Homenaje a Allende en el Palacio de la Moneda

"Me emociona estar acá", dijo Kirchner
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10 de mayo de 2003  

SANTIAGO, Chile (De un enviado especial).- "Venga, le voy a mostrar el despacho donde murió Salvador Allende." El presidente Ricardo Lagos tomó de un brazo a Néstor Kirchner y lo guió por los pasillos del Palacio de la Moneda. Acababa de terminar la audiencia oficial.

La actual oficina presidencial ya no da a la calle. Caminaron a paso lento, mientras Lagos contaba los cambios que se produjeron en la sede del Poder Ejecutivo chileno después del golpe militar del 11 de septiembre de 1973, cuando Augusto Pinochet derrocó a Allende, el líder histórico del socialismo chileno, el partido del actual jefe del Estado.

Kirchner se asomó por una de las ventanas del despacho donde Allende se suicidó aquel día mientras la artillería de las fuerzas conducidas por Pinochet hacia arder el palacio.

"Quiero decir una cosa antes de irme. Me siento profundamente emocionado por estar en el Palacio de la Moneda. Quiero destacar el profundo respeto que siento por el presidente Allende", afirmó Kirchner frente a la prensa local después de la reunión, parado sobre una de las escaleras que dan acceso al área de despachos del edificio.

Desde siempre

Ya durante la corta visita guiada que le ofreció Lagos había comentado su admiración por Allende. "Desde mi juventud lo consideré un ejemplo de entereza moral", le dijo al actual presidente, según relataron protagonistas de la reunión.

De hecho, el candidato del Frente para la Victoria tuvo más de una intervención durante la audiencia referidas a la necesidad de que la dirigencia política sea "fiel a sus convicciones y a sus ideales".

También destacó la necesidad de cumplir con un programa de integración latinoamericanista, que permita reforzar la voz de la región ante las naciones desarrolladas, en especial los Estados Unidos.

Lagos agradeció a Kirchner el apoyo del peronismo patagónico a la resistencia chilena durante el pinochetismo.

Los dos dirigentes se habían conocido en 1988, cuando Lagos, exiliado en Buenos Aires, coordinó junto con Kirchner y otros peronistas del Sur el viaje de regreso de varios chilenos radicados en la Argentina para que votaran en el plebiscito que marcaría el fin de la dictadura de Pinochet.

Un rato largo después de la reunión, Kirchner se lamentaba de no haber completado una recorrida más amplia por el palacio.

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