G20: las fallas en internet y el aislamiento marcaron el clima de Parque Norte

El centro de prensa del G20
El centro de prensa del G20 Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo
Gabriel Sued
(0)
30 de noviembre de 2018  • 19:24

La imagen se repite en loop en la pantalla gigante ubicada en un extremo del área de trabajo de la prensa. En un paisaje arbolado e idílico, la primera dama, Juliana Awada , recibe y saluda, una a una, a las esposas de los mandatarios que llegaron a la Argentina. En el besamanos femenino, sonríen Melania Trump , Brigitte Macron y Peng Liyuan, la mujer del presidente chino, Xi Jinping . De fondo, un granadero sostiene una bandera argentina.

Durante varias horas, las escenas del encuentro en Villa Ocampo fue el único contacto que los periodistas acreditados tuvieron con el exterior. Las quejas por las fallas en la señal de internet, presentes durante la mañana, se extendieron y subieron de tono hasta convertirse en un reclamo generalizado, que tensó el clima en el centro internacional de prensa, situado en Parque Norte.

La ausencia de imágenes sobre la discusión plenaria de los mandatarios, una regla general de todas las cumbres del G20, y las restricciones para acceder a las conferencias en el predio de Costa Salguero, se combinaron para transformar al centro de prensa en un búnker aislado en el que las noticias sobre el sismo y los detenidos en la movilización sonaban a historias de un país lejano.

Inés Capdevila: Las intimidades de la cumbre del G-20

09:59
Video

El aislamiento se quebró sólo en parte por las visitas de los funcionarios argentinos, que se acercaron en varias oportunidades para insistir en que todo marchaba según lo planeado. Pero ni siquiera esas conferencias estuvieron exentas de quejas. Sin aviso previo, el canciller Jorge Faurie hizo las declaraciones más importantes del día para los medios argentinos, en la entrada del centro de prensa, mientras buena parte de los periodistas mataba su tiempo en el salón comedor, del otro lado del predio.

Le preguntan por el adjetivo del día, "depredadora", atribuido a la actividad china en la región, durante el encuentro entre Mauricio Macri y Donald Trump, según el comunicado del gobierno estadounidense. "No hemos utilizado o escuchado una palabra en particular", respondió el canciller, diminuto, entre los periodistas que lo rodeaban.

A las 15.30 ya no llegaban imágenes de la cumbre al centro de prensa. La pantalla gigante sólo mostraba el logo del encuentro y las conferencias agendadas para Costa Salguero. Dos de esos encuentros, de funcionarios de China y Brasil, se habilitaron sólo para periodistas de esos países. Menos oportunidades para salir del aislamiento.

Una hora antes, unos 200 periodistas acreditados se agolparon frente a la pantalla, como si buscaran una ventana para ver el sol. Querían sentirse más cerca de la acción. Mauricio Macri recibía a los jefes de estado, antes de la foto de familia.

En círculo frente a la pantalla, los comentarios por lo bajo de idiomas que se mezclaban en el aire se unieron de pronto en una carcajada. Los enviados de todo el mundo celebran a pura risa el saludo con choque de palmas entre el presidente de Rusia, Vladimir Putin, y el príncipe saudí, Mohammed ben Salman.

Conectarse a internet ya era una misión imposible. Luego de horas sin respuesta, los especialistas del centro de prensa lanzaron una hipótesis inquietante. "Es algo intencional, un ataque informático", dijo a LA NACION un operario de uniforme negro y un handy en la mano derecha. Según el experto, un equipo provocó un "loop" en el sistema que aumentó el tráfico de datos y generó la falla del servicio. Finalmente, la organización pareció haber encontrado la causa de la falla: periodistas que conectaban sus mochilas de transmisiones 4G a con más de dos cables a la vez.

"Queda terminantemente prohibido conectar más de un cable", difundieron en el comunicado a modo de reto.

Difícil acceso

Llegar a Costa Salguero tampoco era sencillo. Hay que tramitar un permiso y tomar un ómnibus, que tarda 12 minutos. La entrada del predio está custodiada por dos jeeps del Ejército, con cuatro soldados provistos de armas largas y cascos con miras telescópicas. Sólo se habilita el ingreso con un enlace de prensa y para una actividad en particular. Personal de seguridad controla las credenciales con scanners de mano.

La ciudad de utilería levantada en el predio se parece a la que recorría Jim Carrey en The Truman Show. En sus calles conviven hombres de traje y corbata, delegados árabes con turbante y efectivos de seguridad, también de traje. Algunos se mueven en carros de golf, con varias hileras de asientos.

El poder y el acceso se definen en una escala cromática de tres categorías. Los periodistas, de credencial amarilla, sólo pueden entrar en el pabellón de prensa. Los de credencial celeste son integrantes de delegaciones y de la organización y pueden entrar en todos los pabellones, menos los del área roja. Ese último sector está habilitado sólo para los líderes, inmersos en su propio aislamiento.

Justo en la puerta del pabellón amarillo, una calcomanía roja en la vereda: "Inspeccionado. Departamento de Explosivos FPA". Hay una igual en el ingreso de todos los pabellones. En la sala número uno el personal de la organización corre desesperado entre las sillas blancas para llegar a tiempo a distribuir los auriculares de traducción simultánea, para una conferencia de autoridades chinas y francesas, sobre cambio climático.

A cada lado del salón, hay cabinas donde se ubican los traductores. Sin perder los modos diplomáticos, discuten antes de la conferencia sobre la cantidad de idiomas a tomar en cuenta. Se ponen de acuerdo: traducen al inglés, al español y al chino.

En el centro internacional de prensa, la atracción principal sigue siendo las visitas de los funcionarios argentinos, que dan conferencias en un extremo del salón comedor. Cuando cae la tarde y la actividad se apaga en Costa Salguero, la pantalla gigante muestra a los mandatarios llegando al Teatro Colón, para la gala de apertura de la cumbre. Con la señal de internet recuperada, los periodistas ya ni siquiera se acercan.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.