En marzo se movilizarán a fondo sectores católicos

En diversos actos, la Iglesia sustentará su histórica posición
Mariano De Vedia
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29 de febrero de 2004  

En el más alto pronunciamiento de la Iglesia desde la controversia suscitada en torno de la candidatura de la abogada penalista Carmen Argibay a la Corte Suprema de Justicia, la voz de Juan Pablo II, que pidió al gobierno argentino proteger el valor de la vida, tuvo un solo destinatario: el presidente Kirchner, que tendrá en sus manos, en definitiva, la misión de llenar la vacante en el alto tribunal.

En términos doctrinarios, el Papa no hizo más que ratificar la posición de la Iglesia frente al lacerante tema del aborto, que cada año afecta a medio millón de mujeres en la Argentina.

En este delicado asunto, el Papa ratificó la postura que antepone el derecho a la vida del sujeto más débil a la defensa del derecho de la mujer de usar su propio cuerpo. Sin mencionar el caso Argibay -algo impensable en el muy cuidado estilo de la Santa Sede-, el Pontífice fue muy claro al reclamar que la Argentina siga haciendo oír en los foros internacionales su posición en favor de la defensa de la vida.

En términos diplomáticos y políticos, lo hizo frente al embajador designado por el propio presidente Kirchner en una de las sedes más observadas cuando se estudian los nombres para renovar el elenco de embajadores ante un cambio de gobierno.

Si la voz del Papa no agregó una coma a la histórica posición de la Iglesia, ¿por qué tanto revuelo? Por la oportunidad elegida, ante el escenario político que se está jugando en la Argentina -frente a la cobertura de un cargo de decisiva importancia en el más alto tribunal de Justicia-, en un mes en que los sectores católicos prometen movilizarse a fondo para sustentar su posición en contra del aborto.

Para el jueves 25 de marzo está prevista la celebración del Día del Niño por Nacer, una fecha establecida en 1998 por impulso del entonces embajador argentino ante la Santa Sede, Carlos Caselli, como un compromiso del gobierno de Carlos Menem por mantener un firme respaldo de la defensa de la vida humana desde el momento de la concepción.

La fecha coincide con el día en que la Iglesia celebra la fiesta de la Anunciación del Señor -nueve meses antes de su nacimiento, en Navidad-, y ese día distintas organizaciones católicas realizarán un "Rosario por la vida naciente" en la plaza Pizzurno, frente al Ministerio de Educación. Además, el cardenal Jorge Bergoglio participará del cierre de una jornada en la Universidad Católica Argentina.

No casualmente, el Episcopado argentino declaró el 3 del actual que el país necesita "leyes que promuevan la vida" y recordó que la Constitución nacional reconoce, a través de la incorporación del Pacto de San José de Costa Rica, la vida desde el momento de la concepción.

En su discurso, el Papa repasó el contenido de la nota doctrinal referida al "compromiso y la conducta de los católicos en la vida política", difundida en enero de 2003 por la Congregación para la Doctrina de la Fe. Allí está plasmada la recomendación a los dirigentes y legisladores para que en su acción política tutelen "el derecho primario a la vida desde su concepción hasta su término natural", identificando como contrarias al orden moral las leyes civiles en materia de aborto y eutanasia.

Difícilmente haya un tema al que el Papa se haya dedicado con tanto énfasis en su largo pontificado, que el 14 de marzo se convertirá en el tercero más largo de la historia de la Iglesia.

Una palmada más

Al margen de la referencia del Papa al tema del aborto, el embajador Carlos Custer se llevó otro consejo del jefe de la Iglesia, que sonó a reproche, en un tema por demás importante.

El representante argentino planteó en la presentación de las cartas credenciales un tema sensible en los últimos años a los oídos de la Iglesia, como los arduos problemas que conlleva para los países emergentes la renegociación de la deuda externa, un asunto que la Iglesia identificó más de una vez con la usura.

Pero ayer, el Papa, también dentro de ese estilo que le da primordial importancia a la elección de las palabras y al tono en que se dicen las cosas, alentó a superar la grave coyuntura económica con imaginación, pero "sin eludir responsabilidades ni escatimar esfuerzos". Un consejo que también tuvo al presidente Kirchner como único destinatario.

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