El radicalismo y el Frepaso rechazan la ley de lemas para las elecciones

Sólo aceptan que el sucesor interino de De la Rúa se defina por consenso político
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22 de diciembre de 2001  

Pese a sus escasas horas en el poder, el justicialismo enfrentará hoy una fuerte oposición en la Asamblea Legislativa. Tanto el radicalismo –que acaba de abandonar el Gobierno– como el Frepaso, Alternativa para una República de Iguales (ARI) y los partidos provinciales anticiparon que rechazarán la decisión del PJ de convocar a elecciones presidenciales en 60 días por medio de la ley de lemas.

“Es un disparate que sea la población la que defina por una ley de lemas la disputa del PJ, que aún no puede decidir un candidato”, se quejó anoche el titular del bloque de senadores radicales, Carlos Maestro (Chubut).

El senador radical y un grupo de dirigentes de la UCR, encabezados por el presidente del comité nacional, Angel Rozas, sintetizaron la posición unánime del partido: que el candidato del PJ que se designe hoy en la Asamblea Legislativa complete el mandato del ex presidente Fernando de la Rúa hasta 2003. Es decir, que no haya elecciones anticipadas y, mucho menos aún, que esa compulsa sea por medio de la ley de lemas.

Los radicales argumentaron que, en medio de una crisis social y económica como la que expulsó a De la Rúa del poder, no se puede generar una disputa electoral que enrarezca el clima político. Propusieron, entonces, que el nuevo gobierno se erija con un gran consenso político. “Nuestro interés no es pelear con el justicialismo sino, por el contrario, contribuir a un gobierno de consenso”, dijo Rozas, acompañado por el titular del bloque de diputados del radicalismo, Horacio Pernasetti.

Los radicales debieron improvisar una conferencia de prensa en el Senado después de que el peronismo anunció su estrategia para resolver la situación institucional de acefalía. Estaban deliberando en un hotel de Costa Salguero y tuvieron que abandonar el lugar raudamente cuando escucharon a los dirigentes del PJ.

Desde el Frepaso, el diputado Darío Alessandro opinó que “un presidente que surja por la ley de lemas asumirá con una profunda deslegitimidad”.

El firme rechazo del radicalismo y de sus aliados frepasistas podría complicar los planes del PJ, que para designar al gobernador puntano Adolfo Rodríguez Saá como presidente interino necesita la mitad más uno de los legisladores de cada cámara.

El partido radical intentó ayer tomar distancia del fracaso de su gobierno. Los dirigentes de la UCR culpan por ello a los “errores” cometidos por De la Rúa y a la influencia que éste tuvo de su círculo íntimo.

De esta manera, buscaron atenuar las consecuencias que tendrá sobre el partido el desalojo precipitado del ex mandatario. Con esta justificación de la realidad los radicales imaginan una activa participación en el Congreso y una pronta recuperación de sus posibilidades electorales.

“No es un partido que pueda desaparecer tan fácilmente –aseguró Maestro a LA NACION–. La Argentina es un país de caudillismos; nuestras chances electorales van a depender del surgimiento de nuevos líderes.”

Hay varios hechos que demuestran que, en las últimas horas de poder, el partido dejó solo a De la Rúa.

Fue Maestro quien le aconsejó presentar su renuncia cuando se dio cuenta de que el estallido social era imparable. Hasta anoche, el comité nacional de la UCR, presidido por Rozas, no había emitido un comunicado oficial respecto de la renuncia presidencial.

A la vez, nadie defendió al ex presidente en la Asamblea Legislativa, que aceptó su dimisión, pese a que algunos diputados delarruistas lo habían propuesto a sus pares.

“Este no fue el gobierno de la UCR, sino el del círculo íntimo del Presidente. El radicalismo no tuvo nada que ver con las decisiones de la Casa Rosada”, dijo el crítico Leopoldo Moreau.

Tensa relación

  • La relación entre el partido radical y el Gobierno nunca fue óptima. La administración delarruista siempre se caracterizó por ignorar la estructura partidaria. En la última semana, Angel Rozas y los jefes parlamentarios advirtieron al menos en tres oportunidades al jefe del Estado sobre el peligro de un estallido social y reclamaron un urgente cambio de rumbo económico. “Lo voy a estudiar”, fue la sistemática respuesta del ahora ex presidente. “El Gobierno se aisló solo –ensayó un dirigente alfonsinista–. La falta de pertenencia que sentimos todos hizo que pareciera que tomamos su renuncia con indiferencia.”
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