Están casi vedados los ascensos de los diplomáticos

Hubo sólo tres promociones en cuatro años
Jorge Elías
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11 de diciembre de 2001  

En algunos casos, los gastos de representación apenas alcanzan para una cena con velitas para dos (300 dólares por mes en un destino carísimo como Hong Kong). En otros, las deudas por ascensos no reconocidos en los papeles rondan el valor de un departamento céntrico de Buenos Aires.

"Hay que incentivar las exportaciones, pero desde febrero de 2000 no se pagan los gastos de promoción comercial a las embajadas", dice a LA NACION el secretario de la Asociación Profesional del Cuerpo Permanente del Servicio Exterior de la Nación (Apcpsen), Ricardo Forrester.

En estas condiciones, sin posibilidad de seducir a un eventual inversor o, acaso, a alguien con peso específico en centros de decisión, la imagen de la Argentina en el exterior corre el riesgo de resumirse a una especie de lobby , o cabildeo, doméstico. Librado, en definitiva, a reuniones de entre casa que finalmente correrán por cuenta del anfitrión. Un diplomático que difícilmente será ascendido. Y que, si resulta favorecido, es poco probable que reciba aumento de salario.

Entre los diplomáticos, por más buena voluntad que tengan existe preocupación por ello. Sobre todo por la falta de aprobación, en el Senado, de los pliegos para ascensos que según Forrester y Roberto Potente, vocal de Apcpsen, han sido presentados en tiempo y forma por el Poder Ejecutivo sobre la base de las propuestas de la Junta Calificadora de la Cancillería.

Cumplieron con todos los requisitos, digamos. Pero en enero, si nada cambia, habrán transcurrido cuatro años durante los cuales casi no ha habido ascensos en la carrera diplomática. Hoy por hoy, con excepción de tres acuerdos para embajadores de carrera otorgados en agosto, ha quedado en el limbo la promoción de 9 ministros de primera clase, 25 de segunda y 54 consejeros de embajada.

"Esta situación representa una denegatoria del derecho de los funcionarios a ser promovidos y viola tanto las obligaciones determinadas en la Constitución nacional como el cumplimiento de la ley 20.957, del Servicio Exterior de la Nación, que dispone que los ascensos sean anuales", aducen en Apcpsen.

Casos particulares

Tanto Forrester como Potente han sido designados para cubrir plazas en el exterior. En Hong Kong, uno; en Perú, el otro. Ninguno de los dos sabe, sin embargo, cuándo dispondrá de los fondos para los traslados. Situación que influye tanto en los preparativos familiares como en la formación en sí para desempeñar sus nuevas funciones.

"El transcurso del tiempo sin que se proceda a normalizar las cuestiones relacionadas con las promociones daña seriamente el funcionamiento del Servicio Exterior de la Nación, afecta el derecho a la carrera y las legítimas expectativas de los funcionarios de todas las categorías, y lleva, además, a situaciones arbitrarias e injustas por las que se obliga a pasar a retiro por el transcurso de plazos fijados a quienes en momento alguno tuvieron la oportunidad de ser propuestos para su ascenso", indica Apcpsen.

Dice Forrester, por ejemplo, que le deben unos 25.000 dólares por haber sido ascendido en enero de 1998 a ministro de segunda y no haber cobrado como tal hasta este año. Percibirá, al parecer, sólo el monto de uno de los tres años en suspenso: el último.

De Economía depende la asignación de las partidas necesarias, pero, a su vez, los ascensos están sujetos al Senado.

"Diversas gestiones se llevaron a cabo en procura de la aprobación de los pliegos, enviados en mayo por el Poder Ejecutivo -dice Apcpsen-. Nuestra asociación profesional desde un primer momento mantuvo reuniones con distintas autoridades de la Cancillería destinadas a urgir y fortalecer las gestiones del señor canciller."

Las gestiones no prosperaron. Como tampoco las ofertas de colaboración y de asesoramiento de Apcpsen al Senado. "No nos han respondido", dicen Forrester y Potente.

No es una demanda sectorial, convienen, sino una advertencia frente a un peligro en cierne: que la falta de visión a mediano plazo en un país sumido en el hora a hora perjudique la defensa de sus intereses en el exterior y, al mismo tiempo, cierre la posibilidad de hallar oportunidades.

En especial, en momentos en que crédito no hay. Confianza, tampoco. Y si hay ajustes, bueno, que no se note.

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