Inicio con similitudes con la gestión porteña

Al igual que en 2007, el actual Presidente gobernó sin mayoría en la Legislatura y se manejó casi con el mismo equipo; en ambos casos prevalecieron las estrategias de comunicación y de contacto directo con la gente; el kirchnerismo, su rival
Jaime Rosemberg
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11 de diciembre de 2016  

Aquel tupido bigote negro, y su relación sentimental sin papeles con María Laura Groba de entonces contrastan a simple vista con el rostro afeitado y la armonía de su matrimonio actual con Juliana Awada. Al margen de las cuestiones estéticas y sentimentales, incluido el paso del tiempo y la suma de experiencia en la gestión, el Mauricio Macri de fines de 2008, cuando culminó su primer año de gestión como jefe de gobierno porteño, se parece bastante al que termina sus primeros doce meses en el sillón de Rivadavia.

Macri y un mensaje que ayer se viralizó
Macri y un mensaje que ayer se viralizó Fuente: LA NACION - Crédito: Presidencia

La necesidad de gobernar con minoría parlamentaria; la elección de los mismos nombres conformando un "equipo" estable, la polarización con el kirchnerismo, aunque desde lados distintos del mostrador; la preeminencia del ala "marketing" sobre el "ala política" (incipiente en aquel 2008) y la ansiedad del líder por concretar cambios en los primeros meses de gestión, que llevaron a una política de ensayo y error, son rasgos y características que se repiten, con asombrosa asiduidad, en el año inicial de ambas gestiones.

Elenco repetido. Luego de seis meses de transición -ganó las elecciones en junio de 2007 y asumió en diciembre-, Macri diseñó un gabinete con figuras que lo volvieron a acompañar ocho años más tarde.

Estaba, como hoy, Gabriela Michetti como compañera de fórmula, su vocero era (como hoy) Iván Pavlosky, y en el gabinete figuraban (al igual que ahora) Marcos Peña, Esteban Bullrich, Francisco Cabrera y Hernán Lombardi. Sus compañeros del Cardenal Newman Pablo Clusellas y José Torello también estaban cerca, al igual que Nicolás Caputo, pero el "hermano de la vida" de Macri duró un suspiro en aquel 2008 y hoy está alejado del poder. De los importantes de entonces, hoy sólo falta Horacio Rodríguez Larreta, a quien Macri todavía extraña. "En ocho años en la ciudad cambió ministros de tres áreas. Mauricio es así", recordó uno de sus colaboradores de entonces, hoy funcionario. Los cambios significativos en la ciudad llegaron después de los dos primeros años de gestión, y en la Nación aún no se han producido.

Negociación y veto. Macri estuvo cerca de tener mayoría en su primer año de gestión en la ciudad: tuvo 28 de los 60 legisladores porteños de su lado. Una situación bastante más holgada que la actual, en la que sólo 85 diputados nacionales le responden, mientras en el Senado el balance es aún peor.

En ambos casos, sus dirigentes lograron aprobar numerosas leyes. Una diferencia: Macri recurrió al veto total o parcial en 16 oportunidades en sus primeros doce meses en la ciudad, mientras que en la Nación sólo lo hizo con la ley antidespidos. Y probablemente lo haga también si se convierte en ley la reforma del impuesto a las ganancias impulsada por la oposición.

Enemigos íntimos. En 2008 no estaba Sergio Massa como protagonista y menos en el escenario porteño, por lo que el kirchnerismo (entonces en el poder) fue su principal antagonista. Desde la Casa Rosada, Cristina Kirchner ignoró el principal reclamo de Macri: el traspaso de la policía, por lo que el jefe de gobierno intentó remediar la situación en marzo de ese año con la creación de la Policía Metropolitana.

Al igual que este año, los sindicatos docentes (enrolados muchos de ellos en el kirchnerismo) complicaron la gestión, con trece paros, y la respuesta del macrismo fue parecida: atribuyó las protestas a "motivaciones políticas".

Ensayo y error. Tal como había prometido en ambas campañas, Macri inició en 2008 -y también en 2015- una reducción drástica del plantel de empleados estatales. Su decisión de cesantear 2400 "ñoquis" en sus primeros tiempos le valió la férrea oposición del gremio de municipales que encabezaba Amadeo Genta, una obligada vuelta atrás y una pelea en la Justicia. Al año siguiente, Macri "blanqueó" 17.000 empleados precarizados dando un cierre al conflicto.

Ocho años después, y por medio de su ministro de Modernización, Andrés Ibarra, dio inicio a una campaña similar de "racionalización", con resultados más modestos que los planificados: unos 11.000 cesanteados. También aquí hubo marchas y contramarchas, aunque el diálogo de Ibarra con buena parte de los estatales es hoy fluido.

"Mauricio tenía mucho menos experiencia, su relación con los medios era más distante, ahora sabe lo que se puede y lo que no. Pero su impaciencia y su pasión por cambiar el país fue y es la misma", afirma un estrecho colaborador que acompaña al Presidente en estos años.

Marketing y política. Después de promover a Gabriela Michetti como compañera de fórmula ganadora, Jaime Durán Barba se ganó el título de intocable para el núcleo duro de Pro aquel invierno de 2007. Su apelación al "contacto directo con la gente" se tradujo en vías menos tradicionales para acercarse a los porteños (timbreos, redes sociales) y puso a la política partidaria en un segundo plano. "Se cerraron todos los locales partidarios de Pro en ese 2008. La política no tenía lugar", se lamenta hoy un legislador que entonces era funcionario. La angustiosa victoria de Michetti en 2009 (renunció a la vicejefatura para ir por una banca en la Cámara de Diputados) convenció a Macri de apostar por la construcción política de largo plazo: a fines de ese año llegó el peronista Emilio Monzó, el mismo que hoy critica "la falta de política" en la gestión de gobierno y denosta a Durán Barba.

"De algunos errores no aprendimos, y los seguimos repitiendo. La ciudad te da chances de recuperarte, la Nación no", advierte un referente legislativo del macrismo, preocupado por 2017.

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