Jesús Rodríguez: "Hay que defender ese texto de la contrarreforma"

El dirigente radical destaca el aporte de Alfonsín y critica al kirchnerismo
Jaime Rosemberg
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22 de agosto de 2014  

En el cuarto piso del Comité Nacional, Jesús Rodríguez recuerda con cariño a Raúl Alfonsín, ilustre ocupante de las mismas y viejas oficinas en las que hoy sigue trabajando la conducción del radicalismo. "Me acuerdo que Raúl se quedó a vivir en un hotel de Santa Fe los tres meses que duró la Convención Constituyente. Era un obsesivo del laburo y ese tema lo obsesionaba más todavía", rememora el ex diputado y ex ministro de Economía, hoy secretario del partido y uno de los operadores principales de Alfonsín en aquellas memorables jornadas de hace dos décadas, en las que se modificaron aspectos sustanciales de la Carta Magna. Dispuesto a defender lo hecho, Rodríguez dijo a LA NACION que la norma fue "la Constitución de todos" y que el núcleo de coincidencias básicas acordado con el PJ "es un avance fenomenal".

-Se asocia la Convención Constituyente con el Pacto de Olivos y la re-reelección de Menem. ¿La historia ha sido injusta?

-Decididamente sí. Esa convención fue la primera en la que no hubo "unos contra otros". Fue la primera, también, en la que no hubo una fracción que derrotó a otra y le impuso una postura. Así fue en 1949, cuando los peronistas hicieron una Constitución a su medida. En 1957 fueron los no peronistas los que impusieron su postura. Ésta representó a todos, fue votada por unanimidad, el texto lo votaron todos. Y estaban peronistas, radicales, comunistas, socialistas, obispos, golpistas como Aldo Rico, conservadores. Creo que es lo más destacable de todo.

-Hubo muchas discusiones, incluso el entonces senador De la Rúa se opuso a la reforma?

-El radicalismo participó, llevó a sus candidatos, votó que algún dirigente no haya participado es un detalle.

-¿Por qué quedaron en la memoria el Pacto de Olivos y la reelección?

-Porque lamentablemente en la Argentina son más importantes las fotos y los colores que los contenidos y las ideas. Eso es hoy dramáticamente así, y lo era veinte años atrás. Hay que recordar que el proyecto de Durañona y Vedia, que no se aprobó, quería establecer la necesidad de la reforma con dos tercios de los senadores y diputados presentes. (Carlos) Menem quería sacar la reforma y la reelección, y el núcleo de coincidencias básicas acordado con el PJ logró atenuar el presidencialismo, mejorar los organismos de control y ampliar derechos. El Frepaso y [Elisa] Carrió cuestionaron ese núcleo de ideas, que para mí evitó muchos males mayores.

-¿Si tuviera que mencionar cosas que mejoraron después de la reforma, cuáles serían?

-Dos de las cláusulas se votaron por unanimidad: la de defensa de la democracia y el reconocimiento de la identidad étnica y cultural de los pueblos indígenas. Ésta es la constitución de los derechos humanos; de la ampliación de los derechos y garantías del ciudadano; de la ampliación de los mecanismos de la participación política a través de la democracia semidirecta. El haber otorgado rango constitucional a los tratados internacionales, creo que esto solo valió la reforma. Es importantísimo porque vivimos en la Argentina, donde lamentablemente pasamos por el terrorismo de Estado y, también, hubo violencia guerrillera. Que se reconozca como decisivo y central la convivencia democrática y los derechos humanos fue un paso adelante fenomenal.

-Algunos críticos recalcan la inclusión del tercer senador como un logro de Alfonsín que benefició a la UCR?

-Eso es una tontería?; estamos hablando de cosas fundamentales, como la elección directa del jefe de gobierno porteño, y la imposición de mayorías especiales para elegir integrantes de la Corte (antes el Presidente mandaba el pliego y el Senado aprobaba con mayoría simple).

-¿Faltó algo?

-Podría mencionar alguna cosa, pero no me parece relevante. Es la Constitución de todos. A lo mejor, el sistema presidencial elegido -dos períodos consecutivos de cuatro años- no es el que más me gusta, pero es el que elegimos todos. Es la Constitución que tenemos, hay que defender ese texto.

-¿A qué se refiere?

-En los últimos tiempos hubo un claro intento de contrarreforma constitucional. Desbalancear la composición del Consejo de la Magistratura para darle preeminencia al Poder Ejecutivo, es un ejemplo.

-¿Le agradan las apelaciones a la democracia participativa?

-Definitivamente no. Algunos constitucionalistas quieren reformar la Constitución para investigar la deuda, otros creen que veinte años es mucho tiempo y que hay que darles lugar a las nuevas generaciones. No estoy de acuerdo con nada de eso.

-Una deuda pendiente es la nueva ley de coparticipación federal. ¿Es tan difícil modificarla?

-El Gobierno descree? El punto nodal de la reforma fue el federalismo de concertación, en el Gobierno hoy hay centralismo fiscal.

-El ballottage nunca se utilizó?

-Uno de los grandes activos de la reforma. Será aplicado ahora por primera vez, y le va a dar legitimidad al próximo presidente.

-¿Es una Constitución para el país posible, el ideal o el que tenemos?

-Es una mezcla de los tres países posibles. Es la norma para el país que necesitamos, porque hoy no se cumple; es la que pudimos hacer, y es la sociedad deseada, ansiada.

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