Entraron en el país grupos vinculados con Al-Qaeda

Daniel Gallo
Daniel Gallo LA NACION
Los primeros ingresos se registraron hace siete meses; buscarían reclutar futuros extremistas
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2 de septiembre de 2005  

Cinco grupos del movimiento fundamentalista Jamaat Tabligh, vinculado con la organización Al-Qaeda, ingresaron en la Argentina en los últimos siete meses con el posible objetivo de contactar y reclutar ciudadanos argentinos de la comunidad musulmana para ser entrenados en el exterior en actividades terroristas.

El ingreso de los grupos, compuestos en total por 26 personas, fue detectado por los servicios de inteligencia locales, que habían sido previamente alertados, entre otros, por sus pares de España y de Italia. Los expertos antiterroristas españoles dieron al gobierno argentino varias precisiones sobre este movimiento; por ejemplo, que el mismo fue y sigue siendo investigado por la participación de algunos de sus miembros en los atentados en Madrid, en la terminal ferroviaria de Atocha el 11 de marzo de 2004, que causaron 192 muertos.

“Jamaat Tabligh ha sido a menudo la puerta de entrada en un país que ha utilizado Al-Qaeda”, advirtieron los servicios españoles a sus colegas de Buenos Aires.

El gobierno argentino siguió desde un primer momento con preocupación la presencia en el país de estos grupos que se presentan ante la comunidad musulmana local como predicadores del islam. De hecho, una alta fuente de la Secretaría de Culto confirmó a LA NACION que la alerta inicial la recibió de los propios dirigentes de la comunidad musulmana local. Cuando la Secretaría de Culto comunicó la novedad al Ministerio del Interior, los servicios de inteligencia argentinos estaban ya tras la pista de los hombres de Jamaat Tabligh.

Fuentes de inteligencia revelaron a LA NACION que los grupos que entraron en el país operaron durante los primeros meses de este año en Bahía Blanca, Laprida, Balcarce, Salta y Córdoba. Algunos fueron detectados en algún momento en la Capital Federal, La Plata y El Bolsón.

La estrategia de las autoridades nacionales fue, desde un primer momento, hacerles saber a los militantes de Jamaat Tabligh que se los vigilaba de cerca. Por eso, agregaron las fuentes, fueron demorados el 22 de julio último siete ciudadanos con pasaportes de Qatar y dos con pasaportes egipcios en las localidades bonaerenses de Balcarce y de Laprida. Cinco días más tarde fueron arrestados por unas horas en Córdoba cuatro ciudadanos malayos pertenecientes al movimiento Jamaat Tabligh. El objetivo en ningún momento fue mantenerlos arrestados, pues no habían violado la ley, pero sí hacerles sentir que el Estado los vigilaba.

El origen de los 26 miembros de Jamaat Tabligh era Paquistán, Malasia y Sudáfrica, además de Qatar y Egipto.

Cuatro analistas de inteligencia comentaron a LA NACION que la llegada de estos grupos fundamentalistas no avala la hipótesis de un nuevo atentado terrorista en la Argentina. Es más: ninguno de ellos establece simetría alguna con los ataques a la embajada de Israel en 1992 y a la sede de la AMIA en 1994.

La información que esas fuentes manejan indica, en cambio, que la verdadera misión de los predicadores islámicos es reclutar adeptos para las filas de Al-Qaeda. Su objetivo sería relacionarse con ciudadanos argentinos musulmanes de segunda o de tercera generación en el país para captar a aquellos que tengan ideas más afines a las posiciones extremistas y derivarlos, en una segunda etapa, a campos de entrenamiento en el exterior.

Pasaportes argentinos

"Lo que quieren es conseguir personas con pasaportes argentinos como una manera de facilitar su ingreso, sin despertar sospechas, en lugares que puedan ser blanco para futuros ataques", resumió ante LA NACION un experto que tiene una visión estratégica sobre el terrorismo mundial. Un pasaporte argentino, según la fuente, tiene menos posibilidades de despertar sospechas en los sistemas de seguridad.

Fuentes de la comunidad islámica aseguran que no hay datos sobre algún argentino que ya hubiese sido reclutado. También afirman que los grupos de predicadores de Jamaat Tabligh visitan el país desde hace 25 años. Pero todo cambió en esta visita.

En marzo último, después de participar en Chile de una reunión internacional de Jamaat Tabligh, algunos de los grupos, sin conexión entre sí, llegaron a la Argentina. Los dirigentes de la comunidad islámica local, calculada en unas 700.000 personas, aunque no todas ellas son practicantes, son refractarios a este movimiento, al que consideran rudimentario en sus enseñanzas religiosas.

En un momento de fuerte diálogo interreligioso en la Argentina, la comunidad decidió avisar de la anormal presencia de estos grupos de Jamaat Tabligh a la Secretaría de Culto. Ese fue uno de los alertas que llegó a oídos del ministro del Interior, Aníbal Fernández.

