En El Chaltén, patriotismo

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15 de diciembre de 1996  

EL CHALTEN.- No hay manifestaciones de patriotismo efectista en este pueblito ubicado a 10 kilómetros de los Hielos Continentales y a 30 de Lago del Desierto.

Nadie necesita usar escarapelas, ni se ven carteles chauvinistas en las calles ni adentro de las casas, y en el solemne acto escolar de fin de año celebrado anteayer, el reclamo de soberanía sobre los hielos en disputa sólo fue la fervorosa entonación de la tercera estrofa del Himno Nacional:"Sean eternos los laureles, que supimos conseguir". El sentimiento profundo, como las cosas verdaderamente auténticas, va por dentro.

La falta de pasión manifiesta, que no es lo mismo que la indiferencia, no ha desalentado al desfile incesante de periodistas de medios nacionales que visitan este apartado enclave casi a diario en busca de símbolos de resistencia al acuerdo suscripto entre los presidentes de Argentina y de Chile, basado en una poligonal que, a esta altura, casi ningún santacruceño se anima a defender.

El lunes último le tocó el turno al programa Telenoche, que organizó un acto en la plaza mayor con la presencia de la senadora Cristina Fernández de Kirchner y el apoyo de las autoridades locales, transmitido en horario central, en vivo, para todo el país.

Para juntar a unos treinta lugareños, Alvaro Masci, el presidente de la comisión de fomento local, se pasó el domingo llamando uno por uno a los pobladores, pidiendo que además de concurrir embanderaran sus casas con la insignia patria para crear un telón de fondo apropiado a la circunstancia.

A muchos chaltenenses eso les cayó mal. No quieren que se confundan sentimientos con manipulación. "Nos pararon junto al mástil y nos ordenaron: uno, dos, tres, ahora hay que tocar bocina y gritar. Como mono no soy, nos fuimos al bar, pusimos Pink Floyd y vimos todo por televisión", dijo el guía Alberto del Castillo, quizá el argentino que mejor conoce los hielos, enemigo acérrimo de la poligonal.

Himno por asado

"Me fui cuando me dijeron que si no me subía a la tribuna, no comía asado. Yo había ido a cantar el Himno, no a comer asado", se quejó Antonio Cirilo Rojo, de 62 años, habitante de la zona de toda la vida, el último sobreviviente de los pioneros de este lugar.

Para el intendente Masci, el acto salió bárbaro. "Yo tenía mis dudas, pero cuando lo vi por televisión me encantó", se entusiasmó el delegado del gobernador: "Cómo habrá sido que hasta lo pasaron en el programa de Mariano Grondona."

"Yo sé que hay un manejo político, pero si nos usan y sirve para algo, bienvenido sea", coincidió Hugo Macías, el empleado estatal encargado de manejar la usina eléctrica.

En todo caso no son arengas de patriotismo mediático ni lecciones de geopolítica lo que reclaman los pobladores de este paisaje sonado, sino títulos para sus tierras y coherencia por parte del gobierno nacional.

Soberanía libre de impuestos

Sentado en la cocina de su casco de la estancia San José, Rojo recuerda su infancia en lo que luego se convertiría en el pueblo de El Chaltén, mientras apura una taza de café.

"Mi padre se instaló en 1917. Con los Halvorsen, Madsen y los Bierk, fuimos los primeros ocupantes de estas tierras. Criábamos ovejas y teníamos bueyes para trabajar las carretas. Nuestros padres eran más patriotas que nosotros, porque habían elegido este país para venir desde tierras lejanas. Cantaban el Himno a Sarmiento, la Canción de la Bandera. Hoy en día ni el Himno Nacional se canta", recordó el pionero.

En 1963, Ricardo Arbilla compró una estancia cerca de Lago del Desierto, próxima al límite con Chile. Dos años más tarde, un destacamento chileno quiso instalarse en sus tierras. "Los carabineros fueron a ver a papá y le dijeron que si aceptaban cambiar de bandera, no tendría que pagar impuestos", relató Alberto Arbilla, en ronda de mate en la estancia que perteneció a su padre.

La emoción del recuerdo llena sus ojos de lágrimas. "Papá les contestó que La Florida era territorio argentino y se fue a hacer la denuncia por radio. Llegó el Ejército y se produjo el enfrentamiento en que murió el teniente chileno Merino Correa".

