El Presidente había ordenado frenar los desbordes como fuera necesario

Lo había dispuesto luego de reunirse con los jefes de las fuerzas de seguridad La creciente violencia durante los disturbios provocó desbordes inusitados Hasta anoche, había 65 policías con contusiones y cinco presentaban heridas de bala
Ricardo Larrondo
(0)
21 de diciembre de 2001  

Ante los incesantes actos violentos que se sucedieron ayer en la Plaza de Mayo y la represión desatada por la policía, todos se preguntaban, una y otra vez, quién había dado la orden de reprimir.

Algunos jefes de la Policía Federal coincidieron ayer en una sola respuesta: "El Presidente dijo que se tenía que cumplir el estado de sitio y usar la fuerza necesaria para contener a los violentos".

Fue así que ante la furia casi sin límites de los vándalos se contrarrestó con otro tanto de las fuerzas del orden. Casi como en una guerra, en muchas ocasiones, las reglas se perdieron y se sucedieron las muertes.

En la tarde de anteayer, poco después de que se dispusiera el estado de sitio, el presidente Fernando de la Rúa y el ministro del Interior, Ramón Mestre, se reunieron con los jefes de las tres fuerzas federales de seguridad: la Gendarmería Nacional, la Prefectura Naval y la Policía Federal.

Fuentes gubernamentales agregaron que las órdenes del Presidente, palabras más palabras menos, fueron las siguientes: "Hay que detener los saqueos y la inseguridad que ello genera. Utilicen la fuerza necesaria para restablecer el orden público".

Se supo que, luego de la citada reunión en la Casa Rosada, cada jefe de seguridad que estaba a cargo del teatro de operaciones que se suscitasen debía adoptar las medidas necesarias para que cesaran los hechos violentos y se cumplieran las restricciones del estado de sitio.

La pregunta de muchos fue cómo se frenaría el descontrol. Se dijo que la policía no poseía una tabla que le fijara cómo actuar para controlar y reprimir. El margen de riesgo, ante los crecientes desbordes, fue más amplio de lo esperado.

Desde temprano, la Plaza de Mayo fue el escenario de una lucha sin cuartel entre manifestantes y policías; horas después, la violencia se extendió a toda la zona neurálgica del microcentro.

Primero fueron piedras y objetos de todo tipo, los que fueron contrarrestados con gases, perdigones de goma y bastonazos. Luego, toda racionalidad se vio superada.

En los momentos críticos, según varios testigos, se cruzaron balas de ambos bandos. Algunos vándalos, exaltados, tomaron revólveres y abrieron fuego. Policías cansados, rodeados y desbordados por el temor, también lo hicieron.

Hasta el cierre de esta edición, 65 policías recibieron contusiones y heridas cortantes. Cinco de ellos recibieron heridas de bala, dos de los cuales fueron durante los hechos violentos registrados en la Plaza de Mayo.

"Cuando la adrenalina corre a mil por hora y la tensión crece, no es fácil distinguir en medio de los disturbios y los piedrazos quiénes son unos y otros. Por supuesto que se persigue a los que están cometiendo hechos violentos, pero también puede haber gente ajena que resulte lastimada. Siempre en estas circunstancias hay un margen de error", explicó ayer uno de los oficiales de la Guardia de Infantería.

Caras apesadumbradas que mostraban una excesiva fatiga mezclada con incertidumbre eran moneda corriente anoche cuando LA NACION recorrió los pasillos del Departamento Central de Policía.

Suboficiales vestidos de civil, que cargaban sus bolsos de mano y sus mochilas ingresaban cabizbajos en Moreno 1550 para prestar servicio. Muchos de ellos ya habían participado de las refriegas de la mañana. Algunos conversaban sobre los hechos violentos en el conurbano, donde muchos viven con sus familias, a las que ahora habían dejado solas.

Mientras esperaban en un costado del Patio de las Palmeras, sólo prestaban atención a una radio en la que se informaba que seguían los disturbios en el Centro. Luego, dejaron de hablar y, desesperanzados, fueron a vestirse con su ropa de combate.

Reprimir, la última instancia

  • LA PLATA.- Desde que comenzaron los saqueos, la orden emitida por el ministro de Seguridad, Juan José Alvarez, fue evitar un baño de sangre. Incluso mantuvo esa postura luego de que el Poder Ejecutivo Nacional decretó el estado de sitio.
  • Los policías, según las directivas de Alvarez, debían actuar siempre al lado de la Justicia e intentar disuadir a los manifestantes de que no atacaran la propiedad privada. La represión era la última instancia. "Se trata de una carga muy pesada", dijo un vocero del ministerio.

    Afirmaciones

    Rubén Santos

  • "De ninguna manera me siento culpable por las muertes. No creo que nuestras armas hayan sido las causantes."
  • Juan José Alvarez

  • "El desborde social ocurrido en las últimas horas en nuestro país responde claramente al fracaso del Estado nacional en la política nacional."
  • ADEMÁS

    MÁS LEÍDAS DE Politica

    Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

    Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.