Gestiones para morigerar el discurso de Chávez

Kirchner y Lula procuran convencer al venezolano de que no tenga un discurso antinorteamericano El mandatario argentino le había prometido a Bush que haría ese intento Ayer habló con mucho equilibrio sobre la crisis local Se reunirá con líderes opositores
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28 de febrero de 2004  

CARACAS (De un enviado especial).- El presidente Néstor Kirchner arribó aquí con intención de interiorizarse de la crisis política que amenaza la estabilidad del presidente venezolano, a dar un claro respaldo a la institucionalidad y a la democracia en este país, pero se resistió a apoyar políticamente la controvertida figura de Chávez.

Sus palmadas al líder venezolano estuvieron impregnadas, esta vez, por un sutil equilibrio. El Presidente dio así señales a los Estados Unidos para fortalecer la relación con el presidente George W. Bush, que le sirvan dentro de la tensa renegociación de la deuda pública en default con los acreedores.

Un allegado a Kirchner recordó a LA NACION que el patagónico le prometió a Bush en Monterrey que intentaría morigerar el fogoso discurso antinorteamericano de Chávez. Y que lo haría con la ayuda del presidente del Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva. "Lula y yo conversaremos con Chávez", le había dicho Kirchner.

Respetuoso de sus pactos como pocos, el patagónico vino a Caracas, en parte, a cumplir esa promesa.

Precisamente, ello ocurrió ayer en el palacio Miraflores, sede gubernamental de Venezuela, entre Chávez, Lula y Kirchner. Más allá del trascendente acuerdo entre Kirchner y Lula por adoptar posturas comunes en el tema de la deuda, como se informa por separado, el presidente argentino tiene muy presente que debe alimentar su relación con Washington.

Bien temprano, al salir del hotel Hilton rumbo al palacio Miraflores, Kirchner le puso el equilibrio justo a sus palabras. "Yo quiero que el proceso venezolano funcione muy bien. Que todo el pueblo pueda resolver como corresponde, históricamente, todos sus problemas en la convivencia y en la democracia", dijo, en sintonía con la política de la Casa Blanca, que aboga por la institucionalidad y la democracia en el caso venezolano.

"Siguiendo de cerca"

"Que el pueblo pueda seguir haciendo crecer a Venezuela", agregó Kirchner. "Estamos siguiendo muy de cerca a Venezuela. Pero no me gusta opinar sobre cuestiones internas de países hermanos. Soy respetuoso de la autodeterminación de los pueblos. Soy un hombre pluralista y democrático", tomó distancia.

Se permitió arremeter contra el terrorismo, principal amenaza estratégica de la agenda norteamericana. "La postura es clara. La lucha contra el terrorismo debe ser cerrada y total", dijo el presidente argentino.

Una persona de íntima confianza de Kirchner aseguró que el Gobierno apuesta a la institucionalidad en este país y respalda la continuidad de Chávez en función de "no desalojar del sistema democrático a un líder que tiene atrás el 40% del apoyo social".

Sería peligroso para el sistema político en Venezuela, dicen, que una figura con ese apoyo popular quede en la oposición. Mejor que eso, habría que incluir en el sistema a Chávez, esgrimen. Más aún cuando entre los opositores actuales a Chávez ningún candidato reúne una masa crítica capaz de vencer al ex militar.

El presidente argentino le planteó a su anfitrión su preocupación por "garantizar la institucionalidad y las reglas de juego democráticas claras". Y le anticipó que se reuniría con líderes de la oposición, como La Coordinadora Democrática, representada por sus líderes, Enrique Mendoza y Humberto Calderón Berti.

También se repasó la relación regional, se habló de integración y de la futura incorporación de Venezuela al Mercosur.

Otra señal del nuevo equilibrio de la Casa Rosada frente al caso venezolano fue la reunión que la primera dama, Cristina Fernández de Kirchner, tuvo con el Centro Carter, que fiscaliza el proceso y es la referencia de los Estados Unidos en el tema venezolano.

En la embajada argentina, la senadora peronista recibió a Francisco Diez, representante del Centro en Venezuela, y a una directora, Jennifer McCoy. Se habló de la división de la oposición y los norteamericanos confiaron su interés en que se realice el plebiscito revocatorio del mandato de Chávez, porque, dicen, incluso puede ganar el presidente venezolano.

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