Durante un tiempo la zona se llenó de gendarmes y policías, pero no hubo otros enfrentamientos armados. Pasaron dos décadas. Cada tanto venía una comisión de cartógrafos argentinos o algún alpinista europeo a escalar el Fitz Roy. Todos paraban en lo de los Rojo o los Halvorsen.

Después llegó la fundación de El Chaltén en 1985. La idea del entonces gobernador Arturo Puricelli era poblar la zona cercana a las dos fronteras que faltaban demarcar:Lago del Desierto y Hielos Continentales.

La importancia estratégica de la fundación benefició a los pobladores. En poco tiempo tuvieron su escuela, dos ambulancias, repetidora de televisión, alumbrado, policía propia, agua corriente. Todo esto para un pueblito con una incipiente industria de turismo de aventura.

"Desde el fallo de Laguna del Desierto viene mucha gente solamente a ver la laguna", apunta Alex Outeiral, otro guía chaltenense. "Cuando la ven, muchos lloran de emoción".

En 1987, unos 800 turistas visitaron El Chaltén. El año pasado, con la publicidad del fallo arbitral, llegaron 12.000 personas. Este año la atracción principal es la excursión a los Hielos Continentales, que se cotiza entre 75 y 100 pesos por día.

A pesar del aislamiento por la falta de diarios y revistas, que la señal de ATC no termina de suplir, los chaltenenses saben lo que está en juego con los Hielos Continentales y no dudan en señalar al diputado Juan Carlos Olima, autor de la famosa poligonal, como el villano de la película.

Pero el tema no los obsesiona. Más les preocupa plantar álamos para frenar las ráfagas de viento que sacuden sus casitas. Mucho más, la burocracia que les impide a todos ellos comprar los terrenos que habitan.

De pronto, irrumpió la opinión pública

Fue la semana de los hielos continentales. Y la del efecto boomerang que tuvo el acuerdo Menem-Frei del martes último.

¿Por qué la semana de los hielos? Porque por primera vez desde que existe el litigio, la cuestión de los hielos continentales se transformó en un tema nacional y de vasta difusión en la opinión pública.

El dato es importante, porque cuando un tema trasciende de la esfera estrictamente técnica para convertirse en un interés realmente compartido por la ciudadanía en general, allí comienza a definirse su posible futuro en la esfera política.

¿Por qué el efecto boomerang? Porque el factor detonante para que el caso de los hielos continentales se transformara en un tema de interés generalizado fue, sin duda alguna, la repercusión masiva generada por la firma del protocolo adicional entre Carlos Menem y Eduardo Frei en Santiago de Chile.

La firma del protocolo adicional produjo una escalada de declaraciones y comentarios en todos los niveles que asegura, de ahora en más, una discusión más profunda sobre los motivos y los fundamentos que se esgrimen para aceptar o rechazar el acuerdo Menem-Aylwin.

Debate y excesos

Como en todo debate masivo, los argumentos en favor y en contra pueden ceder fácilmente a la tentación de los excesos verbales.

Varias veces se escuchó en la semana el extremo calificativo de "traidor a la patria" dedicado al diputado Juan Carlos Olima, diseñador de la cuestionada poligonal cuando era vicecanciller, o al propio canciller Guido Di Tella, como impulsor del acuerdo.

Esa crítica peca de injusta para ciudadanos argentinos porque implica restringir, inclusive, hasta la posibilidad de equivocarse de buena fe en la presentación de una propuesta política. Coinidentemente, también en Chile hubo acusaciones de "traidor a la patria" para el inspirador real de la poligonal, el director de fronteras de la Cancillería chilena, Javier Illanes. Las emociones nacionalistas no suelen expresarse en matices.

Pero el debate serio sí puede producir, de ahora en más, un salto favorable para quienes sostienen que el reparto salomónico de la poligonal es una clara pérdida de 1057 kilómetros cuadrados para la Argentina.

Como en la vieja leyenda salomónica, es en el momento de la partición inevitable cuando la legítima madre más se resiste al reparto. Y todo indica que crecen en la Argentina las voces contra esa mutilación y que son más las voces en Chile que hoy miran con aprobación la poligonal. Es un dato indicativo como para tener en cuenta.

