En voz baja, hubo críticas al manejo de la crisis con el agro

Lousteau fue el eje de los comentarios; intimidades del palco
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2 de abril de 2008  

"Diez puntos, pibe. No aflojés. No aflojés." En su avanzada hacia el palco de celebridades kirchneristas, Hugo Moyano se topó con Martín Lousteau. Lo abrazó, lo felicitó por el discurso de anteayer, en la Casa Rosada, y le pidió coraje para afrontar el cotilleo que lo tiene como eje dentro del palacio.

De Lousteau se habló en los dos palcos -tal vez los más grandes que se recuerden en la Plaza- y en los pasillos de la Casa Rosada. De él y del esquema de retenciones móviles que en el oficialismo adjudican al ministro. También de todos los derivados de la medida, lógicamente: desde el paro y los piquetes del campo hasta el "ataque" a la legitimidad del Gobierno que acusa el kirchnerismo.

La curiosa escena de Moyano y Lousteau resultó una síntesis del abanico reunido ayer bajo el techo kirchnerista. Moyano, luego, se ubicó en el palco junto con sus más amigos: el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido; el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, y los sindicalistas Julio Piumato (judiciales) y Omar Viviani (taxistas). Hablaron durante todo el acto. Lousteau, en cambio, se acercó más al canciller Jorge Taiana.

Al ministro de Economía casi lo dejan fuera del palco donde se ubicaron casi todos los gobernadores y ministros -a la izquierda del escenario-. "No hay más lugar", lo frenaron. "El sí, él sí", gritó un custodio. Y Lousteau pasó a los empujones.

Desde la tribuna siguieron la escena el piquetero Luis D Elía, la ex senadora Vilma Ibarra, Juan Manuel Abal Medina (secretario de Gestión Pública), Fernando Melillo (subsecretario de Medio Ambiente), la legisladora Gabriela Cerruti, María José Lubertino (titular del Inadi) y el jefe de Cascos Blancos, Gabriel Fuks, entre otros.

La cuestión es que ese vallado de patovicas no interrumpió el camino de Lousteau, pero sí el de la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner.

Con las Madres de Plaza de Mayo, la cuñada de la Presidenta se dirigió al palco de la derecha. Allí estaba Estela de Carlotto, que saludó a todos. Uno: el legislador Diego Kravetz. Otra: la diputada Victoria Donda. A esa tribuna llegó, al rato, con el acto empezado, Emilio Pérsico, el piquetero que trompeó junto a D Elía a los caceroleros de la Plaza de Mayo el martes último.

De rivales a compañeros

El acto también reunió en un mismo palco a intendentes del conurbano con grupos de ex adversarios políticos. Por ejemplo: coincidieron los peronistas Julio Vitobello (director de la Sigen), Guillermo Oliveri (secretario de Culto) y María Laura Leguizamón (diputada nacional) con Abel Fatala (director de AySA), Eduardo Hecker (presidente de la Comisión de Valores) y Roberto Feletti (vicepresidente del Banco Nación). Fueron tremendos rivales durante la gestión porteña de Aníbal Ibarra. Eran "peronistas" contra "progresistas", pero hoy están del mismo lado. Milagros del kirchnerismo.

Lógicamente, a funcionarios, sindicalistas, gobernadores, intendentes, piqueteros y líderes sociales los unió ayer la política. ¿De qué hablaron? Primero, de Lousteau y las retenciones. "El pibe se equivocó y toda la situación se manejó mal. Pero, igual, acá no hubo mucha autocrítica." Lo dijo un funcionario peronista muy respetado por sus compañeros de militancia. Vale como síntesis.

También se habló de tres gobernadores: Juan Schiaretti (Córdoba) y Oscar Jorge (La Pampa), que faltaron, y Mario Das Neves (Chubut), que vino después de cuestionar los modos en que el Gobierno condujo la crisis con el agro. Nada de esto es gratis en el kirchnerismo. "Mi presencia conspiraba contra el diálogo", justificó el cordobés. Das Neves sufrió miradas congelantes de la Presidenta. Su salvación, explicaron en la delegación chubutense, tendrá que llegar del lado de De Vido.

Finalmente, hubo un debate sobre la necesidad de una "defensa del gobierno nacional y popular", slogan con el que el Gobierno presentó su demostración de fuerza de ayer. La mayoría de los consultados la consideró "un exceso". Si bien casi todos opinaron que el conflicto había ingresado en una etapa de confrontación política, pocos aseguraron ver el supuesto "ataque" a la autoridad presidencial.

Una vez concluido el ritual de masividad kirchnerista, la Presidenta se recluyó en su despacho. Kirchner la siguió, aunque para no generar comentarios entró por una puerta lateral. Piedra libre. Más tarde, repitió lo que solía hacer cuando era presidente: se dirigió derechito a la oficina de Alberto Fernández, pegada a la de la jefa del Estado. De eso también se habló en los pasillos de la Rosada.

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