El Presidente quiere un acuerdo con el PJ

Intentará que los gobernadores se comprometan con la transición, pero ellos le exigen que antes defina el plan económico
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30 de diciembre de 2001  

Adolfo Rodríguez Saá conoció en la madrugada de ayer lo que nunca vivió en San Luis, donde gobernó 18 años: gente protestando en la puerta de la sede del poder, gritando que se fueran "los corruptos" y hasta con algunos hombres dispuestos a tomar por asalto la Casa Rosada.

La situación casi lo desbordó en los primeros minutos del cacerolazo. En su despacho presidencial analizaba la situación con su hermano, Alberto, y con sus otros dos hombres de absoluta confianza: el secretario general de la Presidencia, Luis Lusquiños, y el titular de la SIDE, Carlos Sergnese.

Todo empeoró cuando él ya estaba en Olivos. Casi no durmió y citó allí en la mañana de ayer a sus funcionarios, a banqueros y legisladores. Estuvo todo el día de reunión en reunión y hablando por teléfono con los gobernadores peronistas. Por primera vez desde que asumió el poder, hace tan sólo seis días, se le borró la sonrisa.

El rostro de la euforia dio paso a la cara seria con huellas de tensión.

El Gobierno no esperaba una madrugada de cacerolazo y violencia tan pronto. Un asesor de Rodríguez Saá contó que temían reacciones, pero para la semana próxima, y si no había señales económicas concretas para aliviar a la "sublevada" clase media (así la definen). Los adolfistas subestimaron además, según reconoció uno de ellos, un reclamo callejero contra los funcionarios cuestionados.

La primera decisión que tomó el Presidente frente a la protesta fue suspender una ronda de entrevistas con medios gráficos y radiales que estaba programada para la mañana.

Después, Rodríguez Saá pidió a los catorce gobernadores del PJ (habló con todos varias veces) apoyo político para gobernar. Esto, según contaron a LA NACION tres gobernadores y dos fuentes del Gobierno, significa sellar ya un pacto que comenzaría con el acuerdo para un nuevo gabinete.

Los gobernadores justicialistas no están dispuestos a sumarse a la gestión del dirigente puntano, pero sí podrían hoy ofrecer hombres de su confianza para integrar el Gobierno.

En las distintas conversaciones exigieron al Presidente (los más enfáticos fueron Carlos Ruckauf, Carlos Reutemann y José Manuel de la Sota) que primero defina un plan económico, que en el mismo Gobierno admitían hace 24 horas no tener.

El éxito de la convocatoria a la reunión de hoy en Chapadmalal dependerá de que el Presidente envíe por fax o mail (según el pedido de los gobernadores) el plan económico con el que piensa aliviar la crisis.

La mayoría de los gobernadores, incluso los que más trabajaron para que Rodríguez Saá llegara a la presidencia, están muy molestos con los anuncios que hizo el Presidente en sus primeras horas en el poder; los tildan de "inconsultos" y "ambiciosos". Casi ninguno de los anuncios que hizo Rodríguez Saá fue convalidado por los principales hombres del PJ.

El otro punto de discordia son los hombres que eligió el Presidente para gobernar. "Hay que reconciliar a los argentinos y llevar al Gobierno a gente con experiencia y sin prontuario", dijo ayer Ruckauf a LA NACION.

La exigencia de los gobernadores para acordar con El Adolfo (como le dicen al Presidente) es que se desprenda de personajes conflictivos para el PJ y para la gente.

Reutemann se quejó ante el Presidente porque ahora en su provincia tiene cacerolazos por culpa de que él designó a los santafecinos José María Vernet y Víctor Reviglio (sobre cuyo pasado se informa por separado). "El Lole está que trina", contó ayer a LA NACION un gobernador.

Enojo cordobés

"Si querés, dejá a Rodolfo Gabrielli (ministro del Interior), pero sacate de encima a los otros. Y, aunque no sea santo de mi devoción, poné a Jorge Remes Lenicov en el Ministerio de Economía", le dijo ayer De la Sota.

El gobernador de Córdoba es uno de los que más enfurecidos están con la vertiginosa gestión presidencial. Según contó a LA NACION una fuente que goza de su confianza, De la Sota hasta duda de su asistencia a la reunión de hoy en Chapadmalal a la que convocó ayer el Presidente.

