Kirchner - Cobos, escala en Duhalde

Por Jorge Asís especial para lanacion.com
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29 de diciembre de 2009  • 01:36

El Grupo de los Afectados del 2009 lo conforman Kirchner, Macri, Scioli, La Elegida (señora Cristina) y la señora Carrió. En ese orden. Políticos del primer nivel que culminan el año con balances relativamente alarmantes. Negativos.

El Grupo de los Favorecidos lo conforman Cobos, Narváez, Duhalde, Reutemann y Solanas. En ese orden. Terminan con horizontes auspiciosos. Positivos.

El lote restante, amontonado sin orden, se encuentra abierto a la inspiración. El avance o el retroceso depende exclusivamente de las iniciativas, de las alianzas eventuales, con exponentes de los Afectados o los Favorecidos. Abarca desde Binner (en cualquier momento otro Favorecido), hasta Solá. Desde los casi Afectados Rodríguez Saa (Alberto) o Das Neves hasta Morales, Puerta, Romero, la señora Michetti (tironeada entre Macri y Narváez), la señora Stolbizer (atraída por Cobos y desairada por Carrió), el muy observado Urtubey, Sanz, el promisorio poeta Alberto Fernández.

Kirchner: Resulta admirable su entrega hacia la lucha, pero también la extraordinaria capacidad para la negación. Aún Kirchner no se resigna. Supone que la reconciliación con la sociedad es una aventura posible. El aislamiento político es cada día más patético, como la concentración del poder, a través de los resortes fundamentales. La combinación de la soledad política con el poder absoluto le garantiza el despreciable epílogo del quiebre al que arrastra, irresponsablemente, a La Elegida, que no puede siquiera aspirar al mero amague de continuidad. Hoy Kirchner se aferra al apoyo -a plazo relativo- de Moyano. El obrerismo del transporte le resulta insuficiente. El poder paulatinamente se le diluye, para pulverizarse con el próximo distanciamiento de los minigobernadores del conurbano bonaerense. Los sobrevivientes saben que, para conservar los feudos, ya no pueden cargar, otra vez, con el tendal de Kirchner.

Macri: Macri desciende a los porrazos a medida que asciende Narváez. Relación para estudiar, con mayor rigor, desde la psicología. Es el soporte, en la Argentina, del análisis político. En Macri persisten infinidad de explicaciones para justificar la decepción que provoca. Contra Macri se concentró la furia menos civilizada del kirchnerismo. Provocó hasta entendimientos inesperados entre la vieja Side (hoy la SI) con la Policía Federal, en una encerrona entre los pudores y prejuicios lícitos del catolicismo y el deseo de masacrarlo de los progresistas.

El alcalde carismático -Macri- no logra trasladar el positivismo que aún transmite la imagen hacia la cotidianeidad de la gestión que oralmente celebra.

La cadena de equivocaciones seriales le despojaron a Macri de gran parte del contenido que supuestamente disponía. Pero puede recomponerse. Para mantener, al menos, el invalorable territorio. Debiera estudiar, acaso, la manera de aproximarse a Duhalde aunque ambos se soporten tan solo a la distancia. Hoy no se atreven a compartir siquiera una fotografía.

Scioli: La abreviación de Scioli -el Líder de la Línea Aire y Sol- impresiona. Contiene el sentido patológico de la lealtad. Se asemeja, en realidad, a la impotencia. La adhesión incondicional hacia Kirchner profundiza el desmoronamiento de sus estanterías. Del edificio voluntarista levantado con paredes "de fe, de esperanzas", y el deseo expreso de "ir siempre para adelante". Hasta el foso.

Scioli lo siguió a Kirchner hasta en la exaltación del error. La catástrofe, en política, siempre se paga. Hoy Scioli se sorprende: al Líder de la Línea Aire y Sol le entran las balas. Mientras tanto, se mantiene atado al tronco de la suerte (o la desgracia) de Kirchner. Y a cambio, como los minigobernadores, paga los sueldos.

Curiosamente Kirchner culpa a Scioli de la derrota provincial del 28 de junio, aunque sea personal e intransferible. "Con esperanzas y fe", Scioli sigue, aferrado desesperadamente a la ingratitud.

Carrió: La señora Carrió emerge como la gran afectada del antikirchnerismo, entendido como el comportamiento político que Carrió justamente inició cuando maltratar a Kirchner no se había convertido en el deporte de moda. A los efectos de valorar a Carrió es necesario consignar que hoy cualquiera se le atreve a Kirchner. Hasta aquellos alterables cómplices que lo hicieron -a Kirchner- artificialmente fuerte.

