Empezó con el pie izquierdo

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15 de mayo de 2003  

Néstor Kirchner acababa de terminar su discurso de ayer en el Hotel Panamericano cuando sonó un teléfono en la Redacción de LA NACION. Desde uno de los grupos industriales más fuertes del país alguien alzó la voz de alarma: "Empezó con el pie izquierdo".

Quería decir que empezó mal pisado -esperaba unas palabras más cercanas a la magnanimidad que a la barricada, comentó- y quería destacar también su perplejidad ante un mensaje que consideró sesentista , por su color ideológico y su carga de resentimiento.

En una multinacional que sufrió la muerte de dos ejecutivos a manos del terrorismo, la alusión del presidente electo "al mayor aparato represivo que le haya tocado vivir al país" fue vista al menos como inoportuna.

De político a presidente

Desde un banco de inversión en Wall Street, un analista de mercados emergentes que acababa de leer en los despachos de las agencias noticiosas las palabras de Kirchner saltó en su asiento: "¿Pero este señor no aprendió nada después de haber hablado con Lula y con Lagos?".

En los Estados Unidos -contó, para marcar el contraste-, todas las acciones y palabras del presidente de Brasil son seguidas con sorprendida admiración. "Supo leer muy bien los signos de los tiempos y, sobre todo, supo que una cosa era ser dirigente gremial y otra, muy distinta, presidente de una de las diez mayores potencias industriales del mundo."

Hombres de los negocios y de las finanzas que buscan interpretar los acontecimientos políticos desde una perspectiva desapasionada sostenían ayer que no es el tono claramente progresista de Kirchner lo que los inquieta, sino el hecho de que no pareció percatarse de que el candidato debería haberle dejado ya su lugar al presidente. El dirigente político, al hombre de Estado.

Pero enseguida agregaban que por un par de nubes cargadas no puede hablarse de tormenta.

Alguien recordó ayer que el propio Eduardo Duhalde reconoció hace poco en una entrevista que estaba arrepentido de sus excesivos ataques al sector financiero en los tiempos en que se estrenaba en la presidencia.

Como suele ocurrir cuando llega un nuevo ocupante a la Casa Rosada, especialmente en circunstancias críticas, la dirigencia empresarial que se manifiesta orgánica y públicamente cerró filas ayer en torno del gobierno que está por instalarse.

El mensaje más explícito en ese sentido fue el de la Unión Industrial Argentina (ver en esta misma página).

"Preocupante"

Pero no es allí sino en las conversaciones reservadas donde afloran los temores por lo que se consideró un mensaje llamativamente virulento y salpicado de rencor.

Un alto directivo de una empresa automotriz europea no salía de su asombro. "Es un discurso retrógrado y preocupante, y para decir lo que dijo mejor habría sido que se callara. No sé por qué agrede a sectores con los que necesariamente tendrá que trabajar para sacar al país de esta terrible crisis", disparó.

Ya anteayer el campo de los negocios empezó a conmoverse, no tanto por la inminente deserción de Carlos Menem a la segunda vuelta electoral, sino por lo que aparece como una inevitable fractura del justicialismo.

A los hombres que se manejan con números, las cuentas de la gobernabilidad, así, todavía no les cierran. Y se preguntan en qué momento Kirchner se bajará de la tribuna para empezar a entenderse con el establishment.

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