El segundo llanto de Macri y otras intimidades del G-20

Fuente: Reuters
Por fuera de la luz pública, la cumbre incluyó cambios de planes inesperados de los mandatarios y falsas alertas de seguridad
Alan Soria Guadalupe
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3 de diciembre de 2018  

La emoción de Mauricio Macri en el Teatro Colón duró bastante más de lo que mostraron las cámaras. Al término del show Argentum, los mandatarios subieron al Salón Dorado, donde los esperaba una larga mesa con arreglos florales y platos típicos argentinos. En la cena, el Presidente tenía previsto dar un breve discurso de agradecimiento a los líderes, pero todavía no había podido controlar el llanto. Pidió cinco minutos, que se convirtieron en diez y en un abrazo con Angela Merkel y otro con Emmanuel Macron. Después, habló. Más tarde, recuperado, pero aún conmovido, Macri llamó al equipo que preparó la gala y al jefe de la Unidad Técnica G-20, Hernán Lombardi, para felicitarlos.

Más allá de la declaración de consenso y de la "tregua de Buenos Aires" en la guerra comercial entre Estados Unidos y China, la cumbre del G-20 dejó una abultada pila de anécdotas. A las lágrimas de Macri se sumaron las negociaciones para coordinar la agenda paralela de algunos líderes que querían conocer la ciudad, la fastuosidad de los sauditas o los desajustes inesperados en los traslados planeados al milímetro.

Necesidades naturales

Faltaban apenas unos minutos para que comenzara el retiro de mandatarios en Costa Salguero, la primera actividad de la cumbre. Algunos líderes ya habían iniciado su agenda, como los miembros del Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), que se reunieron temprano, o los que firmaron el "nuevo Nafta", el acuerdo comercial de EE.UU., México y Canadá. Todos tenían cronometrados los traslados al predio de la cumbre del G-20. Estaba todo preparado para que se cumplieran los horarios, pero no se pudieron evitar los imprevistos. "¿Cómo hacés cuando tenés todo preparado pero a uno se le ocurre ir al baño? ¡Alterás toda la cadena!", contó a LA NACION uno de los funcionarios centrales en el detrás de escena del evento. Hubo dos mandatarios que alteraron sensiblemente el cronograma por sus necesidades naturales.

Macri lloró al final del espectáculo en el Teatro Colón

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El armado de la agenda oficial demanda el trabajo de todas las delegaciones, pero hay otras actividades que también requirieron reuniones de alto nivel: la intención de los mandatarios de hacer turismo. Cuando faltaban cuatro días para la cumbre, hubo encuentros entre las delegaciones extranjeras, la Unidad Técnica, representantes del gobierno porteño y del Ministerio de Seguridad de la Nación para evaluar la logística para garantizar la seguridad de los líderes que querían recorrer la ciudad. Macron quería ir a una librería y caminar las calles porteñas y Merkel tenía planeado visitar una parrilla. Otros mandatarios tenían planes, como caminar por San Telmo u hospedarse en Pilar, como el príncipe saudita (que impactó a las delegaciones por la parafernalia de sus custodios). Pero el Gobierno lo desaconsejó.

La seguridad de los líderes hizo que los custodios y las fuerzas de seguridad nunca bajaran la guardia durante la cumbre. Eso se hizo evidente cuando se vivió un inesperado momento tenso en la sala plenaria. Macri había encargado una torta para festejar, delante de todos, el cumpleaños de su par chileno, Sebastián Piñera. Cuando la moza dejó el postre frente al mandatario y algunos empezaron a cantar, se bajó sutilmente la iluminación del salón. Los custodios, que no estaban enterados, intercambiaron miradas incómodas. Pero solo duró un instante.

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