En la cumbre del Mercosur hubo buenos deseos y una silla vacía

Los líderes de la región expresaron en Montevideo su apoyo para la Argentina
Jorge Elías
(0)
22 de diciembre de 2001  

MONTEVIDEO.- Quedó una silla vacía. Y, con ella, una agenda pendiente. Como una cita con un fantasma o un mensaje sin respuesta en el contestador. ¿Qué iban a hacer, entonces, cinco presidentes que, hasta anteayer, poco antes de que el caos derivara en la renuncia de Fernando de la Rúa, habían confiado en la posibilidad de que asistiera, al menos un ratito, a la cumbre del Mercosur?

Nada. Pasaron lista, se miraron entre sí, rubricaron acuerdos previstos y emitieron una declaración conjunta en la cual reclaman cooperación y apoyo para la Argentina de los organismos financieros con tal de que alce su frente, cure sus heridas y siga adelante. ¿Gestiones? No, según el presidente del Uruguay, Jorge Batlle, por una sencilla razón: "Estoy en la terra ignota ", dijo.

Como todos, en realidad. En especial, sus pares Fernando Henrique Cardoso (Brasil), Luis González Macchi (Paraguay), Ricardo Lagos (Chile) y Jorge Quiroga (Bolivia), corridos, antes del mediodía, por la decisión de volver a sus respectivos países con el estigma de la silla vacía como palo en la rueda para toda discusión que fuera más allá de las meras especulaciones sobre el futuro de la Argentina.

"Hasta que la región no se estabilice no sabemos qué va a pasar -dijo Batlle-. Ni lo que va a suceder en la propia Argentina. El nuevo gobierno deberá hacer algunas reflexiones sobre la causa de la renuncia del señor presidente De la Rúa."

En buenos deseos, o rotundos consuelos, se centró, finalmente, la cumbre. Que terminó antes de lo previsto con el dilema, en cuestiones de solidaridad, de respaldar a un pueblo en crisis o a un presidente en retirada.

Dilema uruguayo

"Es un dilema, cierto -dijo a LA NACION el ministro de Industria, Energía y Minería del Uruguay, Sergio Abreu-. Pero nosotros apoyamos al país sin reparar en los problemas específicos, porque no podemos opinar sobre asuntos internos. La Argentina es demasiado creativa y confiamos en que saldrá adelante."

La Argentina tendrá la presidencia pro témpore del Mercosur desde el 1° de enero. Hasta entonces, o antes, Batlle deberá esperar para el virtual traspaso. En principio, el diplomático más antiguo de la delegación pudo haber sido el receptor. Pero la misión encabezada por el ex vicanciller Horacio Chighizola partió anteanoche y los presidentes acordaron celebrar otra cumbre, también en Montevideo, para cumplir con la formalidad del acto.

En su momento, con tal de no transferir el poder a un peronista como Ramón Puerta, De la Rúa canceló sus viajes al exterior: Chile, Ecuador y Colombia. Sólo dejó en carpeta esta cumbre porque era de forma, y de fondo, que estuviera en la transferencia. La silla vacía terminó siendo el reflejo de un caos en el cual Cardoso, en particular, no creía. Ni Lagos, en diálogo con el ex presidente argentino hasta último momento. Ni Batlle, por más que no haya hablado con él en los últimos días.

"Es condición esencial que esta situación se supere dentro de la democracia -dijo Batlle-. Estamos viviendo circunstancias excepcionales que nos habilitan a redoblar esfuerzos en materia macroeconómica para conjurar los sistemas de cambios de la región."

Riesgo de contagio

El revuelo argentino ha introducido un fenómeno relativamente nuevo: el riesgo de contagio de la inestabilidad política, más que el eco de los quebrantos económicos. Las crisis, no tan graves como en Buenos Aires, han echado chispas en la Venezuela de Hugo Chávez y en el Brasil de Inacio Lula Da Silva, candidato presidencial por el izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), considerados potenciales peligros, según muchos, para la estabilidad regional.

"La Argentina pasó a ser la cuestión primordial -dijo el canciller brasileño, Celso Lafer-. La crisis es política y cabe al Mercosur político contribuir con lo que pueda ante la grave situación. El cuadro es difícil y complejo, por lo que transformó la agenda del Mercosur."

¿Borrón y cuenta nueva? Algo así mientras el Mercosur, por sí mismo, enfrenta un período difícil de integración, sobre todo por los cortocircuitos entre el Brasil y la Argentina. Pero la silla estaba vacía y, sin arreglo interno, era imposible avanzar en algo más trascendente que un llamado a la solidaridad. Lavado, si se quiere. O descafeinado. Como una cita con un fantasma o un mensaje sin respuesta en el contestador.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Politica

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.