Hiperactivo, Scioli dominó la escena

Estuvo en Avellaneda, Tecnópolis, Quilmes y terminó en Santa Fe, en una cumbre de gobernadores; no concurrió, en cambio, al acto kirchnerista de Plaza de Mayo; intentó mostrarse como referente partidario
Jesica Bossi
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18 de octubre de 2013  

Ni el calor sofocante incomodó su plan de mostrarse en el centro de la escena en el día más simbólico del calendario peronista. Inclinado sobre el atril, decorado con un enorme escudo del PJ, ante un auditorio apretujado, pronunció en siete minutos un discurso que, más tarde, repitió en sus múltiples apariciones.

"Éstas son las genuinas políticas peronistas traídas a nuestro tiempo", sentenció el gobernador Daniel Scioli, al frente del sello después de la muerte de Néstor Kirchner y principal impulsor de la recuperación del partido. Recostado en la estructura, Scioli delineó un 17 de octubre con mensajes directos: se abrazó al jefe de la CGT, Antonio Caló, y lideró una minicumbre de gobernadores, en Santa Fe. Fue la contracara de una Plaza de Mayo que congregó a la militancia del kirchnerismo duro.

"No hay divisiones, somos complementarios. No se puede estar en todos lados", dijo el gobernador a LA NACION, ante la consulta por la dispersión de actos. Scioli puso un pie en Avellaneda a las 11.20, apenas traspasó la puerta de ingreso de la fábrica recuperada ex Durax. Subió una escalerita amarilla de hierro, saludó a obreros y recorrió la planta, escoltado por el intendente local, Jorge Ferraresi; el ministro de la Producción, Cristian Breitenstein, y, como único emisario de la Casa Rosada, Carlos Castagnetto, viceministro de Desarrollo Social.

En menos de media hora, la comitiva -repartida en una combi blanca y cuatro autos Toyota Corolla grises- partió a toda velocidad rumbo al Teatro Roma. Un cartel en el fondo del escenario resumió el espíritu: a los costados, las figuras de Juan y Eva Perón; en el centro, la leyenda "MI lealtad", jugando con las iniciales del candidato a diputado.

La postal se completó con dos presencias de linaje gremial: Caló y el diputado Héctor Recalde, ex hombre de confianza de Hugo Moyano. El metalúrgico tomó la palabra y llenó de elogios a Kirchner, al que le adjudicó una "verdadera lealtad peronista", recordó anécdotas de su relación y llamó a apoyar el "modelo económico".

Más tarde, cuando aún retumbaba la marcha peronista, el sindicalista aceptó la invitación de Scioli de sumarse a su gira en Quilmes y Santa Fe. "Antonio es un amigo", explicó el gobernador a LA NACION, al ser consultado por sus reiteradas apariciones junto al jefe de la central obrera, en un incipiente coqueteo con la mira en 2015.

"Para mí, la lealtad está atada a la responsabilidad y la gratitud", insistió varias veces el gobernador, antes de abandonar el teatro para cumplir con su estricto cronograma: una visita a Tecnópolis, una meca dilecta de la Presidenta, donde asistió a una muestra gastronómica; y la inauguración de la Expo Industrial de Quilmes, donde volvió a pedir el respaldo al Gobierno en las urnas, dentro de diez días.

El penúltimo destino atravesó la frontera bonaerense. El ex motonauta voló a Santa Fe para compartir una reunión de caciques provinciales convocada por el instituto Gestar, un centro con influencia creciente que funciona en la órbita del PJ, presidido por el sanjuanino José Luis Gioja, internado después del accidente aéreo, y coordinado por el titular de la Anses, Diego Bossio, joven mimado por el PJ del interior. Allí ocupó la mesa central, junto a sus pares Juan Manuel Urtubey (Salta) y Sergio Urribarri (Entre Ríos), un potencial competidor en la pelea presidencial, auspiciado por un sector del oficialismo.

La cumbre en el hotel Los Silos, en el Dique 1, sirvió como plataforma de respaldo a la candidatura de Jorge Obeid, ex gobernador santafecino. Hubo deseos de recuperación para Gioja y, como ofrenda ideal, Scioli dio el discurso de cierre. Allí no se terminó su ajetreada agenda: pasó, a la noche, por dos canales de TV.

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