Gran Bretaña busca un acuerdo para desminar Malvinas

La intención es realizar un trabajo en forma conjunta; satisfacción argentina
La intención es realizar un trabajo en forma conjunta; satisfacción argentina
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26 de marzo de 2000  

Gran Bretaña quiere sellar un acuerdo bilateral con la Argentina para emprender, por fin, el desminado de las islas Malvinas, una tarea en torno de la que ambos países mantuvieron, durante casi 18 años, posiciones hasta ahora irreconciliables.

La intención fue expresada hace dos días, en Londres, por el vicecanciller del Reino Unido, John Battle, cuando anunció que su país "está interesado" en realizar tareas conjuntas con la Argentina en las islas.

"Creo que tenemos la necesidad de un acuerdo", dijo Battle, al referirse concretamente a las tareas de desminado que impulsan tanto el gobierno argentino como el británico, aunque con algunas variantes.

Desde el Palacio San Martín, por ejemplo, se pretende convocar a una licitación internacional conjunta entre los dos gobiernos y sin consultar, para ello, a la administración de las islas Malvinas.

En cambio, el Foreign Office anunció que realizará un estudio de factibilidad de una nueva tecnología, que permitiría detectar las minas antipersonales enterradas en el archipiélago, tarea que encararían desde aviones equipados con radares aerotransportados.

El anuncio fue hecho la semana última por el vicecanciller Battle, durante una entrevista concedida a la agencia de noticias uruguaya Mercopress.

"Cualquier nueva tencología que pueda salvar vidas debe ser evaluada", sentenció el diplomático inglés. Y agregó: "Nuestro punto de vista (el del gobierno del laborista primer ministro Tony Blair) es que vamos a trabajar juntos y apuntamos con firmeza a este estudio de factibilidad".

Los costos

Además del propósito de emprender la práctica conjunta, el Reino Unido posee una segunda intención: que la Argentina cargue con los costos de que demande este demorado estudio sobre el desminado en las islas.

En realidad, el desminado conjunto fue propuesto al presidente Fernando de la Rúa, hace veinte días en la Casa Rosada, por el ministro de Defensa británico, Geoff Hoon.

Ese funcionario realizó una visita a Buenos Aires, luego de recorrer las islas Malvinas y de rendir allí un homenaje a los 237 combatientes argentinos caídos, que fueron inhumados en el isleño cementerio de Darwin.

Una vez formalizada la proposición, el gobierno aliancista sólo hizo silencio al respecto. Y ayer, ante las consultas de La Nación , se impuso la cautela.

En cambio, durante la administración anterior en el gobierno nacional, Carlos Menem había destacado, en varias ocasiones, su voluntad por encarar el desminado de las islas y de cargar con los costos que demandase ese trabajo.

Según asegura el vicecanciller británico, una disposición similar a la de Menem fue la que demostró la Alianza.

"El gobierno argentino ya ha sugerido que muy bien podría llegar a financiar el estudio (de factibilidad sobre los radares autotransportados)", aseguró Battle en Londres, al ser consultado por la prensa la semana última.

"El desarrollo de esta tecnología costará millones de libras", estimó, por su parte, sir Richard Branson, un empresario inglés propietario de catorce modelos similares a los que, de prosperar la iniciativa de este tipo por parte del Reino Unido, se utilizarían en las islas.

Allí permanecen ocultas bajo el riesgo de detonar unas 13.000 minas antipersonales y antitanques diseminadas por las tropas argentinas durante la guerra que tuvo lugar en 1982.

Retirar esas minas costaría por encima de 160 millones de libras esterlinas (más de 253 millones de dólares), según los cálculos compartidos por ambos gobiernos.

Y la utilización de los radares autotransportados no abarataría los costos, estimó sir Branson.

"El costo económico de los miles de hombres golpeando en áreas donde no hay minas es casi tan caro como los millones que requiere esta tecnología", dijo el empresario.

El gesto

Frente a tal aseveración, en la cancillería argentina, otra vez, sólo hubo silencio y un tímido aunque confeso desconocimiento sobre las intenciones de Londres.

"No habíamos escuchado, hasta ahora, nada sobre ese estudio", aseguró, con llamativo tono de sorpresa, un allegado al canciller Adalberto Rodríguez Giavarini al ser consultado por La Nación .

En verdad, fueron mayoría los diplomáticos argentinos que prefirieron abstenerse de opinar sobre los dichos del colega británico.

Al mismo tiempo, fueron los funcionarios locales los que se inclinaron, nuevamente, por la alternativa de concretar el desminado en forma conjunta, pero mediante una empresa adjudicataria que resultaría la ganadora luego de una convocatoria internacional.

Más allá de la cuestión formal logística, el deseo del gobierno de Tony Blair está decididamente impregnado de un contenido político importantísimo.

Sucede que el derecho humanitario internacional contempla que tareas como la del desminado deben ser practicadas por los gobiernos soberanos.

Y es precisamente la disputa por la soberanía de las islas Malvinas el centro del diferendo que separa a la Argentina y al Reino Unido desde hace más de un siglo.

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