El Presidente se niega a que la custodia lo vigile muy de cerca

Dos decretos obligan a las fuerzas de seguridad a seguir a todos lados al jefe del Estado
Mariano Obarrio
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31 de mayo de 2003  

Desde que asumió como presidente de la Nación, el domingo último, Néstor Kirchner mantuvo sus costumbres de gobernador y rechazó la custodia presidencial, misión que tiene asignada una división especial de la Policía Federal con sede en la Casa Rosada, lo cual generó una considerable tensión entre el jefe del Estado y los efectivos de la seguridad presidencial.

Así, el Presidente no hizo más que exigirles a los efectivos que incumplan dos decretos que los obligan a custodiar la institución presidencial. El jefe de la División Custodia Presidencial, comisario Ricardo Pedace, planteó la inquietud al jefe del Gabinete, Alberto Fernández, confiaron a LA NACION fuentes gubernamentales.

Además, la transmitió a los secretarios privados de Kirchner y a los mandos naturales de la custodia, el jefe de la Policía Federal, comisario general Roberto Giaccomino, según confirmaron fuentes policiales.

El conflicto comenzó cuando Kirchner resolvió el martes último hacer un viaje relámpago a Entre Ríos sin custodia ni edecanes. El traslado del Presidente sorprendió a toda la División Custodia Presidencial, que quedó desairada en Buenos Aires.

Esa falta de comunicación de Kirchner con su seguridad llevó a la custodia a poner en marcha el mecanismo de "cobertura disimulada": no es otra cosa que resguardar al Presidente a la distancia, contra su propia voluntad, y procurar que los agentes policiales no sean descubiertos por Kirchner.

"Desde el viaje a Paraná, no han dejado que el Presidente se desplazara solo. Pero trataron de no ser descubiertos", dijo a LA NACION una fuente inobjetable de la estructura presidencial.

La obligación de la custodia de acompañar al jefe del Estado a sol y a sombra está establecida en los decretos 333/58 y 236/2000.

No sólo debe acompañar al Presidente en todos sus desplazamientos aéreos o terrestres, sino prestar un servicio de carácter adelantado, de inspección previa en todo territorio hacia el que se dirija el Presidente.

Los vehículos o aviones en los que viaja el jefe de Estado deben llevar a bordo a personal de la Casa Militar y al jefe o subjefe de la custodia.

Nada de esto cumple Kirchner. El tema no es menor: la vida del Presidente es una cuestión de Estado.

El incidente de Entre Ríos motivó un operativo de custodia disimulada para el viaje que Kirchner hizo anteayer a Formosa y para el que ayer realizó a Río Gallegos acompañado de su esposa, la senadora Cristina Kirchner.

Insistencia

Nuevamente, Kirchner viajó a Santa Cruz en el Tango 10, un avión Lear Jet de la Fuerza Aérea. En este caso, el operativo de cobertura disimulada de la custodia fue realizado debido a las previas versiones que tenían los efectivos de la seguridad presidencial, que enviaron gente a Río Gallegos.

En ningún caso recibieron notificación de los secretarios de Kirchner de que viajaría a Río Gallegos.

Algunos vinculan esta indiferencia y la falta de comunicación con un inminente descabezamiento de la Policía Federal por parte de Kirchner. Otros, con la lógica falta de costumbre de los presidentes que apenas asumidos sienten la custodia como una invasión personal intolerable, tensiones que luego se aflojan con el tiempo.

Pero tras el incidente de Entre Ríos, la custodia se ofreció a acompañar al Presidente; fue Kirchner quien les envió a avisar que no aceptaría ningún tipo de custodia. Los agentes se empeñarán en acompañarlo, aunque sea a las escondidas: sus cabezas rodarían si ocurriera una desgracia; además, deben cumplir con la ley.

No digieren aún en su autoestima el corte en la frente que sufrió Kirchner el domingo de su asunción, justamente por alejarse de ellos.

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