Enojado, Kirchner monitoreó la crisis

Respaldó al gobierno provincial y sugirió que hay una alianza entre la UCR y el PO
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10 de mayo de 2007  

Néstor Kirchner se enfureció apenas se enteró ayer por la mañana de que una marcha de los empleados municipales de Río Gallegos había terminado con represión y 18 heridos. Dijo entre sus ministros cercanos que en la provincia que gobernó 11 años existe un intento para desestabilizar el gobierno local y, sobre todo, para dañarlo a él personalmente, cuando faltan cinco meses para las elecciones.

Desde que recibió la noticia, monitoreó la situación todo el tiempo por teléfono. Además, se ocupó de que el ministro del Interior, Aníbal Fernández, aclarara que la policía santacruceña no había usado balas de plomo, sino "postas de goma". De paso, en Interior aclararon que no había habido participación alguna de la Gendarmería Nacional.

En lo más alto del Gobierno no se condenó la actitud de la policía: explicaron que lo que hizo la fuerza fue impedirles a los manifestantes pasar hacia la gobernación con dos máquinas viales y otras 15 que venían detrás.

La tensión que se vivió ayer en la Casa Rosada fue extrema. La primera decisión que tomó Kirchner, dijeron a LA NACION dos ministros, fue enfrentar la crisis sin ceder a "las presiones de cambios" en el poder provincial, en referencia al pedido de remoción del gobernador Carlos Sancho que se oyó durante la marcha de anteanoche.

"Kirchner no va a cambiar a Sancho ni a nadie", enfatizó anoche a LA NACION un funcionario que estuvo reunido con su jefe varias horas. También se descartaba ayer en lo más alto del poder que se fueran a adelantar las elecciones en Santa Cruz.

"Acá, si quieren cambiar algo, que se sometan a la democracia", afirmó otro funcionario cercano a Kirchner.

Hasta anoche, tampoco había una decisión de reforzar aún más la seguridad en la tierra presidencial. Hoy custodian la casa del matrimonio Kirchner en Río Gallegos y la de El Calafate 256 gendarmes, que están a disposición de Sancho para actuar en otras situaciones, como custodiar algunas escuelas.

La teoría de Kirchner es que hay una asociación entre el Partido Obrero y el radicalismo santacruceño, encabezado por el intendente de Río Gallegos, Héctor Roquel, para desestabilizar la provincia. "Están buscando un muerto", dijo uno de los hombres de confianza del Presidente.

Kirchner admite que cedió ante la presión de los gremios docentes al armar una mesa de diálogo en la que participa el gobierno nacional. Pero, se queja ahora, cuando se llegó a la conciliación obligatoria, los huelguistas cruzaron una línea: fueron a insultar a su madre. Cuando, en medio de la madrugada, Kirchner recibió esa información, estalló.

Para colmo, se sumaron ayer al conflicto los municipales, con Roquel a la cabeza: "Si esto no es político, ¿qué es?", dijo anoche el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli.

Por ahora, la tensión sube y la salida no está clara. El Presidente, que calificó de "patoteros" a los docentes, esta vez no condenó la represión: "Los violentos son ellos. Están provocando", dijo, según otra fuente.

La única negociación abierta es con el gremio docente y se desarrolla en el Ministerio de Trabajo. Kirchner niega que la provincia esté en llamas. Incluso, ratificó en la intimidad que su hermana Alicia sigue siendo su opción electoral en Santa Cruz.

Pero por ahora no hubo anuncio y la ministra de Desarrollo Social no apareció por Río Gallegos. Ni el matrimonio Kirchner planea volver a la ciudad mientras siga la tensión.

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