Kirchner apuesta a derrumbar el mito del presidente débil

Refuerza su autoridad y su estilo propio
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29 de mayo de 2003  

Desde el momento en que se instaló en la Casa Rosada, Néstor Kirchner edifica un estilo particular de gobernar que apunta a reforzar su autoridad y a enterrar las sospechas -instaladas por sus rivales electorales- de que sería un presidente débil.

La primera medida trascendente de su gestión lleva la impronta de esa estrategia. Con la única firma del Presidente, el decreto que dispuso la renovación de la cúpula militar se publicó antes de lo esperado y cortó cualquier tipo de negociación con las anteriores autoridades castrenses.

Kirchner había tomado la decisión bastante antes, pero sólo se conoció en la noche del martes, tras su llegada de Entre Ríos. Ni siquiera el ministro de Defensa, José Pampuro, sabía con certeza que el reemplazo fuera a ocurrir tan pronto.

Su visita relámpago a Paraná inauguró, al mismo tiempo, otro aspecto de ese estilo personal. Viajó a la capital entrerriana una vez que el ministro de Educación, Daniel Filmus, le avisó desde allí que estaban dadas las condiciones para solucionar el conflicto docente que impedía el inicio del ciclo lectivo en la provincia.

Usó un Lear Jet de la Fuerza Aérea -no quiere volar en los aviones grandes de Presidencia- y apareció ante las cámaras de televisión como el gestor del acuerdo con los gremios docentes, al prometer el envío de 80 millones de pesos para pagar salarios.

Ayer volvió a viajar: fue a Formosa y prometió impulsar un fondo de reparación histórica, largamente reclamado por el gobierno local que, además, enfrenta el domingo una crucial elección de constituyentes.

Habrá que acostumbrarse a que el Presidente se mueva por el país para enfrentar in situ las situaciones traumáticas, explican sus asesores. Quiere dejar claro que es un hombre de acción, con una visión federal.

Anoche se especulaba con que podría sumarse a los integrantes del gabinete social que pasarán mañana por Santa Fe para colaborar con la ayuda social para los damnificados por la trágica inundación de hace un mes.

Todos sus movimientos encierran gestos de una personalidad poco común. Ayer fue a Aeroparque en su coche particular, sin custodia, y voló a Formosa sin los edecanes. La agenda, en gran medida, se arma sobre la marcha, reconocen sus asesores.

Viejas críticas

Los enemigos electorales de Kirchner, en especial Carlos Menem, construyeron durante la campaña el mito de que el ex gobernador santacruceño sería un presidente débil y limitado para actuar. Lo comparaban con Fernando de la Rúa.

Kirchner no esperó a asumir para empezar a demostrar que no dejaría convertir en realidad esa teoría.

La forma en que conformó el gabinete marcó una primera señal. Se recluyó en Santa Cruz, desconectó las vías de comunicación e impidió que se filtrase antes del tiempo que él se fijó cualquier dato sobre las designaciones. "Nadie me va a condicionar", enfatizó en ese momento.

No sólo se rodeó de una amplia mayoría de hombres y mujeres de máxima confianza, sino que a partir de su asunción impuso un hermetismo poco habitual en el manejo de la información hacia adentro y hacia afuera del Gobierno.

"Los hechos van a ir demostrando la acción, nuestra manera de llevar la acción de gobierno no va a ser realizar anuncios, ni decir por ejemplo que se están analizando las soluciones a determinado tema", señaló ayer el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, en un intento por explicar el nuevo estilo en el poder.

Parrilli es amigo personal de Kirchner y uno de los hombres que más horas pasó con él esta semana. Aun así, tuvo que esperar -al igual que los ministros- a que el Presidente aprobara en persona hasta el último nombre de los asesores que lo acompañarán en la secretaría.

Las segundas líneas del Gobierno se fueron completando poco a poco, en reuniones entre Kirchner y cada uno de los ministros.

El Presidente tuvo especial injerencia en la designación de hombres de confianza en puestos que considera clave. Por ejemplo, ubicó a Eduardo Arnold -ex vicegobernador de Santa Cruz- en la Secretaría de Relación con las Provincias (dependiente de Interior) y al abogado Eduardo Luis Duhalde en la Secretaría de Derechos Humanos (que responde a Justicia, de lo que se informa por separado).

Los ministros optaron estos días por limitar sus declaraciones y sus actividades públicas para evitar roces prematuros con el Presidente.

Por el momento, se supone que las tradicionales reuniones semanales de gabinete serán raras excepciones. Kirchner prefiere coordinar con cada ministro el trabajo puntual de la cartera en cuestión.

Con hechos concretos, señales de autoridad y un permanente contacto con la gente, Kirchner cree que conseguirá la "legitimidad de acción" de la que tanto habló en la campaña electoral.

"La sociedad no da más cheques en blanco", suele decir. Supone que su estilo eliminará de una vez las dudas sobre la gobernabilidad generadas por el reducido caudal de votos con el que llegó al Gobierno, debido a la deserción de Carlos Menem del ballottage.

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