Duda pendiente

Queda en el aire la gran duda de por qué Menem quiso apurar a ultranza la ratificación parlamentaria obteniendo como resultado un efecto inverso al deseado.

No hay una explicación fehaciente aún. El propio Menem publicó una solicitad con su firma el miércoles, en la cual justificó la búsqueda de una solución definitiva sobre la base de la integración económica en tiempos de la globalización. No parece suficiente explicación.

¿Hay alguna razón de Estado adicional, tal como ofrecer una ayuda extraordinaria al gobierno de Frei para consolidar la democracia en Chile y disminuir así la siempre ingrata influencia militar en los asuntos políticos trasandinos?

Si así fuera, es una de esas razones que no pueden defenderse públicamente. Pero también parece que una concesión territorial por no analizar como corresponde la geografía de la región es un precio muy grande para una nación.

Olima se abstendrá de votar

El diputado frepasista Juan Carlos Olima anunció ayer que se abstendrá en la votación por la ratificación parlamentaria por el tratado de los Hielos Continentales.

El ex vicecanciller, autor de la línea poligonal que se impulsa como solución definitiva al último conflicto limítrofe con Chile, explicó que "por razones de conciencia" no votará ni en favor ni en contra de la ratificación del acuerdo.

En un comunicado, justificó su postura: "No quiero y no debo, en el manejo de esta cuestión, hacerme cargo de los errores políticos del Gobierno Nacional. En particular, desde que dejé el cargo de vicecanciller en febrero de 1992, no hubo voluntad para informar adecuadamente al pueblo argentino".

El ex vicecanciller añadió que "esas falencias llevan hoy a que la opinión pública se pronuncie mayoritariamente en contra del acuerdo".

Olima sostuvo que "siempre he considerado que nada debe hacerse contra la opinión mayoritaria de los argentinos. De modo que no puedo oponerme a los sentimientos por ellos expresados y menos al de aquellos que se sienten más afectados: los compatriotas santacruceños".

El diputado, se excusó de considerarse responsable de esa solución:"El canciller (Guido Di Tella), el Presidente y el gabinete nacional aprobaron ese mecanismo".

Cancillería, decisión con error de ortografía

En la "desición 405 M 20" del jefe de Gabinete (así circula en la Cancillería), en su Anexo III, referido a los funcionarios diplomáticos, aparecen 13 cargos políticos, 33 embajadores políticos, 13 consejeros y 14 secretarios de primera de la SIDE, además de la descripción del personal de carrera. Al margen del error de ortografía, que no es extraño en los medios de comunicación -con el atenuante de que se trabaja contra el huso horario y en la burocracia contra el uso mensual- sorprende la cantidad de cargos de hombres ajenos a la carrera diplomática.Entre los 13, el conocido jurista Héctor Masnatta, representante en la Comisión Europea para la Democracia por el Derecho o Comisión de Venecia. También sorprende que el canciller dijo que en julio de 1997 habrá 25 embajadores políticos y en la "desición" hay 33, y por último, sorprende la cantidad de (espías se decía antes) funcionarios (se dice ahora) de la SIDE de nivel diplomático medio. Los de rango superior no están en el Anexo III.

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Después de mucho preguntar se pudo saber que el canciller Di Tella, ante la denuncia formulada el miércoles último por La Nación, respecto de que en la "desición" aparecen 33 embajadores políticos para 1997 en contra de los 25 que él dispuso por un decreto ampliamente divulgado, se preocupó por hallar el hilo del asunto. El y La Nación, después de vencer impericias varias pudieron averiguar que los 8 embajadores políticos de más con respecto al límite puesto por el decreto responden a las vacantes que están en el presupuesto de este año y que se pasó para el próximo, pero que de todos modos eso no significa que deberá haber 33 embajadores ya que por encima de la "desición" está el decreto.

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La comentada "desición" no registra la existencia del Consejo de Embajadores, aunque sea el único que tiene un capítulo dedicado, por la ley del servicio exterior. Hasta ahora dependía del canciller, pero a partir de ahora su existencia parece navegar en piloto automático por el horizonte del Palacio San Martín.

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