Imágenes de posguerra en el Buenos Aires del día después

Desolación y asombro en los alrededores de la Plaza de Mayo y de la avenida Corrientes
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22 de diciembre de 2001  

Buenos Aires aparentaba ser, en la mañana de ayer, una ciudad devastada por una guerra. Vidrios rotos, negocios vacíos, algunas fogatas y un fuerte olor a quemado mezclado con restos de gases lacrimógenos y autos incendiados en medio de las aceras era el común denominador en las calles céntricas.

Mientras la Plaza de Mayo permanecía con una fuerte custodia policial y sin manifestantes, la avenida Corrientes mostraba una imagen bastante diferente: la gente se atropellaba intentando sortear los vidrios y mampostería que habían quedado tirados en el piso y la mayoría de los negocios saqueados o con vidrieras rotas.

Uno de los más devastados por los manifestantes fue el local de comidas rápidas ubicado en Carlos Pellegrini y avenida Corrientes. Allí, aparte de los saqueos de alimentos que sufrió el negocio durante la tarde, pasadas las 21 fue totalmente incendiado. Paredes ennegrecidas, mampostería a punto de desmoronarse y un fuerte olor a quemado era el perfil que mostraba el local.

“Realmente la gente que hizo esto no representa lo mejor de la Argentina. Su intención obviamente no era buscar comida, sino destruir. A pesar de todo era emocionante ver a los 120 empleados que trabajan en el local defendiendo su lugar de trabajo. Estamos haciendo lo posible para reabrirlo en cuanto antes, pero no sabemos cuándo se va a hacer, igualmente ninguno va a perder su trabajo”, aseguró a La Nacion el presidente de McDonald’s de Argentina, Woods Staton.

Bocinazos aislados

El ejecutivo de la empresa recorrió ayer el negocio para observar los destrozos en el local luego del incendio.

Contrariamente a los cantos que se escucharon anteayer durante todo el día, ayer sólo se podían oír algunos bocinazos aislados.

Los trabajadores que intentaban llegar a sus empleos en el Microcentro miraban con asombro y desesperación lo poco que había quedado de pie en la ciudad.

“Esto es un desastre. Esperamos que pronto podamos salir. Tengo un profundo dolor. Sobre todo porque en un principio no había problemas en la plaza. Todo empezó cuando se metieron los activistas políticos a ensuciar el pedido del pueblo”, dijo Dora Nantes mientras caminaba por la avenida Corrientes.

Piedras en la calle, carteles publicitarios destruidos y los barrenderos limpiando los destrozos era la postal que reproducía la ciudad antes del mediodía.

Asimismo, gran parte de los comercios que no habían sufrido ningún saqueo permanecía cerrada, mientras que el dueño de la zapatería de la avenida Corrientes y Suipacha intentaba soldar la persiana de su comercio previniendo nuevos ataques.

Puro vandalismo

Otra de las víctimas de los saqueos fue la óptica situada en la intersección de Suipacha y Corrientes.

“Cerca de las 20.45 se llevaron absolutamente todo. Desde los anteojos hasta los productos para las lentes de contacto. Esto es una óptica, entonces lógicamente acá no buscaban comida, era puro vandalismo. Miro lo que dejaron y no sé por dónde empezar a reconstruir”, dijo a LA NACION el dueño de la óptica, Armando Leonoff.

A lo largo de Roque Sáenz Peña, tres camionetas de la empresa telepostal Oca y dos automóviles particulares permanecían volcados y totalmente incendiados en el medio de la diagonal.

A unas pocas cuadras del Congreso, en la avenida Rivadavia y Uriburu, dos de las esquinas habían sufrido grandes destrozos, mientras que las restantes casi no mostraban signos de ataques.

Nuevamente un local de comidas rápidas fue uno de los blancos elegidos. El ensañamiento de los manifestantes contra la firma norteamericana produjo el destrozo total de los ventanales que dan a la calle Uriburu. Enfrente, el videoclub Blockbuster fue totalmente saqueado. Unos pocos videocassettes quedaron dentro del negocio.

“Realmente el estado de la ciudad es avergonzante. La verdad es que no entiendo por qué ensañarse de esta forma con lo que es de todos. Lo peor es que los costos van a ser muy altos y los recursos son pocos”, comentó Enrique Lorenzo en su caminata por la avenida Roque Sáenz Peña.

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