Carrió no pudo superar, y menos soportar, el ascenso irresistible de Cobos. Como si el vicepresidente de La Elegida le usurpara, de pronto, el lugar, el sitial de "figura más potente de la oposición" por el que abnegadamente trabajó en cuantiosos espectáculos televisivos del cable.

Hoy Carrió representa la certeza de ser uno de los ramales que se le va a caer, invariablemente, al árbol de Cobos. La conjunción radical-socialista que se aproxima a los cargos. El Acuerdo que enfrenta, en 2010, la amenaza de la desarticulación.

Cobos: De ser las elecciones hoy, Cobos ya tiene asegurada la banda presidencial.

Y Duhalde emerge con la bonhomía amplia del opositor preferido. Enarbola la fábula de la "unidad patriótica". Se dispone a construir el sublime bolero de La Moncloa.

Mientras reconstruye el peronismo (para la derrota), como obsesivo ajedrecista que es, Duhalde sabe que a Cobos perfectamente se le puede ganar. Sólo no hay que decirlo.

El viaje planificado es De Kirchner a Cobos. Pero con escala en Duhalde.

Por lo tanto, hay que preparar engañosamente al peronismo para ser oposición. Aunque es factible que deba ser gobierno otra vez. El peronismo, en su eterna esquizofrenia.

La batalla final entre Cobos y Duhalde es ansiada por aquello que se conoce, aún, como el "establecimiento". Las "fuerzas vivas" ganan con cualquiera de los dos. Con el destino (Cobos), o con la escala (Duhalde). Lo importante es dejar fuera de juego al puerto de partida. Kirchner.

Al árbol del hoy imbatible Cobos se le va a caer, acaso, otra rama. No es sólo Carrió. Podrá desprenderse también la rama socialista de Binner.

En todo caso va a costarle a Cobos mantener la fortaleza de su imagen, y trasladarla, mecánicamente, a las urnas.

Al kirchnerismo le queda apenas la estratégica capacidad de daño.

Narváez: Por ahora, Narváez se regocija, según nuestras fuentes, con la paulatina desazón de Macri, que lo estimula. Temática para lacanianos.

Si la obstrucción para el ascenso de Narváez es sólo judicial, resulta -de por sí-- favorecido.

Al competir por la presidencia, en la interna enloquecida del peronismo, contra Kirchner y Duhalde, Narváez podrá mezclarlos. A ambos. Y hacer un gran paquete con la argamasa de "lo viejo". Para consolidar la diferencia con Narváez. Lo novedoso.

Según sus palabras, Duhalde le ofrece valientemente "la cola a la jeringa". Tendrá Duhalde que esmerarse para que la jeringa no caiga, otra vez, en poder justamente de Kirchner. Como en el 2003.

O que la jeringa no sea, inesperadamente, propiedad de Narváez.

Los jeringazos electorales siempre duelen.

Reutemann: Se las ingenia Reutemann para persistir en estado latente de perspectiva.

Sólo con la administración de las vacilaciones le basta a Reutemann para formar parte del Grupo de los Favorecidos.

Santa Fe es la única provincia que puede alterar la placidez de los esquemas. Entonces emerge Reutemann como la penúltima esperanza de los especulativos dirigentes peronistas. Y de tantos seres normales que pagan impuestos. Independientes que se resisten a continuar como rehenes de la dinámica de confrontación entre Kirchner y Duhalde centrada en el conflicto de la provincia inviable, Buenos Aires, que arrastra en el retroceso a la nación. Si verdaderamente Reutemann se lanza en marzo, como nos asegura el diputado Germano, dos competidores para la psicología van a moderar las ambiciones. Mauricio y Francisco. Macri y Narváez. Los exitosos cincuentones, atractivos y atildados, que componen un dúo superador de aquel histórico de de Jack Lemmon y Walther Matthau.

Solanas: Por último, el septuagenario dirigente juvenil. Fernando Solanas despunta, a este paso, como el sucesor más aventajado de Macri, en el artificio autónomo de la Capital. Ante las imágenes congeladas de teleteatro de la señora Michetti, que aún no encuentra su lugar, y de Rodríguez Larreta, el atajador más indefenso de los penales que entran. Pero también del sobrepasado Telerman, hoy sorprendido por un nuevo competidor que de ningún modo es Ibarra sino Lavagna. Integrante del banco de suplentes que fuera extorsivamente seducido (por Kirchner). Y abandonado (por ídem).

Entre tantas ensoñaciones, la Buenos Aires autónoma merece ser gobernada por Solanas. Con la euforia de la estudiantina, románticamente tardía.

El autor escribe sus reflexiones en www.jorgeasisdigital.com

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