Gracias y a pesar de Mauricio Macri, Alberto Fernández demora anuncios

Claudio Jacquelin
Claudio Jacquelin LA NACION

Columna de Claudio Jacquelin en Destino

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31 de octubre de 2019  • 22:39

El plan original de Alberto Fernández incluía hacer algunos anuncios en materia económica al día siguiente de la elección. Cuatro días después de finalizado el proceso electoral, con su rotunda victoria, nombres, medidas y proyectos siguen haciéndose esperar. Y seguirán haciéndolo.

La urgencia, que hasta hace menos de dos semanas asumía (y lamentaba) el ahora presidente electo, terminó por evanescerse en la noche misma del último domingo.

El supercepo para la compra de dólares que terminó por cerrar el Banco Central poco después de que se conocieran los resultados (y que acaba de profundizarse) lo hicieron posible.

Todo, o casi, gracias a Mauricio Macri, que coaguló la hemorragia de reservas que desvelaba al candidato opositor. Todo, o casi, a pesar de Macri, que termina su mandato con una medida que lo convierte en un kirchnerista cambiario a destiempo. De la liberalización total al control poco menos que absoluto. Paradojas argentinas.

Fernández puede permitirse ahora seguir tirando para adelante sin pagar costos ni necesidad de dar explicaciones. Se permite así no anticipar decisiones, exponer al desgaste prematuro a sus futuros ministros o recibir intimaciones. Tampoco, provocar enojos en los que han puesto sus esperanzas en su futuro gobierno, ya sea de tener un lugar o de recibir respuestas a sus demandas en las primeras medidas.

Solo en una semana, a la vuelta del viaje que está emprendiendo a México, dará algunas señales un poco menos difusas que las que ha dejado trascender hasta ahora sobre su derrotero económico-financiero.

Se propone develar no mucho más que los nombres de los responsables del equipo para negociar la transición en la materia y seguir fortaleciendo los enunciados sobre un acuerdo de precios y salarios, la puesta en marcha de la economía interna o la recuperación (parcial) de los ingresos de los salarios más bajos y las jubilaciones mínimas para paliar el deterioro provocado por la inflación desatada, sin generar un exceso de expectativas que espiralice la suba generalizada de precios.

La ruleta de los potenciales ministros de Economía seguirá girando, con los nombres de Matías Kulfas, Cecilia Todesca y Guillermo Nielsem en los principales casilleros, acompañados de Miguel Pesce (un antiguo amigo y hombre de confianza absoluta de Alberto), Emmanuel Alvarez Agis y Miguel Peirano. Solo uno de ellos estará a cargo del superministerio de Economía que Fernández se ha propuesto reconstituir, pero los que no lleguen a ese sillón integrarán igualmente áreas clave de su gobierno.

También seguirá girando el bolillero con las medidas más urgentes. En los pocos días que lleva de presidente electo confirmó que las demandas son casi infinitas de todos los sectores, Y, también, que las primeras surgen de las filas de su coalición. Axel Kicillof en su carácter de gobernador electo bonaerense lo hizo tan público como cuando estaba en campaña. No es momento de empezar a dirimir con conflictos con el protegido de su creadora.

El círculo más pequeño que rodea a Fernández, antes conocido como el periférico Grupo Callao y hoy núcleo del poder entrante, admite y justifica con criterio práctico la decisión de dilatar las definiciones.

En primer lugar, quieren dejar toda la responsabilidad y los costos de lo que pase y de las decisiones que se tomen hasta el 10 de diciembre a cuenta de Macri. No quieren dilapidar capital antes de tiempo. Saben que lo van a necesitar (y mucho) desde el momento mismo en que asuman. Son demasiados lo que hacen fila.

"En un país normal anunciar equipos y medidas el 31 de octubre o 24 horas antes de asumir daría igual. En la Argentina sería una temeridad. Por eso lo estiraremos para llegar lo más cerca posible del 10 de diciembre", explica uno de los hombres que desde hace casi dos años le aporta ideas al candidato triunfante de las elecciones del domingo pasado.

"Es cierto que hasta hace poco Alberto decía que teníamos que estar preparados para hacer algunos anuncios y dar señales claras en las primeras 72 horas después de las elecciones, sobre todo con el desastre que provocó Macri el lunes 12 de agosto, después de las PASO. Pero ahora ya no hay tanta urgencia, además el rumbo general está claro", argumenta un integrante del equipo económico albertista.

La afirmación hace referencia tanto a los dos controles de cambio que impuso el gobierno macrista el 28 de agosto y el domingo pasado, como al refinanciamiento de deuda con acreedores privados para evitar que la situación se descontrolara aún más de lo que ya estaba.

En cuanto al rumbo del futuro gobierno, los albertistas consideran que lo ya dicho o dejado trascender ha sido suficiente para tranquilizar a los agentes externos e interno o, al menos, para paliar su ansiedad.

Mencionan entre las señales dadas la decisión de renegociar la deuda sin quita, el manejo responsable de las cuentas públicas en busca del equilibrio fiscal y la decisión de moderar la inflación gradualmente sin proponerse metas excesivamente ambiciosas. Efectos pedagógicos de la experiencia macrista.

El cepo al dólar del domingo y la reunión del lunes entre presidente saliente y sucesor lo hicieron posible. Esta vez, no hubo ninguna explosión después del contundente triunfo opositor y la derrota amortiguada del oficialismo. Las soluciones siguen haciéndose esperar. Alberto Fernández no solo ganó la elección. También, ganó tiempo. Puede agradecerle todo, o casi, a Macri.

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