Con el sistema de vigilancia antiterrorista sensibilizado por la cercanía de la Cumbre de las Américas en Mar del Plata, que se realizará en noviembre próximo, la presencia de dos de los grupos de Jamaat Tabligh en Laprida y en Bahía Blanca motivó la reacción oficial de ponerlos bajo presión. Por eso se los detuvo en averiguación de antecedentes. Días después los servicios de inteligencia se ocuparon de hacer otro tanto con el grupo que actuaba en Córdoba.

Un aspecto llamativo de la presencia de estos grupos es que se visten con chilabas, la típica túnica de la indumentaria árabe, y que no manejan el idioma local, en este caso el castellano. En general se trata de personas con estudios terciarios o universitarios. Su sistema de enseñanza es exclusivamente de boca a oreja, sin existencia de apuntes, es decir, sin que queden registros de sus palabras, y el idioma que utilizan para predicar en la Argentina es el inglés. Luego de la presión oficial, uno de los grupos salió rumbo a Chile y otro viajó a Bolivia.

Horacio Calderón, un reconocido especialista argentino en terrorismo islámico ( ver nota ), no tiene ninguna duda de que el verdadero objetivo de Jamaat Tabligh es el reclutamiento para Al-Qaeda. "Sus misioneros -dijo a LA NACION- constituyen un serio peligro para la seguridad nacional porque su prédica tiene como raíz doctrinaria el extremismo islamita más puro. Sus objetivos son la prédica, la identificación y el reclutamiento de cuadros duros, para su posterior formación en algunos de los centros religiosos en Europa y en otros continentes."

Agregó Calderón: "Si bien la estrategia de la organización en general no incluye el uso del terrorismo, al menos oficialmente, las organizaciones que sí lo practican reclutan a muchos de sus miembros entre los cuadros más duros de Jamaat Tabligh". Tanto en Europa como en los Estados Unidos sus adherentes son considerados de alto riesgo.

Expulsados en el exterior

El gobierno del presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, dejó en evidencia la peligrosidad de ese movimiento en una respuesta oficial al pedido de informes realizado por el diputado Ignacio Gil Lázaro, secretario de la comisión investigadora del atentado del 11 de marzo de 2004 en Atocha. El documento afirma: "Por tratarse de un movimiento fundamentalista e integrista, se debe realizar un seguimiento y control de sus actividades, como se está realizando con otros grupos de tendencias similares, para prevenir el desarrollo de actividades potencialmente peligrosas", se aseguró en el informe al Congreso el 21 de septiembre de 2004.

Meses después, en enero último, empezaron a conocerse en España detalles de la trama secreta del ataque a la estación ferroviaria de Atocha. El movimiento Jamaat Tabligh fue señalado entonces como el disparador de las células terroristas que atacaron en Madrid.

Para los investigadores españoles, el grupo de terroristas que operó en Atocha fue formado por Abu Dada en 2000, para lo cual tomaron a seguidores del movimiento Jamaat Tabligh que vivían en la capital española, como Amer el Azizi, señalado como un dirigente de Al-Qaeda; Khaled Zemini, detenido por el atentado del 11-M, y Serhane Ben Abdelmajid, que se suicidó en Leganés cuando las fuerzas antiterroristas iniciaron una redada donde habitaba la célula terrorista.

En Italia, el gobierno del primer ministro Silvio Berlusconi también puso la lupa sobre las actividades de Jamaat Tabligh. Hace menos de un mes fueron expulsados de ese país ocho integrantes de ese movimiento que estaban radicados en la ciudad de Perugia. La ofensiva contra Jamaat Tabligh continuó el 13 de agosto último, cuando Italia expulsó a otros seis integrantes de ese grupo.

En Alemania, el 18 de agosto último, dos bosnios y un marroquí pertenecientes a Jamaat Tabligh fueron expulsados con el argumento de que reclutaban adeptos para Al-Qaeda.

En Estados Unidos, el propio jefe del FBI, Robert Mueller, señaló la relación de Jamaat Tabligh con Al-Qaeda durante el informe que dio el 15 de febrero último ante la Comisión de Inteligencia del Congreso: "Estamos preocupados por la posibilidad de que miembros de grupos considerados periféricos sufran influencias externas que faciliten su paso a roles operacionales. Miembros de legítimas organizaciones, como Jamaat Tabligh, son reclutados por Al-Qaeda en su esfuerzo por ampliar sus contactos en los Estados Unidos".

Con tantas pruebas en su poder, la determinación del gobierno argentino fue evitar sorpresas y presionar a los miembros de Jamaat Tabligh que entraron en el país. La comunidad musulmana local tampoco dudó a la hora de tomar distancia del fundamentalismo, al que consideran ajeno a sus creencias.

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