Inmortalizó el "Nunca Más" y ayudó a construir la democracia

Adrián Ventura
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28 de febrero de 2015  

El doctor Julio César Strassera será recordado como el fiscal de la Cámara Federal que, en aquellos años en que renacía la democracia, acusó y obtuvo la condena de los integrantes de las Juntas Militares. Un hombre sencillo que, con su tenacidad, contribuyó a construir uno de los pilares más sólidos de la nueva República.

Strassera, un porteño nacido en 1933, amante del tango y que estaba casado con Marisa Tobar -tuvo dos hijos-, se había graduado de abogado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.

En los años sesenta ingresó en la Justicia: fue prosecretario en el Juzgado Federal Nº 1; secretario del Juzgado Federal Nº 4, fiscal de Primera Instancia de la Fiscalía Federal Nº 3 y juez de Sentencia Letra Q en la Justicia Ordinaria de la Capital. En el ámbito académico, en los años ochenta, también fue profesor adjunto en la Cátedra de Derecho Penal en la UBA.

Hasta allí, había cumplido en la Justicia una función prolija y discreta, aunque le tocó intervenir en algunas causas relevantes, como la vinculada con la masacre de San Patricio.

El regreso de la democracia en 1983, sin embargo, sellaría su destino como fiscal.

En 1983, el entonces presidente Raúl Alfonsín decidió impulsar el Juicio a las Juntas Militares y como el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas se negaba a cumplir su tarea, la Cámara Federal directamente decidió hacerse cargo de sustanciar aquella causa.

No era un caso más. En aquella democracia inmadura, estaba latente el fantasma de un nuevo golpe. Además, a diferencia de los Juicios de Nuremberg, no era un tribunal internacional, sino una cámara nacional la que llevaría adelante el proceso. Y en un país donde sólo existían causas escritas, el juicio oral desnudaba al mismo tiempo toda la valentía y la fragilidad de Strassera y de los seis camaristas federales que estaban sentados frente a frente con los militares.

Fue ése el escenario en el que Strassera adquirió un papel protagónico: sobre la base del informe de la Conadep, seleccionó unos 300 casos paradigmáticos y desarrolló una acusación muy sólida contra los nueve jefes militares, de los cuales logró, en 1985, la condena de cinco.

La frase con la que Strassera cerró su alegato siempre resonará en la memoria de quienes lo acompañaban en aquellos días: "Señores jueces, quiero renunciar expresamente a toda pretensión de originalidad para cerrar esta requisitoria. Quiero utilizar una frase que no me pertenece, porque pertenece ya a todo el pueblo argentino. Señores jueces, Nunca Más", reclamó, traduciendo, tal vez sin advertirlo, el anhelo de una sociedad que deseaba dar por definitivamente superada una historia de golpes militares y de represión.

El 9 de diciembre de ese año, la Cámara Federal condenó a prisión perpetua a Jorge Rafael Videla y a Eduardo Massera; a Roberto Viola, a 17 años; a Armando Lambruschini, a 8 años de prisión, y a Orlando Ramón Agosti, a 4 años.

Finalizado el juicio, en 1987, Alfonsín designó a Strassera como embajador argentino ante las Oficinas de las Naciones Unidas, encargadas de la defensa de los derechos humanos, con sede en Ginebra. Y el ex fiscal desempeñaría ese cargo hasta que, disgustado con Carlos Menem por haber dictado los indultos, presentó su renuncia.

Por entonces, el ex fiscal era profesor invitado de la Universidad Complutense de Madrid y ya se había convertido en una personalidad ampliamente reconocida.

Ya de regreso en la Argentina, Strassera bajó el perfil, trabajó como abogado defensor -incluso, patrocinó al ex jefe de gobierno Aníbal Ibarra cuando ocurrió la tragedia de Cromagnon- y participó activamente en la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH).

Sin embargo, casi sin pretenderlo, Strassera entraba en una nueva etapa de su vida. En 2004, el presidente Néstor Kirchner pidió perdón a los ciudadanos, "en nombre del Estado argentino, por la vergüenza de haber callado durante 20 años de democracia tantas atrocidades".

Esa alusión, que desestimaba todo lo actuado en el campo de los derechos humanos tras la recuperación de la democracia, desató una tormenta de respuestas, y Strassera, indignado, le respondió al Presidente. Al igual que la UCR, el ex presidente Raúl Alfonsín y León Arslanian, uno de los camaristas que había condenado a las juntas, reivindicó aquel juicio sin precedente que habían protagonizado en 1985.

Strassera atribuyó aquel exabrupto presidencial al "calor de un discurso de barricada", y dijo: "Me parece de una injusticia notoria, porque si algo se hizo, si algo marcó un inicio, fue el Juicio a las Juntas Militares. Entonces eso no es hacer silencio".

Kirchner se disculpó con una llamada telefónica; nunca en forma pública. Y, para Strassera, eso fue imperdonable. En 2008, el ex fiscal reclamó que los juicios de derechos humanos abiertos a partir de 2005 avanzaron más rápidamente y, cuando la Presidenta cuestionó su desempeño durante la dictadura, él la acusó de querer adueñarse" de aquella "bandera" y de haberse dedicado durante el último gobierno militar a "hacer plata".

"Vivimos en un gobierno de ladrones", "el Código Procesal Penal garantizará la impunidad", "en lugar de fiscales, nombrarán alcahuetes", "el Congreso es una manga de serviles, levantan mansamente la mano y dicen disparates" y "aplaudo lo que dijo Mauricio Macri de que hay un curro con los derechos humanos", fueron frases de un hombre que se sentía herido.

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