El próximo presidente surgirá debilitado y deberá buscar apoyos

Proyecciones del gobierno de Kirchner
Gabriel Sued
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14 de mayo de 2003  

La renuncia de Carlos Menem a competir en el ballottage del próximo domingo causará el efecto que el ex presidente busca, al menos según la óptica de sus opositores: debilitará la legitimidad del próximo jefe del Estado. La conclusión surge del análisis de cinco académicos de prestigio consultados ayer por LA NACION, ante la inminencia del anuncio de Menem.

Tres sociólogos, un politicólogo y un psicólogo político coincidieron en que Néstor Kirchner deberá lograr una base de consenso mayor que la conseguida hasta ahora para gobernar hasta 2007.

"Desde el punto de vista institucional, la decisión es gravísima: genera una situación de deslegitimación del futuro presidente. Kirchner asumiría habiendo perdido la primera vuelta y con apenas el 22% de los votos, en un contexto de suma debilidad", explicó el decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Federico Schuster.

En ese sentido, el sociólogo consideró que Kirchner "deberá buscar un mecanismo de legitimación o plebiscito".

El cuadro también es delicado según el sociólogo Ricardo Sidicaro, para quien la decisión de Menem "obligará al próximo presidente a encontrar bases de consenso suplementarias". Sidicaro consideró, sin embargo, que la fortaleza del próximo gobierno dependerá de lo que haga del 25 del actual en adelante para lograr el apoyo de la ciudadanía.

Si bien coincidió en que la determinación de Menem debilitará a Kirchner, Carlos Gervasoni, politicólogo y profesor de la Universidad Torcuato Di Tella, advirtió que incluso si hubiera ganado la segunda vuelta el postulante del oficialismo habría tenido que "afrontar un gobierno de coalición, que incluya a otros sectores políticos".

El sociólogo de la UBA Horacio González, por su parte, consideró que la decisión del ex presidente fue provocada por una determinación previa de la ciudadanía.

"Ahora percibió que la montaña de desconfianza y aversión que provoca su nombre ya no era un humor sólo difuso o apenas doctrinario, sino un estado colectivo que simplemente busca generar otro capítulo de la historia nacional."

El sistema, en juego

Para el profesor de psicología política de la UBA Narciso Bembenaste, en tanto, la legitimidad del próximo gobierno dependerá en gran medida de los acuerdos de gobernabilidad que consiga y no tanto de la decisión de Menem.

"Más allá del impacto inicial, no creo que afecte mucho a la gestión de Kirchner. Tampoco afecta al sistema democrático porque este acontecimiento está previsto dentro de la legalidad del régimen", indicó Bembenaste.

En este punto, las opiniones están divididas. Con Bembenaste coincidió Gervasoni, que dijo que no ve la forma en que esta decisión afecte al sistema democrático. "La consecuencia más grave -analizó el politicólogo- se da en la relación votantes-políticos. La mayor parte de la sociedad tenía derecho a expresar su antimenemismo en las urnas, así como la gente que quería apoyarlo. Y Menem se los impidió."

El profesor de la Universidad Torcuato Di Tella agregó que, además, se trata de una nueva promesa incumplida de los políticos. "Un día antes de dimitir Menem aseguró que ganaba y que iba a pelear hasta el final".

Sidicaro y Schuster, en cambio, afirmaron que la suspensión del ballottage perjudica la consolidación de la democracia. "Si en la cultura política se introduce la posibilidad del acortamiento del mandato presidencial está en juego la viabilidad de proyectos políticos", expresó el primero.

Con tono aún más grave, Schuster advirtió que no es nada bueno para la democracia que una elección se resuelva sobre la base de las encuestas y sostuvo que este suceso "es un golpe al sistema institucional y democrático que conspira contra la consolidación del restablecimiento de la normalidad institucional".

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