El triunfalismo invadió todos los despachos de la Casa Rosada

Los funcionarios hicieron propia la victoria sobre Menem
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15 de mayo de 2003  

"Vinimos como un grupo de bonaerenses desconocidos. Tenían fantasías de que íbamos a arreglar con éste y con aquel, que íbamos a cag... a tiros a todos, y ahora, después de un año y cinco meses de gestión, nos retiramos como lords ingleses. Y a eso no lo empaña nada".

La frase, pronunciada a LA NACION por uno de los ministros más influyentes del gabinete, ilustra sin eufemismos el espíritu de triunfo que reinaba ayer cerca de Eduardo Duhalde.

Este estado de ánimo persistió incluso a pesar de que los funcionarios manifestaron en más de una oportunidad su preocupación por el daño institucional que provocará la renuncia de Carlos Menem al ballottage.

En el Gobierno resultó difícil ocultar la satisfacción ante la resignación expresada por la capitulación del archienemigo de Duhalde.

En la Casa Rosada interpretaron que el Presidente y su entorno seguían siendo los protagonistas indiscutidos de un triunfo en todos los frentes.

Fuentes consultadas por LA NACION coincidieron en señalar que esa victoria se produjo tanto ante el caudillo riojano -que asumió su derrota "de la forma más egoísta y humillante"- como frente a la sociedad -"que es consciente de que contribuimos a la paz social, al saneamiento institucional y a la estabilización económica"-.

Este último punto es justamente el principal caudal político que quienes participaron de esta administración pretenden llevarse cuando abandonen sus funciones, el 25 del actual.

Con euforia

"Menem buscó dañarlo a Duhalde y por transición al proceso que encarnó, que fue la normalización del país, pero no lo logró... Ahora Duhalde terminó como el ganador, y con él, nosotros", dijo un secretario de Estado que prefirió el anonimato.

Un ministro que no se decidió a hablar oficialmente coincidió con la visión. "Nuestro triunfo es el de aquellos que llegamos a un gobierno debilitado, sin ningún capital político, que lo arriesgamos todo en la gestión y que un año y medio después nos vamos por la puerta grande".

Otro ministro que sí rompió el silencio fue Juan José Alvarez. El titular de la cartera de Justicia y Seguridad dijo que el triunfo de la gestión que se va es el de haber contribuido a la paz social desde la absoluta precariedad de legitimidad en la que, aseguró, se asumieron las tareas.

"Si hay un éxito de esta gestión fue ése, porque demuestra que la legitimidad de origen no es tan determinante como la acción de gobierno. Eso sienta un precedente para las nuevas autoridades", dijo a LA NACION.

El vicejefe de Gabiente, Julián Domínguez, manifestó que "el Gobierno puede estar satisfecho porque se cumplió con los objetivos previstos". "El lunes, nadie se va a acordar de estos exabruptos de Menem. Lo que va a quedar en la memoria colectiva es que Duhalde cumplió con sus palabras y logró normalizar institucionalmente a la Argentina", afirmó.

El ministro de Interior, Jorge Matzkin, tuvo una visión similar. Dijo que el proceso democrático no se ha visto empañado, y que "hay que desdramatizar los acontecimientos", ya que, ironizó, "la vida institucional continúa".

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