la Gendarmería, no la policía bonaerense", dijo Alvarez en una de las reuniones de ayer.

El supuesto plan

Sin embargo, no deslindó responsabilidades en Buenos Aires. Anoche,en Olivos, Alvarez admitió que el operativo se coordinó con la policía bonaerense y analizaba con Genoud un refuerzo de la seguridad en los dos distritos para los próximos días.

El titular de la SIDE llevó a Olivos informes sobre un supuesto plan de un sector de los piqueteros destinado a "desestabilizar" al Gobierno con actos de violencia. Según informaron a LA NACION dos fuentes que participaron de la reunión más importante que hubo en Olivos, la conclusión del Gobierno es que lo que pasó ayer es parte de una escalada de violencia organizada, de la que no hay precisiones.

La información que se manejó en el círculo más estrecho del Presidente es que el grupo de piqueteros violentos pertenece a los movimientos Teresa Rodríguez, Aníbal Verón y los que responden a Raúl Castells.

Según Soria, existe un plan de acción de ese sector, que busca el manejo de los planes sociales y, como apuesta máxima, la caída de Duhalde, que iba a durar quince días y terminaba con una toma de la Plaza de Mayo, después de varios días de violencia.

La SIDE y la Secretaría de Seguridad Interior habrían detectado que ese plan se gestó en un local de Avellaneda llamado Gatica y, según fuentes cercanas a ambos organismos, no estaría vinculado con ningún sector político adverso al Gobierno.

Todas las fuentes consultadas por LA NACION (ministros y funcionarios del área de seguridad), coincidieron en que había una decisión previa de este grupo de que la protesta de ayer terminara con hechos violentos.

El Presidente decidió con sus funcionarios, además de reforzar la seguridad, hacer en las próximas horas un llamado a la población a contribuir con la investigación. "Va a ser una noche tensa", advirtió Alvarez.

El jefe de Gabinete, mientras tanto, en Olivos daba su visión de la situación: "Tengan confianza de que esto no va a recibir apoyo de la sociedad, lo que pasó no tiene nada que ver con lo del trágico 20 de diciembre (la represión que marcó el final del gobierno de Fernando de la Rúa)".

El Gobierno analizaba después de las 22 cómo será la convocatoria que hicieron distintos sectores para hoy, a las 16, en la Plaza de Mayo, en rechazo a los hechos ocurridos en Avellaneda.

Ante los informes que señalan una supuesta "escalada de violencia", Duhalde acordó con Alvarez mantener la política de no permitir que se corten rutas y accesos a la Capital.

El Presidente estuvo todo el día concentrado en la violencia desatada en Avellaneda y la misión que encabeza su ministro, Roberto Lavagna, para conseguir el acuerdo con el FMI. La expectativa es que el ministro traiga la promesa de que la semana próxima vendrá una misión para negociar el acuerdo. Cerca del Presidente, todos aseguraban anoche que las noticias sobre Lavagna no eran buenas.

Duhalde se quejaba anoche de que en el momento más difícil de la negociación con el FMI, y con un dólar disparado, se había producido lo que menos esperaba para su gobierno: violencia y muertos. No quiso hacer pro- nósticos sobre qué puede pasar.

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