Ruckauf también comentó a sus colaboradores que no iría si no le envían un plan concreto. En caso de que el gobernador no viaje, el senador Eduardo Duhalde iría a Chapadmalal, según él mismo adelantó a LA NACION.

"Estamos en un clima de guerra civil. El gabinete debe renunciar", dijo públicamente, e insistió en que se debe respetar el acuerdo que hizo el PJ para tomar el poder: convocar a elecciones para el 3 de marzo. Esa es la otra cuestión de fondo que llevó al PJ a una feroz batalla: la intención de Rodríguez Saá de continuar hasta 2003.

Según dijeron a LA NACION dos gobernadores que integran el Frente Federal (grupo de poder interno que llevó a Rodríguez Saá a la presidencia), el Presidente podría expresar públicamente en la cumbre de hoy su compromiso de cumplir su mandato de 60 días y llamar a elecciones.

"Es tiempo de gobernar y no de votar. Propongo lo que le hice saber a De la Rúa hace 18 meses y no entendió; un gran acuerdo nacional entre el jefe del Estado y los gobernadores", afirmó ayer a LA NACION el gobernador bonaerense, que, de golpe, cambió su postura de mantener la convocatoria a elecciones, a las que él estaba dispuesto a presentarse.

Esa definición dejaría a De la Sota y a Néstor Kirchner (gobernador de Santa Cruz) como los más decididos a embestir contra la pretensión de Rodríguez Saá. LA NACION confirmó que en el círculo íntimo presidencial hay una operación política destinada a aislar a esos gobernadores.

Mientras tanto, algunos gobernadores del Frente Federal estarían dispuestos a ceder la convocatoria a elecciones si es que Rodríguez Saá modifica su forma de gobernar cambiando el gabinete y acordando con los gobernadores las próximas medidas.

Sólo después de la cumbre justicialista en Chapadmalal, Rodríguez Saá estaría en condiciones de exhibir un nuevo gobierno y, sobre todo, como le reclaman los gobernadores, un plan económico que no tuvo antes ni después de su llegada al poder.

Ejes del cacerolazo

Hugo Franco

  • El secretario de Asuntos Militares fue director de Migraciones en el gobierno de Carlos Menem. Lo investiga el juez Jorge Urso por su presunta participación en una organización que prometía trabajo y documentos a inmigrantes chinos. Su nombre también fue coreado en el cacerolazo de anteanoche.
  • Julio Nazareno

  • El presidente de la Corte Suprema de Justicia y sus colegas estuvieron en el centro de los reclamos de transparencia, ya que la gente reclamó anteanoche en la calle la renovación del alto tribunal, que ganó su fama de parcial y poco transparente durante la gestión presidencial de Carlos Menem.
  • Carlos Menem

  • El ex presidente fue uno de los más insultados en el cacerolazo de anteanoche, pese a que no ocupa cargos públicos. Es el jefe formal del PJ y su gestión (1989-99) fue sospechada de innumerables actos de corrupción. Estuvo preso cinco meses por el contrabando de armas, hasta fines del mes último.
  • Matilde Menéndez

  • La ex interventora del PAMI en la gestión menemista debió dejar la obra social de los jubilados por un escándalo por supuestas coimas en contratos con clínicas psiquiátricas. Anteayer se mostró en la Casa de Gobierno; por la noche fue insultada en los cacerolazos.
  • José María Vernet

  • El ministro de Relaciones Exteriores, a cargo en forma interina de Defensa, fue gobernador de la provincia de Santa Fe de 1983 al 87. Su gestión enfrentó varias denuncias por irregularidades. Se lo vinculó con el vaciamiento del Banco Provincial, el otorgamiento irregular de créditos y otros hechos.
  • Víctor Reviglio

  • El secretario de Políticas y Regulación Sanitaria ucedió a Vernet en la gobernación santafesina. Su gestión sufrió un aluvión de denuncias. Su vicegobernador, Antonio Vanrell, fue destituído en medio de un escándalo por la compra de un millón de dólares en juguetes a empresas inexistentes.
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